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La boutade de Sade no demuestra que Dios no existe

El laicismo ilustrado

Lo único que hace es justificar las palabras de Jesucristo

Antonio Gil-Terrón Puchades 28 Ene 2024 - 07:16 CET
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«Perversión sexual de quien provoca su propia excitación cometiendo actos de crueldad en otra persona. Crueldad refinada, con placer de quien la ejecuta».

Esta es la definición que da el Diccionario de la Lengua Española a la palabra “SADISMO”.

Pues bien, Donatien Alphonse François, más conocido como el Marqués de Sade, en su libro “JUSTINE O LOS INFORTUNIOS DE LA VIRTUD”, escribió sin el mínimo rubor:

«Pienso que si existiera un Dios, habría menos maldad en esta tierra. Creo que si el mal existe aquí abajo, entonces fue deseado así por Dios o está fuera de sus poderes evitarlo. Ahora, no puedo temer a un Dios que es o malicioso o débil. Lo reto sin miedo y me preocupan un comino sus rayos».

Este noble descarado, cruel, indolente, ocioso y caprichoso, cuya obra constituye una auténtica apología del crimen y la crueldad gratuita, sin más objeto que la obtención de un malsano placer por parte del torturador; este noble cuya obra literaria creó escuela y su nombre ha dado pie a una siniestra palabra que figura todos los diccionarios del mundo como  “SADISMO”; este ser indeseable y amoral, osó moralizar sobre Dios.

La boutade de Sade no demuestra que Dios no existe; lo único que hace es justificar las palabras de Jesucristo, recogidas en el Evangelio de San Juan, en las que dice que Satanás es el Príncipe del Mundo; un mundo poblado por seres humanos, dotados por Dios con el don del libre albedrío; la libertad para elegir libremente entre obrar el bien o rebozarse en el mal; un mundo en el que el mal, la injusticia, y el dolor que estos generan, es el pan nuestro de cada día.

La no intervención divina, directa, para erradicar el mal del Mundo sucede por la simple  razón de que Dios no puede caer en el absurdo de ir contra sus propias premisas: por un lado crear al hombre dotándolo de libre albedrío, para acto seguido quitarle la opción de obrar el mal.

La maldad existente en el Mundo, en la que incluyó la nauseabunda obra de Sade, lejos de probar que  Dios no  existe, lo único que consigue es demostrar que existe Satanás y que, como dijo Jesucristo, es el Príncipe del Mundo; o por lo menos lo será hasta que los hombres y mujeres de buena voluntad, soldados de Dios,  consigan finalmente derrotarlo, en los hogares; en las calles; en el Mundo; en la vida.

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