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“GLIMPSES OF THE GREAT”

El nuevo credo ateo, o la no existencia de Dios por ´dogma de fe´ (ateo)

El nombre de Albert Einstein ha sido utilizado por grupos del ateísmo militante

Antonio Gil-Terrón Puchades 10 Abr 2024 - 07:33 CET
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Cuando veo imágenes como la de la foto que ilustra estas líneas que hoy escribo, me quedo anonadado ante el dogmatismo  que esgrime el autor de la ´científica, argumentada,  y conciliadora´ frase, pintarrajeada en los muros de una iglesia católica.

Igual es que los ateos ya han redactado su ´no credo´, y dicha frase forma parte de él; ¡vaya usted a saber!

Bueno, pasemos a otras disquisiciones que, aunque no tengan el nivel  intelectual de la susodicha frase, igual sirven para iluminarnos un poco en estas lides escatológicas (en el sentido teologal de la palabra).

El nombre de Albert Einstein ha sido utilizado por grupos del ateísmo militante, en más ocasiones de lo culturalmente soportable, como esparadrapo a la hora de intentar tapar la boca a aquellos creyentes que no se esconden, ni se avergüenzan  de serlo.

Y es que eso de publicitar que Albert Einstein era ateo, viste mucho y da caché a los sin Dios. El problema es que Einstein era demasiado inteligente como para ser ateo. Veamos.

En 1930, el escritor George Sylvester Viereck pública en Nueva York su libro “GLIMPSES OF THE GREAT” [“La visión de los grandes”], en el que recoge la visión particular de personajes tales como Bernardo Shaw, Sigmundo Freud, el Kaiser Guillermo II, Mussolini, Hindenburg,  Marshal Foch, Wilhelm Marx, Ramany MacDonald, el gran Duque Alexander de Rusia, Henri Barbusse, Steinsch Albert von Schrenck-Notzing, Israel Zangwill, Gerhart Hauptmann, Arthur Schultuier, Henry Ford, o Albert Einstein.

Pues bien, en las páginas 372-373 del mencionado libro podemos leer como a la  pregunta directa de si él era ateo, Albert Einstein contestó: «No soy ateo y tampoco pienso que se pueda decir que soy panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. ¿Puedo responder con una parábola? La mente humana, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el Universo. Estamos en la posición de un niño pequeño, entrando en una enorme biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en muchos idiomas diferentes. El niño sabe que alguien debió haber escrito esos libros. No sé quién ni cómo. No entiende los idiomas en los que están escritos. El niño observa un plan definido en la organización de los libros, una orden misteriosa, el cuál no se comprende una orden misteriosa, que no entiende, pero sólo sospechosa vagamente. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso de la más grande y la más culta, hacia Dios. Vemos un universo maravillosamente organizado, obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos las leyes vagamente. Nuestras mentes limitadas no pueden captar la fuerza misteriosa que balancea las constelaciones».

Con un razonamiento propio de su bien amueblada mente, Einstein da su visión particular del Dios en el que cree, pero solo después de haber dejado bien claro que él no es ateo, ni por asomo.

Esta visión de Albert Einstein sobre el Dios en el que creía, viene recogida – así mismo – por el periodista y escritor Walter Isaacson, en su libro “EINSTEIN: HIS LIFE AND UNIVERSE”, publicado en español por Editorial Debate, en 2008.

Walter Isaacson, además de la biografía de Albert Einstein, ha sido el autor también de las de Henry Kissinger, Benjamin Franklin, y Steve Jobs. En 2012 fue seleccionado para integrar la lista “Time 100”, que alista, anualmente, a las cien personas más influyentes del mundo.

Walter Isaacson, en su libro, describe con precisión la evolución del pensamiento filosófico, religioso y político de Einstein. Del positivismo de su juventud, Einstein evoluciona hacia un realismo que tanto él como el biógrafo parecen identificar con determinismo, sin que haya una razón para ello. Los padres de Einstein eran judíos secularizados. Durante su etapa universitaria se limitó a mantener una religiosidad natural que afloraría con fuerza en su madurez. Entonces no tendría reparo en describirse como una persona muy religiosa, creyente en un Dios creador de un universo ordenado e inteligible.

POSTDATA: El ateo que ha ensuciado la pared de una iglesia católica, con la ramplona frase que aparece  en la imagen de este post, no ha afrentado a los creyentes como presuntamente pretendía – porque no ofende quien quiere, sino quien puede – sino la imagen de los ateos en general, y eso, francamente, tampoco es justo, porque de ateos los hay malos y peores, pero también los hay que son buena gente.

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