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La sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (RACMYP) ha sido anfitriona de un Seminario Inter-Académico titulado Desafíos de la nueva Europa: Economía y Gobernanza, organizado conjuntamente por la Accademia Nazionale dei Lincei (ANL) y la RACMYP, con ponencias de miembros de una y otras institución, copresidido por Benigno Pendas, presidente de la RACMYP y Alberto Quadrio Curzio, presidente emérito de la ANL, y clausurado por el embajador de España ante Italia, Miguel Ángel Fernández Palacios.
A veces para conocer cuál es el futuro de algo conviene fijarse en quiénes son sus enemigos. Y los enemigos de la UE son muchos y variados: desde los físicos de determinados países, como Rusia y en menor medida China, hasta morales y políticos, pasando por económicos y tecnológicos y llegando a la carencia de líderes, ideales e ideas fuerza que motiven y anclen a sus ciudadanos, principalmente a los jóvenes, en los valores de la UE: Democracia liberal, Igualdad, Estado de Derecho y Dignidad humana (Derechos Humanos).
Se aventuró que en la próxima legislatura (2024-2029), tras las elecciones del 6 y 9 de junio, la UE renunciará a la reforma de los Tratados, por engorrosa, lenta e incierta, y optará por reformas de Derecho derivado, así como a una UE de dos velocidades para salvar el problema de la unanimidad y a una capacidad fiscal propia que empiece a cambiar su arquitectura jurídica. Siguiendo la estela que marcó Josep Borrell Fontelles en 2022, a raíz de la invasión de Ucrania por Rusia, cuando citó las tres carencias de la UE, se habló largamente de la reindustrialización de Europa, abandonada y ahora en manos de China; la autonomía energética, atornillada a Rusia, y la defensa común, subrogada a Estados Unidos a través de la OTAN.
Nada se dijo, sin embargo, de la baja natalidad y de la inmigración ilegal, la que citó en 1974 el presidente de Argelia Houari Bumedian, en la Asamblea de Naciones Unidas, cuando pronosticó:
“Un día millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán como amigos, pues irrumpirán para conquistarlo. Lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria”.
Cincuenta años después estas palabras están más cerca de imponer en Occidente el imperio de la ley islámica. Imposición que se puede hacer con violencia, mediante la yihad, o pacíficamente, a través de las migraciones masivas y la pérdida de la unidad cristiana de Europa. Algunos piensan que éste último procedimiento es el modo más eficaz y menos traumático, y pasa por infiltrarse en las instituciones de todos los países hasta que sea capaz de imponerse y dominar a sus habitantes de otras religiones o sin religión alguna por el avance de la secularización europea. Allanarán el camino la natalidad de sus mujeres y el férreo control del imam local sobre la población que tiene a su cargo en cualquier parte del mundo.
La pregunta al vaticinio argelino es simple: ¿Ganará Bumedian? ¿Hay que poner coto a la inmigración ilegal que asola la UE y es origen del aumento de las extremas derechas e izquierdas, el principio del fin del legado de Grecia y de Roma, y de nuestra raíz judeocristiana y, en consecuencia, de la destrucción de la cultura común que defendieron los padres fundadores: Jean Monnet, Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Konrad Adenauer y Paul-Henri Spaak, y ahora Raymond Aron, después de hacerlo en España Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Luis Díez del Corral y Antonio Truyol.
El tema, espinoso, complejo y politizado hasta extremos suicidas, no fue objeto de debate entre los académicos, quizás presos de lo políticamente correcto y olvidando su condición de intelectuales libres.
Ahora que está de moda pedir perdón por los daños causados por el imperialismo occidental, nadie reclama –ha señalado el periodista y ensayista italiano Federico Rampini en el suplemento Cultural de ABC- que también lo pidan los responsables de los imperios árabe y otomano. “Si hoy día (el islamismo) es una religión mundial se debe al uso de las armas y a la conquista colonial”, subraya Rampini, quien añade que los cursos de Historia en muchas universidades denuncian los males del colonialismo occidental, pero todos los demás, no.
JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL
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