Más información
Ante cualquier situación y más aún en el ámbito de la política, lo primero ha de ser siempre mirar de reojillo al adversario; si somos capaces de adivinar sus intenciones, mucho será el terreno que habremos ganado; si oteamos sus temores o sus maniobras, más fácilmente podremos dar con la mejor táctica a nuestro alcance. Pues procedamos.
Pedro Sánchez lleva meses amenazando a los Medios de Comunicación no controlados por el Movimiento.
Hemos de ser capaces de deducir qué puede haber detrás de tan avieso propósito.
No ayudará mucho empezar por descubrir lo que no teme. Esos Medios no paran de denunciar sus tropelías, amén de emitir a diario una cascada de críticas, a cuál más feroz y a cuál más justificada.
Su actividad, casi al completo, está, como digo, centrada en denuncias y en críticas.
Pues bien, todo eso, a Sánchez le trae al fresco.
La práctica demuestra que la leal oposición, ésta de verdad, que a diario practican los Medios libres, no ha logrado producirle sino algún leve arañazo.
Es lógico: la audiencia de todos ellos está compuesta, casi en su totalidad, por personas que están hartas de Sánchez y de sus manejos. Lo único que consiguen esos Medios es que sus seguidores estén todavía más hartos. O sea, nada.
Volvamos al principio; es evidente que el de La Moncloa teme algo. No parece muy difícil adivinarlo.
Lo que más le fastidiaría es que ampliaran su audiencia; que empezaran a seguirles personas habitualmente en la abstención, votantes propios algo tibios, también seguidores del PP no muy contentos con la actuación de este Partido…
Y peor todavía: que alguno de esos Medios comenzara una atractiva campaña, no ya denunciando males, sino proponiendo remedios.
¡Ahí le dolería! Mientras se limiten a proclamar lo malísimo que es Sánchez, no correrá peligro su trono; pero como sean capaces de lanzar a las ondas un plan suficientemente atractivo como para dar la vuelta a la tortilla, créanme, empezarán a temblarle las piernas.
Lo peor de todo-para él-es que ambas maniobras se complementarían: ese ofrecer proyectos de mejora que pudieran calar en buena parte de la población, haría crecer, sin duda, las audiencias de los Medios en cuestión.
Dos son los objetivos a estudiar para tener aceptables probabilidades de éxito: ¿qué plan podría ser el mejor? Y ¿cómo conseguiremos convertirlo en atractivo?
El primero está claro: nuestro actual sistema político es tan desastroso, que sólo podremos salir del pozo actual, propiciando algo rotundo, radical: nada menos que una nueva Constitución.
La propia discusión acerca de cómo debería ser esa nueva Constitución, ya sería atractiva por sí misma; a la gente, a mucha gente, le encanta el cambio y, como quiera que se les haría ver, cosa nada difícil, las ventajas que obtendrían en la nueva situación, el gancho sería poco menos que irresistible.
Vamos ahora con el “cómo”. De nuevo, desechemos lo que no sirve: el diario desfilar de sesudos varones, personas cultísimas e informadas, lanzando venablos contra Sánchez y los suyos, repito, no está consiguiendo el menor efecto práctico.
Sólo el debate puede animar el cotarro: enfrentemos a personas encantadas con el Sistema con otras que denuncien sus imperfecciones. Que se tiren los trastos a la cabeza bien tirados.
Muchos ciudadanos, muchos, que antes no prestaban la menor atención a esos Medios porque eran el enemigo y en ellos sólo salían fascistas soltando ultraderecheces por los cuatro costados, ahora, cuando aparezcan en ellos muchos de los suyos, personajes famosos en no pocos casos, no cabe duda de que las audiencias de los Medios que entren en el juego, no tendrán más remedio que subir. ¿Cuánto? Eso dependerá de lo mejor o peor que sean capaces de hacer las cosas cada uno de ellos.
Todo es empezar; en cuanto el más audaz dé el pistoletazo de salida, los demás no tendrán más remedio que apuntarse a la maniobra o se quedarán de inmediato fuera de juego.
Ese, exactamente ese, el primero en lanzarse al ruedo, será el más beneficiado de la nueva situación.
Aunque no se consigan avances sustantivos hacia el cambio de Constitución, al llegar ahora a más gente, las actuales críticas y denuncias empezarían a lograr algún efecto práctico.
Aunque, los que más provecho obtendremos de todo esto, seremos los ciudadanos a partir del momento en que se nos muestre ¡por fin! un atractivo rayo de luz. El primero en muchas décadas.
Luis XIII… y medio
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home