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Si la inmigración no es una amenaza tan grave en España es porque su composición demográfica se nutre de paises que comparten la misma cultura. La inmigración musulmana representa, en cambio, una grave amenaza porque es causa de la destrucción de un modelo social y cultural. Un 5% de los 48.797.875 habitantes, 2,44 millones son musulmanes según el estudio demográfico de la población musulmana. Los datos son elocuentes. La cifra es tanto mas significativa porque no incluye el progresivo aumento de conversos. Los guetos en que habitan, el secretismo y opacidad de las organizaciones en que una parte significativa de su población milita, la generosa financiación de organizaciones europeas de la Hermandad Musulmana adscritas a la FIOE, como la ONG qatarí con fuertes lazos con la Hermandad y su programa proselitista Ghaith, junto con la penetración económica, en los medios como en El Pais del jeque Tamim bin Hamad Al Thani, y en el tejido económico, representan una capacidad formidable para doblegar voluntades que se reflejan en la miserable politica de Sanchez de acoger a este sátrapa polígamo, y amparar la barbarie yihadista, la milicia criminal de Hezbollah y Hamás y la aceptación de un estado palestino, que nunca existió, como si hubiera sido invadido por una potencia extranjera. Mientras tanto Sanchez compra reconocimiento de una ONG feminista con recursos publicos.
Sanchez ampara y protege una sofisticada red yihadista edificada sobre firmes lazos personales, ideológicos y financieros para la consecución de objetivos compartidos, acabar con Israel primero y destruir después la civilización occidental comenzando por Al-Ándalus, el mito recurrente del islam perfecto. España ha permanecido al margen del debate europeo que discute el papel del islamismo en la sociedad, la regresión al pasado que socava gravemente la cohesión social.
Bajo el paraguas de la Liga Islámica para el Diálogo y la Convivencia en España (LIDCOE), adscrita al Consejo de los Musulmanes Europeos (FIOE) y el Centro Cultural Islámico Valenciano constituyen, un ejemplo formidable de su implantación con importantes conexiones internacionales ideológicas y financieras. La transición de un modelo participativo de la Hermandad Musulmana a la violencia experimentada está bien representada por varios grupos formados principalmente por individuos de origen sirio, como Abu Dahdah. Como viene poniéndose de manifiesto singularmente en la Guerra de Gaza y en la sublevación del ahora extinto Hasan Nasralá. La importancia de la red de Abu Dahdah puede medirse, atendiendo a los lazos que unían a algunos de sus miembros con la célula de Hamburgo, responsable del 11-S, y al papel que desempeñaron algunos de sus integrantes en los fatídicos atentados del 11-M en Madrid.
La mayoría de musulmanes son analfabetos; constituyen la carne del yihadismo que penetra las redes mafiosas del tráfico de estupefacientes y que se ampara en leyes benignas y en la doctrina totalitaria de la multiculturalidad. Pese a la incorporación de sus hijos a la escuela, el fracaso escolar es pavoroso e innegable. Existen barrios enteros en Barcelona donde lo único que se habla es árabe. El independentismo nacionalista ha incorporado a los musulmanes a la doctrina secesionista buscando un vuelco en las urnas que no conseguiría con los nacionales. Son muchos los votos que suma el nacionalismo catalán que provienen de las filas de la Yihad, en la creencia de que la secesión garantizará su integración y al mismo tiempo alcanzará su predominio gracias al incremento de su base demográfica. La Alianza Catalana de Silvia Orriols es una anomalía en este contexto. El independentismo nacionalista hoy los acepta; mañana los quemará vivos. Su fracaso escolar deja su formación a la mezquita, el oráculo de la sabiduría musulmana, donde se imparte religión y política, sobre todo política natalista puesta al servicio de fomentar la poligamia y la dependencia femenina. En 2011 se pronosticaba un aumento de población que cinco años despues alcanzó la tasa prevista para 2030. De 189 musulmanas, 100 mujeres son correligionarias, la tasa más alta de Europa.
Las mujeres analfabetas tienen 5 hijos de media frente a 2,3 las que tienen estudios. En Francia y Bélgica los musulmanes se acercan al 10% de la población y los problemas de marginación, terrorismo y protestas callejeras son visibles. España va a sufrir las secuelas de la islamización y la policía no tendrá éxito incluso a pesar de ser mucho más efectiva que las policías europeas. La umma, la comunidad de creyentes del islam, cuenta con todos los que se silencian, con todos los fíeles que no declaran su fe para no ser identificados y con los irregulares que aspirando a emigrar a Europa dejan de estar en tránsito en España. De momento sólo en en seis países europeos la población musulmana aumentará más que en España: Irlanda, Finlandia, Noruega, Suecia, Italia y Reino Unido. Esta es la foto que hizo el Pew Forum del islam en Europa. España fomenta, gracias a la simpleza del análisis del fenómeno migratorio, la religión musulmana, en tanto paradójicamente como país laico lucha para que la religión católica desaparezca del espacio público. España ofrece ventajas a la construcción de mezquitas creyendo que así se favorece la integración de los integristas musulmanes, mientras destruye las bases sociales de su libertad. La fe intangible se hace dogma.
También en la economía se expresa la expansión del integrismo islamista. Los musulmanes niegan las bases del crecimiento económico y social. Sin crecimiento económico no se logra la independencia de religión y Estado que sustenta la fe musulmana. No solo se expresa en la prohibición del consumo de carne de cerdo, el animal económicamente más productivo y de mayor valor añadido para la alimentación humana, o la prohibición del alcohol, con un extraordinario impacto económico. Se expresa en la extorsión, la vejación y el acoso de las mujeres, negando su incorporación a la vida laboral, dejándolas reducidas a su condición doméstica. Las mujeres en su mayoría analfabetas, no tienen mas que un destino porque se las trata como mercancía, el trato que asegura que sólo sirvan para ser madres. No importa que el Corán hable del goce femenino como un medio para promover la fidelidad. El castigo del adulterio hace el resto. Las mujeres no pueden desear y son económicamente impuras: su deseo las haría libres. No existe revolución islámica, ni economía, ni existe una mujer libre, que tapada con velos, chilabas o burkas vive en el ostracismo de sus familias, condenadas a no ser humanas. La cultura talibán es sólo la punta del iceberg.
La economía musulmana es una economía de supervivencia; muy pocos individuos acumulan capital, o poseen bienes de producción. La riqueza musulmana reside en manos de unos cuantos oligarcas que disfrutan de la riqueza del petróleo, que se silencian ante la barbarie mientras financian el terrorismo. El resto está esclavizado, sujetos a la subvención pública, sujetos a las prebendas de las tribus que dominan el poder. Los países árabes son sociedades tribales, ancladas en el siglo XV. Una reducida parte de los que renuncian a practicar la religión y adoptan una cultura laica vive amenazada por sus propias familias, y por un poder islámico constituido, como sucede en Irán o Turquía. Las mezquitas son los verdaderos bancos de las redes que financian la guerra santa porque administran los fondos de sus contribuyentes musulmanes y atesoran la limosna, el tercer precepto fundamental del islam. La economía musulmana no se desarrolla. El objetivo es aplicar universalmente la sharía, como bien representa Ayman Adlbi, presidente de la Comisión Islámica de España y de la Unión de Comunidades Islámicas de España, investigadopor yihadismo por la Audiencia Nacional. Al-lah solo permite la reproducción, su cielo está poblado por el sexo que ofrecen las mujeres a sus mártires, a quienes cumplen sus preceptos, y miran y viajan a la Meca una vez en su vida. El resto no cuenta. La pobreza en la tierra es la condición para alcanzar la eternidad, el sueño totalitario del sanchismo que predica que en el futuro no tendrás nada y será feliz. Sanchez es criptocomunista y criptomusulmán.
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