El pasado 12 de noviembre nuestro Presidente ejerció su capacidad semoviente y se desplazó a la “Cumbre sobre Acción Climática” que se celebraba en Baku (Azerbaiyán). Para ello empleó dos aviones y un helicóptero. El despliegue estaba totalmente justificado ya que la intervención de don Pedro Sánchez Castejón iba a ser apoteósica y determinante para el devenir de Europa. Dio un elocuente discurso de cinco minutazos, no por la importancia de los argumentos sino por el tostón inverosímil que soltó. Creo que pasará a la historia como el discurso más breve dado en el que se han contado más mentiras. Al menos un premio Guinness tendrá para mostrar a sus herederos. El señor Sánchez comenzó soltando la siguiente sentencia:
“El cambio climático mata, sólo el año pasado (2023) mató a más de 300.000 personas y acaba de contribuir a la muerte de más de 220 de mis compatriotas en España. En el mayor desastre natural de nuestra historia».
No existe ningún dato fiable que sostenga la afirmación de que el año pasado murieron 300.000 personas por el cambio climático. Además, ¿a qué se refiere? ¿a desastres naturales? ¿a muertes por contaminación? La afirmación es tan banal como vacía de contenido. Según “Save the Children” los muertos por catástrofes naturales en 2023 fueron alrededor de 12.000 personas. Las muertes por desastres naturales durante lo que llevamos de siglo XXI eran de 45.300 personas en 2021, según “Our World in Data”. Luego señor Presidente, primera mentira y gorda nada más empezar, buen comienzo. Además, dice que la DANA que acaba de ocurrir representa el mayor desastre natural de la historia de España. Sólo la riada del Vallés de 1962 que asoló Sabadell, Rubí y Tarrasa mató a 600 personas, bastante más que ahora, y eso sin investigar mucho.
El Presidente, en su corta disertación, que en realidad no pasó de ser un tosco exordio, se lanzó con el siguiente aforismo:
«Hemos reducido en un 40% nuestras emisiones y consumo de recursos naturales y, al mismo tiempo, hemos sido la economía de la OCDE que más ha crecido y que más empleo ha creado durante estos últimos años».
Segunda flagrante mentira señor Sánchez y que además es fácil de comprobar. España redujo sus emisiones en un 20% entre los años 2000 y 2019; y entre los años 2018 y 2023 un 17,5%, no un 40% como ha dicho usted. O falla mucho en matemáticas o le bailan los números de forma patológica. Le aconsejo que se revise la vista y de paso lea algún resumen anual de datos sobre emisiones atmosféricas que emite el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.
Allá por el siglo XVII el ilustre don Francisco de Quevedo y Villegas escribió un soneto titulado “El valimiento de la mentira”, dedicado a la virtud del embuste, le invito a que lo lea señor Presidente:
Mal oficio es mentir, pero abrigado:
eso tiene de sastre la mentira,
que viste al que la dice; y aun si aspira
a puesto el mentiroso, es bien premiado.
Pues la verdad amarga, tal bocado
mi boca escupa con enojo y ira;
y ayuno el verdadero, que suspira,
invidie mi pellejo bien curado.
Yo trocaré mentiras a dineros
que las mentiras ya quebrantan peñas;
y pidiendo andaré en los mentideros
prestadas las mentiras a las dueñas:
que me las den a censo caballeros,
que me las vendan lamias halagüeñas.
Vaya ingenio el de Quevedo, siempre mezclando la mentira con el dinero, ¡uy! Me suena demasiado actual este tema. ¿Lo ve don Pedro?, siempre ha sido igual, desde el siglo XVII y desde mucho antes, el ansia de poder, la inmoralidad, el dinero, la corrupción forman un convoluto o arrollamiento del que es difícil desenredarse. De usted depende. Y por cierto, aunque llego tarde y me joroba, usted fue a la Cumbre del Clima para fardar de lo bien que lo está haciendo en España y lo mal que lo está haciendo la humanidad por no cuidar del planeta, le persigue la Pachamama quechua… Sepa usted que cuando Jaime I el Conquistador asentó la ciudad de Valencia en el siglo XIII, se empezaron a documentar de forma oficial los sucesos, y en el siguiente siglo, el XIV, aparecen dos grandes riadas en 1321 y 1328 que produjeron grandes destrozos dentro y fuera de las murallas.
Sólo le haré una breve mención a la gran riada, que se catalogó como “la más grande de los últimos mil años”, que ocurrió en 1517. Carlos V acababa de llegar a España para suceder como rey a la regencia provisional del Cardenal Cisneros. No sabemos si es que Dios le castigó por no haberse dado prisa en conocer al Cardenal, o simplemente fue una conjunción arbitraria de la naturaleza, la cuestión es que la riada sobre el Turia y el Júcar fue lo nunca visto hasta entonces. En aquella época no había las posibilidades que tenemos ahora, por eso hágase una idea de la hecatombe que supuso. El suceso quedó en la memoria como “la bestia del día de San Miguel” por haber ocurrido el día 27 de septiembre; dos días antes de la celebración de San Miguel Arcángel.
Por lo tanto, señor Sánchez déjese de victimismo estulto y ramplón que no convence a nadie, por favor dedíquese a gobernar, si lo hace se dará cuenta de que todo podría ir mejor, pero me temo que usted tiene una obsesión que le puede llevar a la patología. Se lo voy a explicar con un ejemplo, para que se de cuenta de que todo ya ha sucedido antes, y precisamente por eso no tendríamos que volver a realizar actos de los que estamos prevenidos. Para ilustrarlo voy a emplear la mitología griega que, a mi juicio, siempre tuvo un carácter ejemplarizante maravilloso. Comenzamos.
Le presento a Procusto, que era un posadero que regentaba una pequeña posada en la región de Ática, y donde prestaba servicio de alojamiento a los viajeros que así lo solicitaban. Procusto tenía una extraña inquietud. Cuando el viajero se acostaba en la cama de hierro que le ofrecía, el posadero lo ataba de pies y manos. Si la víctima era demasiado alta, le serraba las partes del cuerpo que sobresalían; si era de estatura baja, descoyuntaba sus huesos para estirarlos hasta llegar al tamaño de la cama.
Y ahora viene la moraleja: en la actualidad el lecho de Procusto se refiere a esas personas que siempre necesitan acomodar la realidad a sus intereses o a su propia visión de las cosas. Es decir, si se les hace alguna objeción a sus rígidos planteamientos, se molestan de forma visceral, y siguen adelante convencidos de que tienen razón omnímoda. Señor Sánchez, me temo que usted se encuentra dentro de este triste grupo de personas, y no se lo digo como ataque personal, sino como llamada de atención a su capacidad de cambio.
Si no lo hace corre el mismo peligro que sufrió Procusto, y me había dejado el final guardado para darle tiempo a recapacitar. Pues bien, pasó lo siguiente: el héroe de Atenas, Teseo, retó al posadero a tumbarse en la cama de hierro y de esta manera superar su propio reto. Procusto no lo superó: perdió la cabeza y los pies. Se lo dije antes señor Sánchez, de usted depende, antes de perder la cabeza y los pies como Procusto, cambie y abrace la sensatez, la estulticia debería estar pasada de moda, se lo pido por favor, de rodillas, como usted quiera. Ya está bien de imposturas sin contenido que no nos llevan más que a perder un tiempo valioso que deberíamos aprovechar. Olvídese del mito del cambio climático, si necesita alguno yo le recomendaré todos los que hagan falta de la Grecia Antigua, que tenemos problemas acuciantes con necesidad de prioridad y determinación.
José Carlos Sacristán. Colaborador de Enraizados