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1º Durante años, cada vez que la vida me daba un golpe, me gritaba furioso ¡POR QUÉ!, obteniendo tan solo un hiriente silencio por respuesta.
Tan solo fue cuando cambié mi indignado ¡POR QUÉ!, por un humilde ¿por qué?, cuando comencé a obtener respuestas que dieron sentido a mi sufrimiento, paliando el dolor, pero sobre todo evitándome volver a tropezar con las mismas piedras.
2º Al igual que la luz de una vela se pierde bajo la luz del Sol, mientras que sí reluce en la noche, la iluminación interior se descubre en las épocas más oscuras de nuestra vida, brillando entre las tenebrosas sombras de la tribulación y la adversidad.
Los cambios radicales para bien, en nuestro modo de vivir, suelen surgir tras haberlo pasado muy mal.
Recuerdan aquello de que no hay bien que por mal no venga… ¡pues eso!
EPÍLOGO: No veas el sufrimiento como un castigo, sino como una oportunidad. Un empujón que aceptado con humildad, nos puede ayudar a mejorar.
Obviamente toda filosofía y poesía, se desvanece, cuando el cabrón que tenemos que soportar, supera todas las expectativas de la psicopatía de manual.
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