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Mi señor Don Santiago: soy una mujer madura que recibió de sus padres una educación de la que me siento orgullosa y que, por supuesto, he procurado transmitir a mi hija. Uno de los mejores principios que me inculcaron es el de no creer sino lo que esté del todo demostrado; dudar de lo poco claro y, por supuesto, rechazar rotundamente todo lo falso que quieran colarme.
En virtud de esta higiénica norma, descarto de plano cualquier posibilidad de votar al PSOE.
Digan lo que digan-y dicen mucho- sé perfectamente lo que nos espera en el caso de que Sánchez volviera a conseguir la Presidencia del Gobierno: apoyo a la delincuencia, a la invasión, a los ataques continuos de la burocracia europea, política exterior contraria casi siempre a nuestros intereses, robo a manos llenas, totalitarismo feroz, mentiras en cantidades industriales, traiciones, no digamos; leyes claramente nazis, persecución de todos los derechos y libertades de quienes no se arrodillen ante ellos, censura no menos nazi… y me dejo unas cuantas cochinadas más.
En cuanto al PP, no sé qué es peor; de gobernar Feijóo, según viene siendo costumbre en ese indecente Partido, política PSOE bajo manifestaciones tibias, cuando no directamente ridículas que suenan a cobardes disculpas.
No merece la pena considerar al resto de grupos que apoyan al actual Gobierno.
Descartada toda esta mugre, me queda únicamente usted, amigo Abascal.
Y tampoco se presenta muy prometedor que digamos. Cuando menos, no es un abierto enemigo de España como todos los anteriormente citados. Algo es algo; pero entienda que, para darle mi voto, necesitaría bastante más de su Partido.
Ciertamente, pocas son las oportunidades que tienen ustedes de dirigirse a la ciudadanía; y muchas, las que disfrutan sus adversarios para ponerles a caldo; pero no es menos verdad que, el que quiera, puede hacerse, a través de Internet, con suficientes apariciones de usted y otros líderes de VOX, en las que explican claramente cuánto entienden de interés para sus posibles votantes.
Y es ahí donde no están ustedes muy eficaces que digamos.
No quiero extenderme en la lista de los errores que, en mi opinión, no dejan de cometer; errores que están espantando a no pocos indecisos que, de andar ustedes un poco más espabilados, serían suyos. En clara demostración de todo esto, acuden las encuestas que se vienen publicando. Con la poquita cosa-y generalmente, negativa- que es el PP, deberían estar ustedes bastante por encima de ellos en intención de voto. Al no ser así, reconózcanme que algo estarán haciendo mal.
Sé de personas competentes que han intentado, sin resultado, ponerse en contacto con algún peso pesado de VOX para hacerle ver los fallos en Comunicación que no dejan de perpetrar usted y sus dirigente más próximos. Sin el menor éxito, todo hay que decirlo.
Sabiendo que sería inútil intentarlo, paso a centrarme en la que juzgo la mayor de sus equivocaciones; responsable directa, por lo tanto, de que su Partido se mueva en los escasos niveles de los que no parece tener muchas perspectivas de salir.
Tiene que dejar muy claro, a todas horas del día, con todos los medios a su alcance, por escasos que sean, y, en imitación del enemigo, mediante coro uniforme de opinión sincronizada, lo que van a exigir si, como parece inevitable, terminaran apoyando una investidura de Feijóo.
No basta con asegurar que habrá de comprometerse, desde la Tribuna de oradores y también por escrito, a derogar las leyes nazis que tanto daño están haciendo y a recuperar la independencia de todos los resortes del Estado.
Lo repito: no bastaría con eso para superar la barrera de los cincuenta y pocos escaños, techo que parece insuperable para sus esperanzas. De hecho, es como vienen actuando y ya ven cómo les está creciendo el pelo.
Es evidente que les está faltando algo más; exactamente, lo más importante: exigir que, desde el momento mismo en el que el Partido Popular se haga con el Gobierno, se abran procesos judiciales, con todas las garantías de independencia y procedimiento, contra los principales responsables, políticos, económicos e institucionales, de la actual situación.
Griten a todas horas que no descansarán hasta ver entre rejas a toda esa gentuza. Y, como complemento, aquí viene lo más convincente: lucharán con todas sus fuerzas porque devuelvan hasta el último céntimo de lo robado.
No paren de proclamarlo a los cuatro vientos; de día, de noche, y por todos los medios a su alcance.
Céntrense en ese mensaje, rotundo e inequívoco.
Esto lo entiende todo el mundo. O van por ese camino, o ustedes, y España, continuaremos reducidos a la mínima expresión.
Señor Abascal, ahí y sólo ahí reside, en mi opinión, la diferencia entre un apoyo que dé para medio centenar de Diputados, o convertirse en los mayoritarios representantes de la única España que, de nuevo, no se resigna a morir.
Demuestre que está usted dispuesto, de verdad, a luchar contra esta mafia. A luchar, con intención de derrotarla en toda la línea, no de darle algún pellizquito que otro. Se trata de ellos o de nosotros. Si el enemigo, como demuestra a diario, es implacable, o lo somos nosotros más o ni siquiera habrá batalla.
Eso, exactamente eso, es lo que necesita de usted esa España que quiere recibir ¡por fin! un mensaje de esperanza.
Muy poca es la que pongo en que lea usted esta carta; de hacerlo, quizá pudiera yo, y quienes piensan como yo, empezar a creer que VOX, de verdad, va en serio.
A ver si hay suerte y me saca usted de dudas.
Pues eso
Elena Sánchez
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