Más información
Quizás el único modo de obligarle a que se siente a la mesa, sea ejercer como defensor del delincuente, hasta el punto de ignorar lo obvio y lo conocido, como la estrategia proetarra de Sánchez, o la conversión putinesca de Trump. No es racional invertir la realidad y desconocer el propósito de un nostálgico del KGB, que con puño de hierro desde que en 1999 ocupara el poder, trata de reconquistar el imperio soviético, el Dombás, como antes Crimea o Georgia, que le sirvió de entrenamiento. La cleptocracia del Kremlin, la misma que nutre mafias occidentales, no ha detenido a Putin en el secuestro de 20.000 niños ucranianos, ignorando la existencia de un pais como Ucrania con lenguas, composición social e historia bien diferentes de Rusia. Nadie minimamente razonable, por más que esté sujeto a medios tóxicos, puede negar que Zelensky es un presidente democrático, por mas que estén prohibidas las elecciones en periodo de guerra, como pasó con Churchill, y Putin, un dictador que asesina a sus disidentes. Ni siquiera como estrategia cabe ignorar que la agresión de Rusia responde a no haber aceptado a Ucrania en la OTAN. Ponerse del lado del delincuente podría parecerse, sin embargo, a una estrategia negociadora. Tiempo hay para la decepción cuando parezca que lo ha logrado todo.
Es un principio físico que la fuerza requerida para alterar la trayectoria de un objeto es superior a la que sirve para mantenerla. Del mismo modo, la fuerza requerida para desalojar a un delincuente es mayor que la fuerza que requiere su simple mantenimiento. Es el beneficio del consenso silencioso que no amenaza a Sanchez. Esta diferencia de momentos inerciales es crucial para entender porqué sería más fácil mantener la ocupación de Ucrania por Rusia, que desalojar a Rusia de los territorios ilegalmente ocupados de Ucrania. Lo mismo sucede con la invasión de Kursk por Ucrania: puede ser más exitosa que la defensa misma del propio territorio. Perdimos la oportunidad de Prigozhin. Esta diferencia estratégica ilustra el sentido de una actuación militar, y su papel en la política.
No importa que Trump crea lo que dice, ni tampoco que entienda realmente lo que dice, aquello de que acusaba a Biden con tanto éxito, o que sea un oportunista en aguas revueltas. De ningún modo la decrepitud le permitía saber a Biden, incluso quien era. Trump ha venido a confundir a propios y extraños como ese negociador implacable que está dispuesto a arriesgar la vida con golpes estratégicos bajos que a oídos de todos suenan incomprensibles, incluso segando la hierba bajo sus pies, incluso afirmando creer sus propias falacias. Lo que importa del giro estratégico de Trump no son las declaraciones ideológicas propias de un hombre de negocios, que sabe que nadie puede resultar culpable por defender su casa y su familia, guiado por la moral del éxito, para la que todo vale en función del objetivo a obtener. Las actuaciones del ejército estadounidense han estado plagadas de esa moral de éxito propio de la cultura anglosajona: guiados por la moral de tener éxito en un momento, y a cualquier precio, se destinan a sí mismos a un rotundo fracaso catastrófico.
Es falso que EEUU ganara la guerra al totalitarismo hitleriano. No habría vencido en ausencia de Churchill, la inteligencia británica, y la resistencia. De hecho EEUU ha perdido todas las guerras, Corea, Vietnam, Irak, Afganistán son solo algunos de los ejemplos mas conspicuos y estúpidos. Aún, sin embargo, podría movilizar a una población que ha dejado de consumir leche por su precio, que vive de sucedáneos, porque la clase de tropa de los ejércitos americanos, al contrario que en Europa, se nutre de los sectores más empobrecidos de su propia población. Cuando regresan de una guerra perdida, a los veteranos solo les queda el consumo de estupefacientes, y toda suerte de trastornos mentales. Frente a ellos, los ciudadanos europeos viven bien –demasiada clase media– como para no confiar su destino y delegar en un servidor del putinismo, como pasó con Pétain, que lo fue del imperialismo hitleriano. Más vale un cobarde vivo, que un héroe muerto.
Es dudoso encontrar a algún ciudadano de EEUU que sepa realmente de geografía para entender que una pléyade de paises europeos hacen frontera con un imperio dedicado al exterminio, como única razón de su supervivencia. Lo que sí sabe cualquier contribuyente americano es que nada es gratis, y Trump quiere que se le retribuya su condición de garante de la libertad europea o de Ucrania. En Europa, en manos de burócratas que trabajan para sí mismos y que envilecen a sus ciudadanos, nadie estaría dispuesto a sacrificar su vida por defender su libertad. Incluso como debiera ser frente a los burócratas de Bruselas. El precio a pagar por un ciudadano por dar batalla a un pueblo empobrecido controlado por un criminal es de tal magnitud que ante un desafío, ante un riesgo de esta naturaleza, la respuesta del ciudadano europeo es huir, el estado que sucede al miedo. Ya nadie lucha por los hijos que no tiene, si no por salvar, a lo sumo, su pellejo frente a los verdugos y guardianes de gulags, en la confianza de los supervivientes de que vendrán a salvarles. La tentación de Trump es precisamente llevar al límite esta conciencia irracional del europeo, que ni cree ni está dispuesto a pagar por lo que cree tiene derecho a recibir. ¿Como no estar dispuesto a repartir el producto social a los cientos de miles de inmigrantes que atrapan el presupuesto social con la amenaza latente de su violencia?. Hay que darle todo a quien amenaza tu vida. Buena parte de la población ignora que la palabra asesino proviene del árabe hashashin, que significaba «los que usan hachís» y se usaba para referirse a los ismailíes en la Siria del siglo XI, el mismo término que hizo fortuna antes en el siglo VIII. Hoy comercian drogas los asesinos musulmanes. En ese proceso de extranjerización promovido por Bruselas, los esbirros, apenas ocultos, de Soros, y los ignorantes y estúpidos e inofensivos ciudadanos europeos, no existe más voluntad que consentir con el asesinato colectivo, en nombre de una paz quimérica. Ese pacifismo que acabó en el asesinato masivo de 7 de octubre perpretado por Hamás. Hay que tener voluntad para extinguirlos.
Lo singular del caso no es, pues, aquello que pueda creer Trump, sino las consecuencias de su actuación política, no el objetivo que declara o pretende, si no el que logra, ¿quién ha de pagar la factura de su condición de guardián de la libertad europea? No importan sus propósitos, si no las consecuencias. Ha descubierto lo que significa el cobro de sus derechos, no siendo que otros se enriquezcan con sus necesidades, y no paguen por los servicios que les presta. Este movimiento estratégico ilustra la inutilidad del proyecto europeo, los mimbres con los que Europa ha construido su decadencia. Que cada palo aguante su vela. Si los gobiernos europeos ceden su voluntad para preservar lo que les queda de una libertad imaginaria, ¿por qué habría de ocuparse EEUU de poner parches a su decadencia?. El único éxito estadounidense se ha tejido de la mano de Kissinger con su teoría del dominó, por la que un país podría resistir el comunismo si se estimula su desarrollo, de lo contrario caería como una pieza mas en el tablero de la historia. Una Ucrania libre podría ocuparse de su desarrollo constituyéndose en un incentivo extraordinario para suscitar la envidia de todas las regiones de Europa sumisas a Putin. Ucrania necesita seguridad. Qué descubriría Moldavía frente a una Rumanía desarrollada, qué sería de Kaliningrado frente a cualquier país báltico desarrollado, qué sería de Bielorusia, envidiando la riqueza excedentaria de Ucrania.
La formidable fuerza de trabajo de Ucrania, su lucha por la independencia, su altísima preparación política e intelectual, le reserva un lugar histórico en la destrucción del sueño hitleriano del putinismo, porque los pueblos que Rusia ocupa, desean su bienestar tanto como otros, y no soportarán el desarrollo de sus vecinos mientras se pudren ellos mismos en su miseria. Dios escribe derecho con renglones torcidos. Así es el caso con los intelectuales y las personas mejor formadas en Europa que viven la experiencia de ese proceso implacable de proletarización, tan agudo en España. Los mejor formados, los más capaces, los que apuestan por el reconocimiento de sus méritos, ven destruida día a día su habilidad para realizar el sueño de sus padres. Han descubierto que Sánchez es el canalla que les empobrece. La pirámide invertida del socialismo sanchista ha arruinado nuestras vidas con sus políticas sociales que estimulan la delincuencia, y procuran beneficios a quienes nunca han cotizado y amenazan nuestra seguridad. Estas políticas concluirán con el exterminio. Aviso a navegantes. Estos esbirros apuran sus días finales. Decía Orwell que confiaba más en el pueblo llano que en los canallas que destruyen el progreso y que en los confiados más cultos e inofensivos que ignoran como se teje la historia de las naciones.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home