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Los que guisan las encuestas son como los maîtres/chefs de restaurantes, preguntando al cliente: – ¿Cómo desea el señor que le preparemos los huevos…?
Y es que en el mundo de los negocios quién manda es el cliente; o sea, el que paga. ¿O acaso alguien piensa que las empresas que realizan las encuestas de opinión son monjitas de la caridad, que trabajan gratis por amor al prójimo?
Pues no. Son simples sociedades mercantiles, cuya única finalidad es obtener beneficios, y cuantos más, mejor; al igual que los grandes medios de comunicación, y las saunas de lucecitas rojas. El diablo los cría y el registro mercantil los junta.
Los ´genios´ del invento de utilizar encuestas pagadas para acojonar al personal y dirigirlo al redil del voto útil, cobran por ello; yo, no.
Simplemente soy una persona normal a la que entristece que la insulten, no tanto su inteligencia, como sus vividas canas.
Así, y desde esa conquistada atalaya, puedo decir que el único voto útil es aquel que es útil a la propia conciencia y sus principios, que pueda ejercerse sin necesidad de una pinza en la nariz.
Al final, si todo se resume en elegir entre un ´mandibulín´ o un ´cara alpargata´, elijo el monte.
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