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Romance del paso siguiente

Luis XIII… y medio

Luis González 15 May 2025 - 06:34 CET
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En estos tiempos que corren

hay que cuidar la palabra;

dígase lo que se diga

si de política trata,

seguro que a alguien fastidia,

seguro que, a otros agrada

y habrá quién ni se moleste

ni siquiera, en escucharla.

Créanme, cuento con ello

no es primera vez que pasa

ni la última va a ser;

pero me niego a callarla.

Allá voy, sé que me arriesgo

a más de una bofetada

pero debo dirigirme

a esos buenos camaradas,

que, asqueados de sufrir,

una tras otra, trastadas,

en cuanto ven un resquicio

contra el tirano se lanzan.

No seré quién les reproche

su afán de dar la batalla

pero sí, pedir que apunten

para mayor eficacia

mejor elegido el blanco

y no el que más cerca caiga.

Verán a qué me refiero:

de pronto, muchos atacan

por medio de unos mensajes

al Gran Jefe que los lanza

al que es su mano derecha,

de fango más que manchada;

Imagino que, la izquierda,

que es, de las dos, la más falsa,

estará peor, más sucia;

aunque eso, sí, acostumbrada.

Para empezar, lo que cuentan

no tiene mucha importancia,

ni me parece noticia

pues la cosa estaba clara

salvo para los que ven

en ojos ajenos, pajas,

mientras que, las vigas propias,

son, por completo, ignoradas.

No veo graves pecados

en tan lamentable sarta,

pues ninguna fechoría,

de las muchas que acapara,

queda allí de manifiesto

como al Juzgado llevarla.

Cosa que, por otra parte,

sería tarea vana.

Voy a tirar de un refrán

imitando a  Sancho Panza

y es que “al buen entendedor,

pocas palabras, le bastan”

Otra cosa es que aparezcan

y pudiera ser mañana,

indiscreciones que habrá,

siendo como es él, a manta;

De momento, al pobre diablo

claramente lo retratan:

un lenguaje que da pena,

propio de cualquier macarra

no de un Señor Presidente

que está gobernando España;

su estilo de bravucón,

maneras un tanto bastas,

tampoco son novedad

pues no es persona educada.

El que los suyos le aguanten

y, peor, aún, le aplaudan

ese es un asunto interno

de toda su militancia;

allá algunos, si prefieren

a la dignidad, la pasta.

Todo eso, con ser penoso,

bisutería barata

al lado de la mochila

que este hombre tiene a la espalda;

pero voy a ir más lejos:

cuánto los Medios delatan,

a diario, corrupciones

si una es gorda, otra la gana,

se entiende, los no vendidos,

que, los otros, bien las callan,

por lamentable que sea,

escaso daño le causan.

No digo que el mal se ignore,

que ésta es la misión sagrada

de todo buen periodista:

la verdad, caiga quien caiga;

De un lado, quiénes, forofos,

carros y carretas tragan

no van a caer del guindo

por más delitos que salgan.

Por otra parte, los muchos

que a Pedro Sánchez no aguantan

el que los Medios más libres

les cuenten dos mil burradas,

da igual que si fueran siete,

su ira, ni sube ni baja

pues imposible resulta

que pudiera estar más alta.

Allá va mi sugerencia,

de buena intención colmada:

dediquen a las denuncias

una cuarta parte escasa

de su mensaje diario,

tarea que es obligada;

pero, el resto de su tiempo,

en otra dirección vaya:

denle vueltas y más vueltas,

consulten a gentes sabias,

hasta que consigan dar

con las verdaderas causas

de que un Régimen nacido

lleno de intenciones sanas

al cabo de medio siglo

esté podrido hasta el alma.

Y es que, mientras no se logre

dar con la tecla, no valga

de mucho, dale que dale,

poner a caldo a esta panda.

Queda una segunda parte:

ya las causas detectadas,

seguro, el mejor remedio

cuál habrá de ser la táctica

para limpiar la Nación

de esta insoportable mafia

va a resultarnos más fácil

entre todos, encontrarla.

No espero mucha respuesta

a esta opinión razonada;

por grande, la decepción,

mi obligación es lanzarla.

No conozco un solo médico

que, dolencia detectada,

no ponga después remedio

pues su tarea es curarla;

conformarse con saberla,

de poco, al paciente valga.

Del mismo modo, adelante

con denuncias a mansalva

que de poco nos valdrán

si no van acompañadas

de algún remedio eficaz

¡No están sirviendo de nada!

También es obligación

de toda la Prensa honrada

no quedarse en la denuncia

sólo con ella, no basta.

Luis XIII… y medio

 

 

 

 

 

 

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