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Antonio Sánchez-Cervera: «Albares o su desesperación por el catalán en Europa»

Carencias y ambigüedades

Antonio Sánchez-Cervera 29 May 2025 - 06:15 CET
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Partiendo de la base de que la identidad nacional española, según la Constitución Española, se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española – la identidad nacional de cualquier país, es la identidad basada en el concepto de nación -, el propio Tratado de la Unión Europea considera que la identidad nacional es inherente a las estructuras fundamentales políticas y constitucionales de cada Estado miembro y la Unión debe respetarla, por identificarse con el contenido de la soberanía nacional que siempre es una, indivisible e inalienable y que, además,  no sólo no puede confundirse con los individuos que la conforman sino que también no se transfiere de los Estados a la Unión.

Ahora, el ministro madrileño de la cosa de Exteriores, con inusitada avidez, al parecer, para justificar el exigente encargo que Sánchez recibe de Puigdemont, nos habla en el sentido de que la identidad nacional española es plurilingüe. Y con ese mensaje que no aclara  ni dice ni demuestra nada, uno se va a la Carta Magna y se encuentra con que  el castellano es la lengua española oficial del Estado, razón por la que es la única lengua que está y se usa en la Europa política, ejecutiva y parlamentaria y, encima, es una lengua que  todos los españoles – incluidos, obviamente, catalanes, vascos y gallegos – tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla, dejando la norma constitucional a las demás lenguas españolas que también sean oficiales pero en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos, por eso, no tienen esas otras lenguas que invadir el ámbito europeo que, para más inri, su estéril y burocrática aplicación en la UE conllevaría un coste de millones de euros que saldrían del erario público de todos los españoles en detrimento de otros sectores que verdaderamente los necesitan (sanidad, la apremiante enfermedad del ELA y otras muchas más).

No hay que olvidar que la Constitución de 1978, a pesar de ciertas lagunas, carencias y ambigüedades, aspectos lógicos en toda norma de tal magnitud, dejó ya un camino bien trazado para que todos los españoles lo recorramos y no busquemos 5 patas a la silla ni intentemos hacer que el círculo sea un cuadrado al mismo tiempo.

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