Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Fco. A. Juan Mata: «Capítulo II. Dios en la mente… y fuera de ella»

(“Desde que hay historia, Dios no ha abandonado la mente humana.”)

Fco. A. Juan Mata 01 Sep 2025 - 08:17 CET
Archivado en:

Más información

Fco. A. Juan Mata: «Capítulo I. Por qué hay algo en vez de nada»

Russell, sarcástico: “Que yo imagine una isla perfecta no significa que pueda comprar un billete para ir allí.”

El argumento ontológico es una de esas construcciones lógicas que deslumbran por su sencillez y que, pese a siglos de críticas, nunca terminan de ceder. Lo formuló en el siglo XI san Anselmo de Canterbury, un monje benedictino con la fe hirviendo por las venas:

“Si podemos concebir un ser del cual nada más grande pueda pensarse, y si la existencia es una perfección, entonces ese ser debe existir. Porque, de no existir, no sería el más grande concebible.”

En otras palabras: si podemos pensarlo, existe. Una lógica pulida, compacta, elegante… y que, a diferencia de lo que algunos creen, no se deja derribar con un simple manotazo. Además, no es casual: desde que hay memoria, Dios aparece en la mente de los hombres como la imagen de algo existente y perfecto. Una idea que atraviesa culturas, lenguas y siglos como si fuera parte del mismo tejido de lo humano.

Descartes retoma el guante

Seis siglos después, Descartes desempolva el argumento y lo pule con su bisturí racionalista. En sus Meditaciones metafísicas lo reformula así: la idea de un Dios perfecto está inscrita en nuestra mente, y como la existencia es perfección, Dios no puede no existir. Descartes se mueve con una fe tranquila: si la perfección está en el concepto, la existencia viene de serie.

Kant lo derriba… o eso cree

Entonces aparece Immanuel Kant, con gesto severo y la Crítica de la razón pura bajo el brazo, y cree propinar un golpe maestro: “La existencia no es una perfección.”

O dicho más llano: agregar “existencia” a la lista de atributos de un ser, en su opinión, no lo hace real. Kant interpreta que la lógica, sola, no fabrica realidad… aunque, para ser justos, tampoco mata del todo al argumento. Lo deja herido, sí, pero vivo.

Russell entra con el cuchillo… pero antes, la lata de tabaco

Aquí llega Bertrand Russell, británico de flema cortante, que no siempre fue el verdugo del argumento. De hecho, en sus años de estudiante en Cambridge, con el orgullo hegeliano bien templado, lo compró entero. Él mismo lo confiesa, entre nostalgia y sonrojo: “Durante tres o cuatro años fui hegeliano. Recuerdo el momento exacto. Fue en 1894, mientras caminaba por Trinity Lane. Había salido a comprar una lata de tabaco. A la vuelta, la lancé al aire y exclamé: ‘¡Cáspita, el argumento ontológico es sólido!’”

Imagínenselo: un joven Russell, la niebla húmeda de Cambridge, las manos frías, convencido de haber tocado la médula misma de Dios entre humo y adoquines.

Pero el entusiasmo se evapora con los años. Décadas después, Russell se burla del argumento con mordacidad británica: si puedo concebir una isla perfecta, ¿significa que existe? Claro que no. Y, con ironía de salón, remata: “Si fuera así, estaría ahora mismo tomando un cóctel en ella.”

Copleston no se rinde

Frederick Copleston, fiel a la tradición escolástica, no cede terreno. Defiende que la idea de un ser necesario —aquel que no puede no existir— no es capricho de la imaginación, sino consecuencia inevitable de la razón. Si concebimos a Dios como absolutamente perfecto, negar su existencia es contradictorio.

Plantinga y el regreso del argumento

En 1974, el lógico Alvin Plantinga apareció con su traje gris, cara de seminarista aplicado, y sacó una versión modernizada usando lógica modal:

“Si es posible que exista un ser absolutamente perfecto y necesario, entonces existe en algún mundo posible. Y si existe en algún mundo posible, existe en todos. Incluido este.”

Traducido al román paladino: “Mire, señor Russell, si admite que no hay contradicción en imaginar un Dios necesario, ya lo tiene: Dios existe. Fin de la partida.”

Los críticos lo acusan de prestidigitación matemática, como si escondiera a Dios en un sombrero de mundos posibles para sacarlo luego con redoble de tambores. Plantinga, imperturbable, encoge los hombros: “Yo solo sigo las reglas de la lógica; si no les gusta el resultado, cambien las reglas.”

El asombro permanece

Quizá la enseñanza es esta: nuestra mente no soporta el vacío. Desde Anselmo hasta Plantinga, seguimos tentados por la idea de que, si concebimos un Dios perfecto, ese pensamiento debe anclarse en algo real.

Russell, ya viejo y escéptico, nos dice que no, que podemos soñar lo que queramos, pero que no confundamos gramática con ontología. Copleston, en cambio, nos invita a dar un salto de confianza: la perfección que concebimos no puede ser humo.

Y, sin embargo, ahí sigue la imagen del joven Russell lanzando su lata de tabaco al aire, proclamando que el argumento es sólido. Puede que luego lo negara, puede que lo ridiculizara… pero durante un instante creyó haber visto el rostro de Dios en un callejón húmedo de Cambridge.

¿Contradicción? Tal vez. O tal vez la prueba de que este viejo argumento tiene un filo difícil de limar: hasta los genios más escépticos caen, aunque sea un instante, bajo su hechizo. Quizá porque, desde que hay historia, Dios habita la mente humana como la idea de algo que existe, perfecto, inevitable.

Esta semana seguiremos con el célebre debate radiofónico de 1948 entre Russell y Copleston. Allí, entre frases cortantes y silencios tensos, se juega una partida que, a juzgar por estas dudas, aún no hemos cerrado.

Mientras tanto, la pregunta sigue sobre la mesa: ¿usted de qué lado está? ¿Del cóctel en la isla perfecta… o del salto de fe hacia un Dios que no puede no existir?

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by