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Allá en lo alto, en alguna parte sobre el arco iris, hay un lugar donde los sueños tienen alas y se hacen realidad.
Un lugar prohibido a todos aquellos que al crecer no solo perdieron la inocencia de la niñez, sino también la capacidad de soñar.
El día que me vaya no me busquéis en el cementerio, porque allí no me habréis de encontrar.
Buscadme entre el cielo y el mar, en un lugar más allá del arco iris, allí donde los niños juegan con los ángeles mientras estos les enseñan a volar.
NOTA: Estas líneas fueron escritas años antes de que la zurdería y su biblia 2030 se apropiara del inocente arco iris, poniéndolo a cuatro patas, mirando a Cuenca. Y es que, en su afán por dominar el relato, no dejan símbolo por travestir, ni agujero por desflorar.
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