Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Gozo

Nuestra imagen real, desnuda y sin maquillar

Luego llegaría la ´justicia poética´

Antonio Gil-Terrón Puchades 20 Nov 2025 - 05:44 CET
Archivado en:

Más información

«Sánchez, tus días están contados. Los jóvenes vamos a echarte a ti y a toda tu banda criminal de las instituciones a patadas»

Creemos que nos conocemos a nosotros mismos, y no siempre apreciamos, cuando no despreciamos, la opinión de aquellos que dicen conocernos, sin darnos cuenta de que, para bien o para mal, posiblemente, aún siendo toscos e inexactos, los juicios externos sobre nuestra persona, a veces, se aproximen más a lo que realmente somos, que a la imagen que de nosotros mismos, vemos y queremos dar.

Me he tropezado con personas en esta vida que tenían una opinión inmejorable sobre sí mismos, cuando en realidad eran más malos que un dolor. Y lo que a continuación voy a narrar, es tan real como la maldad.

Había en Alicante, una ´santa´ mujer, a la que, imaginariamente, llamaremos ´Pura´, que no se cortaba lo más mínimo a la hora de contar cuando su padre enviudó, y al año se volvió a casar con una mujer más joven que él. Pues bien, la tal ´Pura´ -narraba gozosa- que ella todos los días le rezaba a Dios para que su madrastra se muriese pronto y de la manera más dolorosa posible, y que su sufrimiento se prolongase lo máximo.

A continuación, con una sonrisa diabólica, que helaba la sangre, decía que Dios, finalmente escuchó sus plegarias, y a su madrastra le diagnosticaron un cáncer de los peores, por lo que, tras una agonía de varios meses de agonía, murió rabiando.

Luego llegaría la ´justicia poética´, a alumbrar el horrible final que tuvo la tal ´Pura´. Un final, aún sin aclarar oficialmente, tan truculento, que ha quedado grabado en los anales de la historia negra de la ciudad de la luz.

Y cuento este caso real, del que fui testigo en primera persona, porque la tal ´Pura´ tenía un concepto de sí misma que traspasaba la santidad. Opinión esta que no compartían, en absoluto, las personas de su entorno, que no tenían más bemoles que sufrir a diario su inmisericorde falta de humanidad. Esta serpiente venenosa, disfrazada de santa mujer diocesana, se había fabricado un dios a su imagen y semejanza, tal vez inspirada por determinados pasajes del Antiguo Testamento.

Lo cierto es que, tan solo cuando el observador es capaz de convertirse en observado, puede comenzar a conocer qué clase de persona es en realidad. A la postre se trata de observarse a uno mismo, de una manera fría y desapasionada, como si de un extraño se tratara.

Cuando nos miramos en el espejo, vemos lo que queremos ver; sin embargo, si alguien nos graba en vídeo sin que nos demos cuenta, cuando vemos lo filmado, no contemplamos la imagen que tenemos de nosotros mismo, sino la imagen que de nosotros ven los demás; nuestra imagen real, desnuda y sin maquillar, despojada del manto de auto misericordia.

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by