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Son una peste.
El Gran Apagón, el volcán, Filomena, la DANA, el COVID, los trenes…
Llevamos unos años que no ganamos para disgustos.
La mezcla entre putrefacción socialista, mal fario, puteros, mangantes, gafes y ladrones lo impregna todo.
A la hora en que grabo este sermón, son ya 39 los muertos en la tragedia de Adamuz y todo lo que se le ocurre decir al socialista Óscar Puente —el mastuerzo que sugería que el robo de cable que paralizaba AVEs en la Meseta era un ‘sabotaje’ político— es que el choque es “tremendamente extraño”.
Y añade, buscando que la ciudadanía piense en una conspiración masónica o en la ‘mano negra’ de la ultraderecha, que se produjo en una recta.
El bocachancla, que alardeaba de que los trenes españoles vivían su mejor momento y ha hecho colgar en las estaciones un indignante cartel que reza “disculpen las mejoras”, le echa la culpa otra vez al empedrado.
Si usted no cambia el aceite del coche, no revisa la presión de las ruedas, no renueva las pastillas de freno y controla periódicamente los niveles, el vehículo termina cascando.
Pues lo mismo sucede con las carreteras, los aeropuertos o el ferrocarril.
Pero estos facinerosos, los de la banda de Sánchez, prefieren gastarse el dinero de nuestros impuestos en furgones de putas al Parador de Teruel, cenas pantagruélicas con final feliz estilo Tito Berni, inmuebles de postín, pilinguis de calendario y chiringuitos.
Puente, cuyo antecesor en el cargo y conmilitón duerme en la cárcel, encaja perfectamente en el sórdido paisaje en que ha convertido el marido de Begoña la política española.
Los siniestros, los causados por la Naturaleza y por la estupidez humana, tienen un alto componente de azar.
Una desgracia le puede caer encima a cualquiera, incluso al más diligente.
Es muy pronto para saber con exactitud qué sucedió técnicamente en Adamuz, pero el Gobierno Sánchez no puede escurrir el bulto.
Ha sido en estos siete años infames, en los que el AVE —antaño envidia del mundo por su eficiencia, eficacia y puntualidad— se ha ido deteriorando, como ha ocurrido con casi todo.
¿Son ustedes capaces de nombrar un solo ministerio que esté haciendo bien las cosas?
¿El de Albares el chavista, el del inane Marlaska, el de la atolondrada Margarita Robles, el del faltón Óscar Puente, el de la teñida Yolanda Díaz…?
Utilizar políticamente el dolor de las víctimas, como hizo la izquierda con los atentados islamistas del 11-M o con la DANA y hace siempre el PSOE, es inmoral, pero a cada cual lo que le toca.
El sistema ferroviario español es competencia única y exclusiva de Puente, que se pasa el día jugando al golf e insultando en redes sociales a propios y a extraños, pero no gestiona nada.
Da igual que en Adamuz fallara un tornillo, se aflojara un manguito o se soltara un perno. La responsabilidad —y también la culpa— de la tragedia son del ministro del ramo y de quien lo colocó en el cargo.
¡Españoles, a las urnas!
La Patria está en peligro y acabamos con Sánchez y su siniestra patulea o acaban con nosotros.
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