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EL REPASO

Alfonso Rojo: «Paella sin arroz, jamón vegano, funeral laico, Gobierno corrupto y tontos a granel»

El esperpento, que perpetrarán en Huelva dentro de una semana, me recuerda a esos bautizos agnósticos, a esas primeras comuniones laicas y otros desquiciados ritos de paso civiles, que imitan la estructura de las ceremonias religiosas y tanto gustan a nuestros progres y catetos patrios

Alfonso Rojo 23 Ene 2026 - 15:00 CET
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La indignación de las familias de las 45 víctimas de la tragedia de Adamuz se dispara contra Puente, Sánchez y cuadrilla

No se me ocurre nada más apropiado para calificar a los mendrugos que han decidido montar un ‘Homenaje de Estado’ en memoria de las 45 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, que el sketch de José Mota.

Aquel en el que decía: «¡Tonto, que eres tonto del ‘to’, pero no ‘pa’ un rato, no… tonto del ‘to’ ‘pa’ siempre!».

Supongo que están enterados de que el Gobierno Sánchez celebrará el próximo 31 de enero, en Huelva —ciudad a la que debería haber llegado el tren Alvia de Renfe que chocó el pasado domingo con los vagones descarrilados del Iryo—, un funeral laico, que será presidido por los Reyes de España y al que asistirá en primera fila el popular Juanma Moreno.

No voy a hacer juegos de palabras hablando de la paella sin arroz o el jamón vegano, porque la cosa no está para chistes, pero coincidirán conmigo en que es una insensatez como la copa de un pino.

No voy tampoco a citar a Francia, país laico desde 1905, donde es tradición que los funerales de Estado de sus presidentes —socialistas o no— incluyan una misa solemne en la Catedral de Notre-Dame.

Tampoco a EE.UU., donde las exequias presidenciales incluyen siempre servicios adaptados a la fe del fallecido y las grandes ceremonias mortuorias tienen siempre como figuras descollantes a personalidades de las principales religiones.

Sólo diré que el esperpento, que perpetrarán en Huelva dentro de una semana, me recuerda a esos bautizos agnósticos, a esas primeras comuniones laicas y otros desquiciados ritos de paso civiles, que imitan la estructura de las ceremonias religiosas y tanto gustan a nuestros progres y catetos patrios.

Es ridículo, patético, insensato.  Y cuesta entender que el Rey y la Reina se presten a semejante charlotada, aunque tras verles posar y hacerse selfies con Oscargutan Puente’ y Verdulera Montero frente a los restos destrozados del Iryo, ya no me sorprende nada.

El pasado lunes, antes de iniciar la entrega de las carabelas de los Travellers Awards, que hacemos todos los años, subí al estrado, cogí el micrófono y pedí a los presentes —entre los que estaban Isabel Ayuso, el embajador de China, altos representantes del turismo hispanoamericano y varios consejeros regionales— un minuto de silencio por los muertos en Adamuz.

Puntualicé que todos se pusieran en pie y que quien supiera y quisiera rezar lo hiciera. Y que el resto, como no puede ser de otro modo, permaneciera inmóvil y callado.

Yo me santigüé y muchos también lo hicieron.

¡Pues eso, señores!

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