Más información
El ministro sin hervor, en su patética comparecencia en el Senado, (tal vez buscando imponer una empatía de la que él carece), ´caricompungido´, y tal vez asesorado por un enemigo, ciscó para los anales de ´Celtiberia show´ un trémulo: «Solo he dormido tres horas, les pido que se pongan en mi lugar».
Un servidor, tres horas es lo que suele dormir por las noches, y no por mala conciencia, ni ataúdes en mi haber. No. Simplemente es porque me faltan horas al día, para aprender, estudiar, reflexionar, rezar y meditar sobre qué puñetas hago aquí. Pero, ahora bien, si presuntamente, tuviese 46 muertos sobre mi conciencia, si hablamos de horas de sueño, estaría en menos cero. Pero claro, para eso hay que tener conciencia, en el mejor sentido de la palabra.
Pero, siguiendo con la historia, señor ministro sin hervor, al dirigirse¨, ´Su Cortedad´, a nuestros representantes en el Senado, retóricamente también nos está pidiendo a los españoles, que nos pongamos en su lugar. Porque aquella frase, no fue una pregunta que esperaba respuesta, sino la sentencia retórica de quien, condescendientemente y desde las alturas, se dirige a la plebe, con la esperanza de hallar algo de comprensión, hacia sus ´no actos´.
Pues como español, y por alusiones, le responderé que, si yo estuviese en su lugar, lo primero que haría sería pedir perdón; lo segundo, dimitir; y lo tercero, que es lo que el cuerpo me pediría, no podría hacerlo, porque mi fe me lo impide.
En cualquier caso, si usted, en algún momento, pensara en dimitir, sepa que ´ese´ al que usted llama ´el puto amo´, no se lo iba a permitir, porque es difícil que su Johnny Weissmuller de rama, encuentre otro ´bocachancla´, más cualificado que usted, para hacer de ´piñata´, y desviar la atención de lo que a él sí le quita el sueño, que, en mi opinión, no son precisamente los muertos de ahora, sino que, el viento de la ´justicia poética´, haga volar alfombras y le deje su armario abierto, para que todos podamos contemplar lo que hay dentro.
El Vesubio ha comenzado a eructar, y comienzan los incendios. Pero cuando llegue, que va a llegar, a usted ya no le quedará ni barba que poner a remojar.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home