Más información
A veces me pregunto por qué rezo para que se solvente aquello que, cortando por lo sano, puedo solucionar yo solo.
Tal vez sea porque las soluciones fáciles, de las que dispongo para resolver un problema concreto, implican que alguien salga malparado, que normalmente será aquel que me esté complicando la vida, voluntaria o involuntariamente. Porque cuando la sangre sube a la cabeza, no hay distingos que suavicen la visceral respuesta.
O tal vez sea, también, porque el tiempo me ha demostrado que sin hacer nada, sin mover un dedo, la mejor salida a mis problemas, siempre me la ha concedido Dios cuando se la he pedido; mientras que cada vez que he actuado prepotentemente por mi cuenta, haciendo de jurado, juez y verdugo, el malparado he sido yo.
Al final no se trata de afrontar la vida con borreguil conformismo, sino con fe y paciencia; y lo que tarda en llegar ´el milagro´, porque siempre llega, no es porque Dios esté de vacaciones, sino porque, seguramente, algo de culpa tendré yo que purgar.
Humildad; reflexión; comprensión; aceptación; fe y paciencia: Aprendizaje.
La fe no es paciencia, aunque en ocasiones la paciencia sí que pueda ser fe.
Rezaré.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home