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20 N

El último día de José Antonio

33 Años

Antonio Gil-Terrón Puchades 08 Mar 2026 - 07:15 CET
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Llevo tiempo intentando escribir sobre lo qué pasó aquel 20 de noviembre de 1936, el último día de vida terrenal de José Antonio. Y digo ´de vida terrenal´, porque su espíritu sigue Vivo y Presente, hoy más que nunca; y ello, paradójicamente, gracias al necrófilo ´Líder Supremo´, que, con la exhumación de sus restos mortales, provocó que muchos jóvenes españoles comenzarán a sentir curiosidad sobre quién era ´ese´ al que el sátrapa le tenía tanta inquina como para sacarlo de la tumba.

Dudo que algún día el estómago me permita poder escribir, ampliamente, sobre los detalles de lo sucedido aquel aciago día, en la prisión de Alicante.

En cualquier caso, sí quisiera dar luz sobre el porqué del secretismo y mutismo de los testigos presentes en el martirio de José Antonio. Porque fue un martirio, no una ejecución.

Para empezar, el director de la prisión, Adolfo Crespo Orrios, ´curiosamente´, no facilitó un solo detalle clarificador, del fusilamiento, en su declaración al juez, el 17 de abril de 1939. Tampoco lo hicieron, los dos médicos forenses de guardia, destinados aquel día en la cárcel de Alicante, alegando que eludieron su obligación de estar presentes en la ejecución. Algo comprensible, si hablamos de dos personas normales, con un mínimo de sensibilidad.

En el patio de la prisión de Alicante, aquel 20 de noviembre de 1936, estaba el variopinto pelotón de fusilamiento, todos voluntarios ´encantados´, pertenecientes a lo más ´florido´ del Frente Popular. Posiblemente, catorce individuos entre milicianos anarquistas, soldados comunistas del Quinto Regimiento, y guardias de asalto. Tras ellos, la chusma, seguramente ´en número de 40´, que había acudido ´a ver el espectáculo´.

En primer lugar, señalaré algo sabido, y es que no hubo orden concreta de abrir fuego, sino que fue el “¡Viva España!” y “¡Arriba España!”  qué gritó José Antonio, el detonante.

El pelotón de ejecución iba armado con fusiles Mauser, modelo Oviedo 1916, cuyo alcance efectivo era de 2.000 metros Es importante conocer ese detalle, para comprender el brutal impacto que los ´máuser´ podían tener, cuando se disparaba a escasos tres metros del ´objetivo´. Esa fue la distancia habida en el fusilamiento de aquel día, como posteriormente se supo por boca del sargento Juan José González Vázquez, encargado de mandar el pelotón de ejecución, en su primera declaración ante la policía, el 2 de noviembre de 1939.

Pero la cosa fue bastante peor, ya que, en lugar de dispararle al corazón y que tuviese una muerte instantánea, le dispararon a las rodillas, provocando que José Antonio cayese al suelo retorciéndose de dolor, entre risas, insultos y escupitajos, tanto de los que le habían disparado, como de la gentuza que aplaudía y jaleaba.

Este hecho es conocido gracias al empresario uruguayo Joaquín Martínez Arboleya, presente aquel día en el patio de la prisión alicantina. Este testigo ocular, rompió su silencio años después, declarando: «Se quebró su cuerpo [el de José Antonio], cayendo doblado, empapadas en sangre sus rodillas, mientras la chusma allí reunida gritaba obscenidades».

Cuando se cansaron de ´divertirse´, un miembro del pelotón, llamado Guillermo Toscano Rodríguez, le dio el tiro de gracia, al ser el único del grupo que llevaba pistola. Posteriormente, el tal Toscano estuvo una temporada paseándose con el abrigo de José Antonio, el mismo que se reproduce en la fotografía. Cuando tiempo después fue detenido, el miliciano, poniendo cara de inocente, alegó que se lo había ´regalado el fusilado´.

“Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. Mateo escribe sobre la crucifixión de Jesucristo, citando el Salmo 22:18 de la Biblia.

Aquel día, también cuatro jóvenes como José Antonio, dos falangistas y dos requetés, conocidos como los mártires de Novelda, compartieron su suerte.

Decía al principio que quisiera explicar el porqué del secretismo y mutismo de los testigos presentes aquel día. La explicación es muy sencilla: ¡Miedo!

Si ven el vídeo que acompaña este escrito, sobre el traslado a hombros falangistas, desde Alicante a Madrid, entenderán como tendrían el cuerpo los testigos coparticipes, en el martirio del fundador de Falange Española. ¡Vamos, cómo para ir presumiendo, una vez perdida la guerra, de su participación en el suplicio de José Antonio!

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