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Y volveré al lugar donde el tiempo se paró en primavera, para encerrarme entre los encalados muros de piedra de aquel huerto engalanado de rosales, jazmines y madreselva.
Y volveré a tumbarme sobre la hierba a los pies de la vieja higuera, allí donde la brisa del mar, perfumada de sal y flores frescas, por la noche como un amante llega.
Y tendido sobre la tierra buscaré en el Cielo alguna pequeña estrella que, sin preguntar nada, tan solo por todo lo que no soy, por todo lo que no he sido, aún así me quiera.
Sí; volveré a aquel lugar sin reloj, ni tiempo, ni fronteras, donde mi pasado y futuro, abrazados, hace siglos que me esperan.
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