La diplomacia nunca ha sido mi fuerte, y no por falta de vocabulario en mi haber, sino porque acostumbro a llamar a las cosas por su nombre, entre otras cosas para evitar malos entendidos, dado que al no estar todo el mundo versado en las artes de la ironía y el sarcasmo, no sería la primera vez que algún gañán se ha sentido alabado por mis palabras, al no haber sabido leer entre líneas, que, elegantemente, lo estaba enviando a tomar por saco.
Así pues y para evitar equívocos, al decir lo que hoy siento no voy a parafrasear el sutil y manido “Algo huele a podrido en Dinamarca”, de Shakespeare, porque igual hay alguno que no se entera; lo voy a decir más claro: “España apesta a muerto viviente”.
¿Dorian Grey? ¡No! ¡Lo siguiente!
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