Más información
“Primero te ignorarán; después se reirán de ti; finalmente te atacarán, y en ese momento habrás ganado”. Estas palabras premonitorias de Gandhi, fueron como un relámpago que iluminó la mente de muchos pensadores, el día en el que el líder indio fue asesinado.
Otro soñador fue el periodista Victor Noir, redactor del diario antigubernamental, “La Marsellaise”. Fue en el año 1870, ocho años después que Victor Hugo publicara su obra “Los Miserables”, cuando el joven periodista que por aquel entonces contaba con 22 años, murió de un disparo, en el transcurso de una discusión con Pierre Bonaparte, sobrino de Napoleón Bonaparte y primo del entonces emperador de Francia, Napoleón III.
“Primero te ignorarán; después se reirán de ti; finalmente te atacarán, y en ese momento habrás ganado”. ¡Me encanta la frase!
Lo sucedido a Victor Noir fue como una caricatura de lo acaecido a Gandhi. Para empezar, el periodista francés no era pacifista, ni tan siquiera pacífico; de hecho, el día de su enfrentamiento y muerte, parece ser que portaba un revólver en el bolsillo.
Por otro lado, mientras que Gandhi fue inicialmente ignorado, para más tarde ser objeto de burla y escarnio por parte de los representantes en la India, del todopoderoso Imperio Británico, Victor Noir, fue IGNORADO por ser un perfecto desconocido, cuya opinión a nadie interesaba, y seguramente también fue objeto de risas y burlas, pero no por parte del poderoso clan bonapartista, sino por sus propios compañeros de redacción, mucho más veteranos y cínicos que él.
Finalmente, también fue ATACADO, pero lo fue en medio de un altercado fortuito y un tanto kafquiano, que terminó por costarle la vida. Sin embargo, en aquellos momentos, Victor Noir había GANADO.
Victor Noir fue asesinado justo la víspera de su boda. De no haber muerto de tan trágica manera, posiblemente el joven hubiese terminado sus días sin pena ni gloria, criando tripa, adocenado, y escribiendo ecos de sociedad. O a lo mejor, hubiese superado en fama literaria al mismísimo Victor Hugo. Eso es algo que nunca sabremos, pero lo que sí conocemos es que el nombre de Víctor Noir, pasó a la posterioridad.
Su muerte fue rápidamente politizada, y así, en su entierro, tras el féretro del joven y desconocido periodista, caminaron, aquel aciago día, más de 100.000 personas.
Su asesino no tardó en ser absuelto, lo cual provocó que el ya ´cargado ambiente´ de crispación ciudadana, entrara en la zona roja del manómetro social. Ocho meses después, caía el último emperador de Francia, proclamándose la Tercera República.
Si bien el asesinato del novato periodista no fue el detonante que provocó la caída del último Bonaparte, sí que es cierto que su muerte fue la penúltima gota que colmó un vaso que ya rebosaba.
Es lo que les suele pasar a aquellos gobernantes inconscientes que, en su almidonada soberbia, se olvidan de mirar, aunque sea de reojo, el nivel del vaso de la paciencia ciudadana.
NOTA SOBRE LA IMAGEN:
Los restos de Victor Noir, tras hacer un poco de turismo por diferentes camposantos lutecianos, fueron finalmente enterrados en el Cementerio Père-Lachaise, en París. Una estatua de bronce a tamaño natural fue esculpida por Jules Dalou para cubrir su tumba.
Dicha figura ha sido desde entonces objeto de culto fetichista, por parte de señoras con dos copas de más, y muchos ´polvos´ de menos. Pero esa es otra historia que, a lo peor, igual un día cuento.
Y es que, la labor periodística, antes y ahora, sigue siendo un oficio de riesgo; o si no, que se lo pregunten a Cake Minuesa, Vito Quiles, o Bertrand Ndongo.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home