Más información
He cerrado los ojos y la he vuelto a ver, entregada, sonriente, condescendiente, amablemente mía pero distanciada, quieta ante el profundo abismo que nos separa; oscuridad, vacío, y su mirada que me llama…; que me hace volar hasta un mañana sin dolor ni muerte, pero también sin alma…
Nunca me dijo su nombre, más no importaba, porque en el fondo siempre supe quién era y cómo se llamaba.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home