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¡Todo al rojo!

La banda del ‘wordperfe’

Y la ruleta vuelve a girar

Antonio Gil-Terrón Puchades 16 May 2026 - 07:29 CET
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Vivimos inmersos en un mar de papeles, impresos, formularios, recibos, inspecciones, revisiones, renovaciones, y un largo etc. de puñetas timbradas, que no tienen otro fin, amén de pagar ´pernadas´ por cada impreso y timbre, que el de justificar muchos sueldos de dudosa utilidad pública.

Hemos creado una sociedad kafkiana, torpe, inoperante, absurda, y un tanto fascistoide. El desmesurado interés que muestra el Estado en controlar a los ciudadanos, comienza a tocarnos los cojones, provocándonos una sensación desagradable de impotencia, y lo peor de todo es que nos los tocan, sin haberse lavado las manos, después de haberse pasado el día indolentemente tocándose los propios. ¡Qué asco!

Las causas a todo este papeleo, despelotado y agobiante, se resume en dos puntos:

El problema, además de pagar, es el tiempo que se nos roba, en el cumplimiento de las puñetas administrativas. Y lo más gracioso del tema, es que el mayor peso de dicha cruz viene a recaer precisamente en aquellos ciudadanos que con su actividad productiva diaria, impiden que se acabe de parar el sistema; ese mismo sistema que los oprime y sangra.

Buenos profesionales, los hay en todos los sitios, y la Administración Pública no es una excepción, de la misma manera que vagos, indeseables, y macarras, también los hay en todas las casas, prostíbulos y saunas, pero la diferencia es que, mientras en la empresa privada, el vago, el indeseable, y el innecesario, tienen sus días contados, en la Administración Pública son intocables… Lo malo es que, además, lo saben. Tal vez por ello adopten aires de superioridad con los desgraciados ´paganos´ que sufragamos su sueldo.

Y no me refiero a los funcionarios públicos que prestan su valioso y necesario servicio en Educación, Sanidad, y Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado. No. Me estoy refiriendo a los chiringuitos burócratas, no siempre exentos de un pestilente tufo endogámico, con los que se ha ido trufando la viscosa casquería de ´la cosa pública´, por parte de aquellos que, cada vez que han ganado el poder, no se han olvidado de enchufar a ´los suyos´; a las ´suyas´, y a ´les suyes´.

Desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno en junio de 2018, el número de empleados públicos en España ha crecido en más de 523.600 personas, alcanzando un máximo histórico de más de 3,6 millones de funcionarios, a finales de 2025.

¡Todo al rojo! Y la ruleta vuelve a girar.

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