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Hace unos años, un ´peligroso tiburón´ le comió tres dedos del pie, a un médico jubilado, en una playa valenciana, con el consiguiente ´show´ mediático. Desde entonces, raro es el año que no se avista alguna aleta cerca de tierra, causando el consiguiente revuelo e histeria. Es por ello que quisiera hoy hacer un alegato en defensa del acuático, desmayado y famélico, escualo, que por territorialidad de las aguas, también es español.
La codicia mercantilista de las grandes corporaciones, amén de la gula incontenible de los ´comegambas´ sindicados, viene esquilmando la fauna marina desde hace años, mediante la captura, abusiva y descontrolada, de todo bicho viviente.
Las embarcaciones arrastreras no sólo vacían la despensa marina, sino que además destruyen los huevos depositados en los fondos marinos, en una labor de esquilma, baldía y estéril, que a nadie sirve, salvo a los sabuesos y ojeadores de ´tierras raras´. Y ello por no hablar de las nuevas técnicas de localización de grandes bancos de peces, mediante la utilización de aviones, y hasta, incluso, satélites.
Obviamente no estamos hablando de las pequeñas flotas pesqueras de nuestro litoral patrio, que ya bastante imposible lo tienen para poder subsistir y pagar el gasoil, sino de las grandes corporaciones apátridas, que han sustituido la vieja bandera pirata, por otra con colores más vistosos, más acordes con la tumoral y vomitiva moda 2030.
Se sigue vendiendo, y consumiendo, alevines; es decir, las crías de los peces, [según el Instituto Español de Oceanografía un kilo de alevines puede convertirse en 300 kilos de pescado], en una perenne burla a las leyes vigentes, y con una presunta permisividad de ´vista gorda´, por parte de las autoridades incompetentes. No tienen más que verlos en las cartas de restaurantes, camuflados bajo nombres tan cínicos y cursis, como el de ´huevos estrellados a nuestra manera´, donde lo mollar son los alevines, y los huevos la tapadera.
A los ´zampa alevines´, habría que explicarles que se trata de una pesca clandestina que se descompone fácilmente, y es por ello que quienes los capturan ilegalmente, los bolicheros, orinan en los cubos donde están los pececitos, por las cualidades que tiene la urea como conservante natural. O bien recurren a la adición de conservantes prohibidos como el formol, compuesto de formaldehído, que es un excelente cancerígeno, empleado para la conservación de cadáveres.
O sea, que, ya metidos en harina, es preferible tomarlos en adobo ´bolichero´, es decir, meados. Y de postre, unas fresas de importación, regadas con aguas fecales. Fresas de oro de las que caga el… ¡Bon appétit!
Si los tiburones comienzan a acercarse peligrosamente, para ellos y nosotros, a nuestras costas, es simplemente porque tienen hambre, y no encuentran, mar adentro, una mala sardina que llevarse a la boca.
No nos rasguemos las vestiduras, y provoquemos campañas sensacionalistas de terror, por el ataque de un escualo a un bañista, porque el auténtico terror, y horror, nos debe sobrevenir al pensar el porqué de dichos ataques. Aunque claro, tal vez sea demasiado pedir que pensemos, máxime cuando el Gran Hermano, y sus tentáculos mediáticos, lo hace por nosotros.
La verdad es que hay que estar muy hambriento y desesperado para comerse los dedos de los pies, de un pacífico y respetable médico jubilado.
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