Más información
Porque en casa nadie me espera, ni espero que nadie venga, tan solo pido poder vivir en paz, los días que me quedan, mientras recorro en silencio el trecho que resta entre el duelo y el olvido, el dolor y la indiferencia.
Y también pido, Señor, amor, comprensión y paciencia, con todos aquellos que a mí se acercan y no se quieren ir, porque en su casa tampoco nadie los espera.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home