El insultante boicot sufrido por Sociedad Civil Catalana en la Universidad de Barcelona, donde doscientos jóvenes independentistas y antisistema impidieron este 7 de junio de 2018 la celebración de una conferencia reivindicativa de la figura de Cervantes, fue un auténtico acto de fascismo.
La Universidad no solo es un espacio de aprendizaje y especialización. Es libertad de cátedra y de expresión. Las universidades públicas representan una dimensión relevante del futuro de cualquier país, pero en España se están convirtiendo en instituciones rehenes de la extrema izquierda.
Es inasumible que el separatismo campe a sus anchas, humillando al alumnado y al profesorado discrepante por no plegarse a su chantaje.
El acto sobre Cervantes tuvo que ser suspendido por las amenazas de unos aprendices de fascistas a los que molesta la libertad, y por eso tratan de erradicarla. Con todo, es más grave aún la indolencia, complicidad y cobardía del Rectorado, incapaz de garantizar la libertad en las aulas y de desalojar a unos delincuentes solo por no querer avisar a los Mossos.
Cataluña no puede convertirse en un gueto del salvajismo en el que el ciudadano no independentista puede ser insultado, amenazado, coaccionado y golpeado al antojo de unos facinerosos.
No es una cuestión de discrepancia política, sino de estricto orden público, y sigue resultando muy lamentable el silencio cómplice de muchas instituciones, la primera la universidad, restando relevancia a estos hechos.
Este 8 de junio, en Vich, su ayuntamiento prohibió a Ciudadanos convocar un acto por la unidad de España en la principal plaza de la localidad.
En el fondo, son las instituciones las que están hurtando las calles y la libertad a esa mayoría de catalanes que sufre una persecución ideológica en pleno siglo XXI, y en pleno corazón de Europa.
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