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La decisión se tomó la misma tarde-noche electoral. El todavía secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba confirmó el batacazo histórico de su partido, y sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Lo tenía planificado, decidido.
Durante la campaña electoral ya se lo adelantó en una entrevista radiofónica a Carlos Herrera en Onda Cero y se lo dijo en varias ocasiones:
«En la noche electoral tomaré una decisión. Reflexionaré y tomaré una decisión esa misma noche».
Y así lo hizo. Pero no lo hizo solo. La decisión fue compartida nada menos que con los dos expresidentes del Gobierno que ha tenido el PSOE, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, y con la única dirigente socialista que todavía mantiene el tipo, ha ganado las elecciones europeas en su Comunidad y despierta cierto aire de renovación.
A pesar de que Susana Díaz no conoce otro oficio ni beneficio que su partido, el PSOE.
La única duda que podía mantener Rubalcaba es si dimitía directamente esa noche o al día siguiente.
O si recibía el apoyo para pilotar una transición que pasaba por olvidarse de momento de las primarias y convocar lo antes posible un Congreso Federal extraordinario para elegir un nuevo secretario general y una nueva dirección. Triunfó lo que tenía planificado Rubalcaba.
Todos los consultados esa noche cerraron filas y estuvieron de acuerdo en que lo mejor era que elegir una nueva dirección que dispusiera cuanto antes el futuro inmediato del partido.
El dedazo del PSOE
Rubalcaba con esta decisión compartida mataba dos pájaros de un tiro: tener una salida digna en medio del batacazo electoral y no ser él el que pasara a la historia del Partido Socialista haciendo y organizando algo en lo que, en el fondo, nunca ha creído: unas primarias.
Siguen existiendo muchas dudas en gran parte del aparato del partido, el actual y el de la vieja guardia, sobre las consecuencias de unas primarias. Dejó mucha huella la única experiencia de primarias en el PSOE.
Y es que en realidad el PSOE, al igual que el PP, mantienen estructuras tradicionales con mayores o menores matices, a la hora de elegir a sus máximos dirigentes.
Los líderes del PSOE que han triunfado han sido elegidos en los Congresos y con «el dedo divino» -que diría Esperanza Aguirre- de su predecesor. Y curiosamente los dirigentes del PSOE que quieren a toda costa primarias, como Eduardo Madina o Carmen Chacón, son los que actualmente tendrían muy difícil ganar un Congreso.
A Rubalcaba lo eligió a dedo Zapatero, con las bendiciones de los barones y el consentimiento a disgusto de Chacón, porque era el mejor preparado para contener la caída, «frenar la hemorragia electoral» -se dijo entonces-, aguantar el golpe y mantener unido el partido.
El golpe fue duro y el partido aguantó a duras penas, mermado en votos, en ideas y en ingresos. Rubalcaba quiso seguir, decidió seguir y consiguió seguir.
Pero el pasado domingo la hemorragia aumentó. Y ahora todo apunta a que se repetirá la historia. Algunos dedos como el de Felipe González señalan a la única consultada aquella noche que no había sido presidenta del Gobierno. Los dedos señalan a la elegida. Ahora falta la bendición de un Congreso Federal.
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