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Pedro Sánchez sigue protagonizando un arriesgado juego de malabarismo político de imposible resolución, consistente en negociar con casi todos los partidos, excepto con el PP, vencedor en las generales, a sabiendas de que dicha estrategia conduce a un callejón sin salida (Señores del PSOE, no es lluvia; es pis).
A pesar de los constantes desaires y humillaciones que Pablo Iglesias ha lanzado a Sánchez desde que aspira a la presidencia del Gobierno, el equipo negociador del PSOE se reunió este 22 de febrero con los representantes de Podemos, Compromís e IU para tratar de llegar a algún tipo de acuerdo de cara a la primera votación de investidura que tendrá lugar el 3 de marzo de 2016.
Sin embargo, en paralelo y al mismo tiempo, Pedro Sánchez y Albert Rivera conversaban en el Congreso, mientras a la vez, el principal negociador socialista, José Enrique Serrano, se sentaba con Ciudadanos en otra sala con idéntico fin: alcanzar un pacto para investir a Sánchez
El acuerdo con Podemos y la amalgama separatista que necesita implicarían cruzar varias líneas rojas, cuya aceptación es inaceptable, tanto para buena parte de los barones socialistas como para el interés general de los españoles (Acaba sin acuerdo la ‘ensalada roja’ del PSOE con IU, Podemos y Compromís ).
En primer lugar, porque la verdadera intención de Iglesias es manejar los grandes resortes del poder a través de una vicepresidencia dotada de competencias extraordinarias dentro de un hipotético Gobierno de coalición, mientras que el PSOE lo que busca son los votos necesarios para la investidura.
En segundo término, porque la exigencia del referéndum en Cataluña seguirá siendo un factor clave para el acuerdo, ya sea ahora o más adelante.
Y, en tercer lugar, porque el programa económico de Podemos no solo es irrealizable y utópico, sino que viola los principios presupuestarios que establece la UE y, por tanto, su aplicación traería como resultado una nueva crisis, tal y como ha demostrado la trágica experiencia de Syriza en Grecia.
Pero es que, igualmente, el diálogo con Ciudadanos es condición necesaria, pero no suficiente para la investidura de Sánchez. El partido de Rivera ha advertido en numerosas ocasiones que en ningún caso irá de la mano de Podemos ni de los independentistas para apoyar al PSOE.
Sin embargo, la suma de sus diputados tampoco alcanza para que los socialistas logren la presidencia. Así pues, la única alternativa factible en este escenario, una vez más, es incorporar al PP para lograr un gran pacto. El resto es una cuadratura del círculo que no lleva a ningún sitio.
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