«Lo repito con dolor: Alberto Garzón nació tonto y ha tenido una recaída». Con elegancia, pero con contundencia, el escritor y columnista Alfonso Ussía desenmascara al líder de IU, un político que cuando arribó a la primera línea despertó simpatías y esperanzas por su juventud pero que al poco ha acabado convirtiéndose en una caricatura–El ‘chekista’ Garzón equipara la oposición democrática venezolana al golpe de Pinochet–.
Garzón representa lo peor del izquierdismo cutre y trasnochado de este país. Es decir, para excitar a sus hordas y a sus cada vez menos simpatizantes y votantes (y eso que el PP hace todo lo que puede porque no caigan en la irrelevancia) hay que decir burradas a cada hora, que para eso Twitter es magnífico–‘Heteropatriarca y tonto del año: Garzón felicita al difunto Chávez mientras la población es asesinada en Venezuela–.
Garzón ha vomitado bilis estos días sobre presos políticos como Leopoldo López o el alcalde democrático de Caracas, mostrando una falta de compasión y de humanidad más propias del año 36 que del siglo XXI–Cifuentes se enfrenta al matón de Alberto Garzón que le afeó no cogerse vacaciones: «Este es el mismo que llama golpista a Leopoldo López»–.
El ahora diputado de Unido Podemos hace lo que sea para defender un régimen amigo, el chavismo, al que justifica sin cesar a pesar de la violación continuada de los derechos humanos que en Venezuela se producen. Es la siniestra ideología de estos personajes–El ‘vago’ de Alberto Garzón llama ‘indecente’ a Cristina Cifuentes por no coger vacaciones –.
Y todo ello mientras se lo pasaba en grande disfrutando de las vacaciones y tomando el sol en la piscina, claro que sí.
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