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Su vacua idea de la política ha transformado a Pablo Iglesias en un adulador de sí mismo (Así serán los hijos de Pablo Iglesias e Irene Montero: sociables, frívolos y unos plastas de cuidado).
Cada día se levanta con la intención de sentar cátedra y cada noche se acuesta habiendo protagonizado otro disparate.
De tener la gracia de Chiquito de la Calzada para hacernos reír, al menos contaría con algo a su favor.
Pero lo único que luce, sus mal arreglados dientes y su mala baba.
Afortunadamente, las encuestas pronostican un futuro en caída libre para él y los trincones de distinto pelaje que todavía le soportan.
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