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El de Podemos habla de si mismo en 'Marie Claire'

Íñigo Errejón sacude un buen zasca a Pablo Iglesias: «Yo no puedo comprarme un chalé»

Pablo Iglesias e Irene Montero blindan su lujoso chalet con 12 cámaras de videovigilancia

Periodista Digital 20 Jun 2018 - 19:37 CET
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Como su jefe, anda Iñigo Errejón tratando de promocionarse y como se ha puesto de moda ‘desnudarse’ en público, ha desvelado el de Podemos, entre otras cosas, que el yoga y la cerveza son dos de sus placeres ocultos ( Pablo Iglesias e Irene Montero blindan su lujoso chalet con 12 cámaras de videovigilancia).

Además, ha aprovechado la oportunidad para lanzarle un dardito envenenado a su jefe:

«Yo no puedo comprarme un chalé de 600.000 euros, vivo de alquiler y de momento así me quedo» ( Sólo la piscina del chalet de Iglesias y Montero cuesta lo mismo que la vivienda media española: 115.740€).

 Hablando de política, confiesa que no se fía de Pedro Sánchez («En política creo que te tienes que fiar de los hechos») y que echará de menos a Mariano Rajoy («como presidente no, pero sí como parlamentario, tenía gracia y cierta rapidez).

Por primera vez, Íñigo Errejón (34) ha desvelado cómo es su vida más allá del Congreso:

«Cuando llego a casa necesito apagar el móvil y me doy una ducha. Me ducho por las noches que es una costumbre de mi madre, me relaja mucho y a partir de ahí te abres una cerveza, es como un rito».

Además, ha confesado que se ha enganchado al yoga:

«Lo empecé haciendo porque la tensión se me cargaba en el cuello y la espalda y me viene de maravilla porque te tienes que concentrar en ti y en tu cuerpo, en la respiración, en cómo estás y te separas un poco de la tiranía del móvil, que es criminal».

Errejón ha confesado que toma infusiones relajantes para dormir y que echa de menos las siestas en la casa de su abuela:

«Para mi abuela las siestas eran como de pánico nuclear, las persianas bajadas. No se podía hacer nada. Duraban tres horas y ahí leías una barbaridad. Yo en algún momento tendré hijos y me gustaría que hicieran eso, lo recuerdo con mucho cariño».

Y ha añadido:

«Tú tienes que marcarle el tiempo al móvil y no al revés. En el pueblo sabías que eran las 8 porque estaban pasando las ovejas por la calle».

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