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EL PSOE AL BORDE DEL ABISMO Y AVANZANDO

La bragueta de Salazar y la torpeza de Sánchez al subir la cremallera, hunden a Gallardo y revientan las candidaturas de Montero y Alegría

Machismo en serie: de Ábalos y Koldo al caso Torremolinos

Mario Lima 07 Dic 2025 - 10:05 CET
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La campaña socialista en Extremadura comenzó con un lema épico —«Hazlo o lo harán»—, pero ha terminado atrapada en uno mucho menos atractivo: «Lo vimos, pero no lo hicimos».

La bragueta de Salazar, el asesor de confianza de Moncloa señalado por acoso sexual, ha evolucionado de un incidente interno a un agujero negro que está devorando al PSOE en Extremadura.

Proceso en el que la torpeza de Pedro Sánchez, intentando tapar el escándalo, echa leña al fuego en el que se abrasan por incoherentes  los socialistas.

Este escándalo también contamina las candidaturas de María Jesús “Chiqui” Montero en Andalucía y Pilar Alegría en Aragón, poniendo en entredicho el discurso feminista que el sanchismo había hecho su bandera.

Mientras Sánchez intenta restarle importancia al terremoto alegando un simple “error de velocidad” en la gestión del protocolo antiacoso, el partido hierve por dentro.

La oposición huele sangre y, entre las federaciones socialistas, ya se habla sin tapujos de “golpe a la reputación” y de una crisis que no se soluciona con un mitin sobre sanidad.

A nadie, con dos dedos de frente y una pizca de sentido común, se le puede pasar por alto que los tres de la foto de arriba –José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Paco Salazar– han sido con Sánchez y por orden de aparición en la imagen, secretarios de Organización del PSOE y candidato.

La “bragueta” de Salazar y la “cremallera” de Sánchez

El relato interno es devastador: un asesor del núcleo duro, Paco Salazar, instalado cómodamente en los altos mandos de Moncloa, con equipo propio y poder real dentro del partido, mientras las denuncias de acoso sexual quedaron “metidas en el congelador” durante meses.

Algunos puntos clave del escándalo son:

El verdadero problema para Ferraz no es solo el caso mismo, sino la imagen que proyectan: el partido que se había erigido como abanderado del feminismo ahora debate si el fallo fue más bien formal o sustancial, mientras líderes territoriales exigen una “condena sin paliativos” y demandan que el asunto llegue a la Fiscalía.

En el PSOE resuena una pregunta que refleja la fractura interna: «¿De esto tampoco se enteró el presidente?».
El eco recuerda episodios pasados: Ábalos y Koldo, hablando despectivamente sobre mujeres prostituidas; los mensajes sexuales enviados desde Torremolinos; y ahora las afirmaciones atribuidas a Salazar sobre escotes y cuerpos que dejan mal parados cualquier manual de igualdad elaborado por Ferraz.

Machismo en serie: de Ábalos y Koldo al caso Torremolinos

La lista de polémicas machistas asociadas al PSOE se ha vuelto tan extensa que resulta difícil considerarla casual:

Este encadenamiento ha llevado a algunos dirigentes a reconocer que el machismo se ha convertido en un factor directo de erosión política. Una responsable de organización llegó a afirmar que este episodio “amenaza con corromper uno de los pilares fundamentales del PSOE”: su supuesta superioridad ética respecto a la igualdad.

No faltan ironías internas sobre el viejo lema “soy feminista porque soy socialista”: muchas agrupaciones ya comentan con amargura “parece que algunos pensaron que solo con tener carné bastaba para tener coartada moral”.

Sánchez, “el Moranco” y el clan de los machirulos

La caricatura política está servida: columnas opinativas retratan a Pedro Sánchez como una especie de “Pedro, el Moranco”, forzado a sobreactuar discursos feministas para ocultar los ruidos provenientes de su propio “clan de machirulos”, ese entorno masculino cercano salpicado por escándalos, audios y comportamientos impropios para un partido que se autodenomina vanguardia en materia de igualdad.

Desde la dirección se repite insistentemente:

Sin embargo, la realidad política contrasta duramente:

El resultado es un Sánchez acorralado, empeñado en hablar sobre sanidad pública y una legislatura prolongada mientras su partido debate si el caso Salazar debe ser llevado ante la Fiscalía y si realmente se ha hecho justicia hacia las víctimas o si todo fue solo cosmético.

Extremadura: una campaña “hundida” por la sombra de Salazar

La primera víctima electoral del escándalo podría ser Extremadura. El PSOE arriesga allí un feudo histórico ante unas elecciones autonómicas anticipadas sin Presupuestos aprobados; además enfrenta tensiones con Junts, todo bajo la sombra del caso Salazar.

Elementos destacados por las direcciones territoriales:

El lema extremeño, “Hazlo o lo harán”, se vuelve ahora contra ellos: entre murmullos internos bromean diciendo que el verdadero mensaje dirigido al votante parece ser “créele o te lo creerán por ti”. En este caso, el humor actúa como mecanismo defensivo.

Montero y Alegría: candidaturas tocadas por su cercanía al núcleo duro

En este clima tenso, las aspiraciones territoriales tanto de María Jesús Montero como de Pilar Alegría están repletas de obstáculos políticos.

María Jesús “Chiqui” Montero en Andalucía

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda ha hecho pública su candidatura para liderar el PSOE andaluz, presentando un discurso centrado en reconectar con las bases e reivindicar el legado socialista frente al gobierno actual liderado por Juanma Moreno.

No obstante, su papel durante esta crisis le está pasando factura:

Su candidatura llega también marcada por otro frente abierto: lo ocurrido en Torremolinos, también dentro de su federación; aquí la Fiscalía investiga al secretario general local por presunto acoso sexual. Montero ha tenido que justificar tanto la suspensión cautelar contra Navarro como explicar que actuaron cuando surgieron diligencias legales pero no antes.

Para muchos militantes andaluces ya no es solo cuestión del pasado corrupto; también es notable cómo perciben una cúpula reaccionando tarde cuando se trata de escándalos sexuales relacionados con sus propios miembros.

Pilar Alegría en Aragón

La ministra de Educación aspira ahora a liderar el PSOE aragonés, inmersa en un contexto delicado: diversas encuestas sugieren un desgaste progresivo para la marca socialista mientras tanto avanzan tanto el PP como Vox.

Su situación presenta varias complicaciones:

En ambos casos —Andalucía y Aragón—la lectura interna es similar: esa «complicidad» política hacia quienes permitieron operar sin control a Salazar debilita gravemente la credibilidad tanto para Montero como para Alegría.

La revuelta socialista: quién es quién en el fuego amigo

Lejos cerrarse este asunto parece haber desatado auténtica revuelta dentro del socialismo. Diferentes federaciones han levantado sus voces denunciando lo que consideran una gestión «nefasta» junto a intentos fallidos para cerrar este tema sin llegar realmente al fondo; algo crucial dado lo importante que resulta para mantener vivo ese relato feminista tan promovido por ellos mismos.

Entre los actores relevantes:

Surge así una incómoda pregunta central:

¿Es acaso este caso Salazar solo fallo puntual o evidencia clara sistemática donde protección entorno presidencial prima más allá protocolos establecidos incluso cuando hablamos materia acoso sexual?.

Mientras tanto aquellos afines directamente hacia Sánchez han abierto sus propias luchas internas señalándose discretamente unos a otros buscando chivos expiatorios capaces salvar presidente sin admitir algún error estructural presente.

Un PSOE sin Presupuestos, con Junts en juego y cuatro urnas acercándose

Todo esto ocurre mientras Gobierno permanece:

Desde Moncloa insisten repetidamente:

Sin embargo muchos cuadros territoriales ven otro panorama distinto: deterioro acumulativo , base desmovilizada narrativas morales ya no sostienen únicamente mediante lemas.

Curiosidades y paradojas dentro crisis «de género»

Algunos detalles sobre la situación circulan entre corrillos socialistas:

Así resumen las sedes socialistas momento actual: “No nos hundió la derecha, sino la bragueta de nuestros propios hombres, torpeza y cremallera Moncloa”. Una frase condensando la sensación actual: esta vez el problema radica en hechos más allá de las narrativas construidas.

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