Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Un viaje sensorial a la esencia más pura y singular del Albariño

Finca Monteveiga 2020: El Albariño que Capturó la Niebla del Bosque Atlántico

De la bodega pionera Mar de Frades, nace un vino limitado que redefine los límites de la variedad, con una crianza sobre lías de tres años que promete evolucionar magníficamente en botella

Brígida Gallego 08 Oct 2025 - 09:30 CET
Archivado en:

Más información

Lalomba: Diez Años de Rosados de Altura y la Garnacha que Conquista Monte Yerga

Silencio. Tu Piel Tiene Algo Que Contarte

Hay lugares que imprimen carácter. Que dejan una huella indeleble en todo lo que tocan. La Finca Monteveiga es uno de ellos. No es solo un viñedo; es un rincón mágico y casi secreto en la subzona más septentrional y continental de la D.O. Rías Baixas: la Ribera del Ulla. Aquí, entre brumas matinales que se cuelan entre robles y castaños, y una luz atlántica filtrada por la fronda, crece un albariño que no se parece a ningún otro. Un vino que, en su añada 2020, llega para contarnos una historia de terruño, paciencia y una visión audaz.

Hablamos del Finca Monteveiga 2020, la joya más personal y arriesgada de la Colección Paisajes Atlánticos de Mar de Frades. Un proyecto que nace de la convicción de que el albariño puede aspirar a la complejidad y la longevidad de los grandes vinos del mundo.

“Tras años de esfuerzo y visión, Finca Monteveiga simboliza muchos logros del carácter innovador y pionero de Mar de Frades”, me comenta Paula Fandiño, la enóloga al frente de la bodega. “Y todo está ahí cuando catamos este vino de sabor y expresividad inolvidables”.

Sus palabras no son solo orgullo, son la constatación de un logro. Cada botella es el fruto de una obsesión: entender y expresar la singularidad absoluta de este paraje.

El Escenario: Un Viñedo Entre Brumas y Bosque

Para entender el Finca Monteveiga 2020, hay que pisar su tierra. Imagina una finca de acusado desnivel, con 45 metros de diferencia entre sus puntos más alto y bajo, situada a 160 metros de altitud. Las cepas, plantadas en 2003, no se alinean en un paisaje ordenado y geométrico. Se integran, más bien, en un bosque atlántico. Comparten espacio con la naturaleza salvaje.

Este entorno único es el responsable de su personalidad. La humedad constante de las brumas, la frescura que emana del suelo y del bosque, y las horas de sol que logran abrirse paso, configuran un microclima que esculpe un perfil aromático lleno de identidad. No es el albariño costero, marcado por la salinidad directa. Este tiene algo más: un matiz continental, una profundidad y una tensión que lo hacen enigmático.

La añada 2020 fue un desafío que el viñedo supo gestionar con maestría. Tras un invierno frío, la primavera fue suave. Pero fue el verano, caluroso y especialmente seco, el que marcó el ritmo. La falta de agua en agosto alargó la maduración de una forma lenta y pausada, concentrando aromas y acidez. La vendimia no llegó hasta el 9 de septiembre, una fecha en la que la uva había alcanzado su punto óptimo de intensidad aromática y frescura, sin perder un ápice de tensión.

La Elaboración: La Paciencia como Dogma

Si el viñedo es el escenario, la elaboración es la narrativa cuidadosa que da forma a la historia. En Mar de Frades no tenían prisa. Sabían que estaban ante una materia prima excepcional y decidieron honrarla con un proceso que huye de los caminos trillados.

Todo comienza con una vendimia manual y una doble selección de racimos. Solo los mejores llegan a la prensa. El mosto flor, el más puro y delicado, se macera en frío durante cuatro días. Este primer paso ya es una declaración de intenciones: se busca extraer toda la carga aromática potencial de la uva, protegiendo el mosto en una atmósfera inerte de CO2, sin añadir sulfitos en esta fase crucial.

Luego, la fermentación arranca con levaduras autóctonas, aquellas que están en el propio viñedo y en la bodega. Son las que mejor pueden expresar el terroir de Monteveiga. El proceso es lento, 27 días a una temperatura controlada de 15,5ºC. Pero aquí es donde viene el verdadero punto de inflexión, lo que lo separa de la mayoría de albariños: la crianza.

El vino reposa tres años completos sobre sus lías finas en depósitos de acero inoxidable. Tres años. Una eternidad para una variedad que suele consumirse joven. Y no es un reposo estático. El batonnage o removido de las lías es una coreografía que varía con el tiempo. En 2022, se realizaba una vez por semana. En 2023, se intensificó hasta una vez cada dos días. Este trabajo meticuloso busca extraer complejidad, redondez y una textura sedosa sin oxigenar el vino, manteniendo su vibrancia atlántica.

Tras este larguísimo sueño en acero, el vino se embotelló en la primavera de 2024. Pero la historia no acababa ahí. Continuó su crianza en botella, en la quietud y la temperatura controlada de la bodega, hasta su salida al mercado en mayo de 2025. Un viaje de cinco años desde la uva hasta el estuche.

En la Copa: Un Albariño con Alma de Guarda

Llega el momento de la verdad. Servir el Finca Monteveiga 2020 en la copa es presenciar la culminación de todo este proceso. Su color es un amarillo pálido con reflejos dorados, un aviso de su evolución incipiente y su profundidad.

La nariz es un espectáculo de capas. Al principio, asoman las frutas de hueso maduras, como el melocotón y el albaricoque. Rápidamente, emergen los matices cítricos (pomelo, lima confitada) y ese souvenir marino que evoca brisa oceánica y costa rocosa. Con un poco de aire, aparecen las notas más complejas: delicadas hierbas frescas (hinojo, albahaca) y un sutil recuerdo floral, como de flor de saúco seca. Es un aroma que invita a perderse en él, a descubrir algo nuevo en cada olfateo.

En boca, la promesa se cumple. Es un vino expresivo, fresco y vibrante, con una acidez natural que estructura todo el conjunto. Esa acidez es el esqueleto que le augura una larga vida por delante. La textura es untuosa, sedosa, gracias a esos años de contacto con las lías finas. Pero no es pesada; tiene una elegancia y una verticalidad notables. El final es largo, salino, y deja una estela mineral que habla claramente de su origen atlántico, pero con un carácter continental que le da un plus de seriedad y persistencia.

Es un albariño para meditar. No es un vino para tomar de pie. Exige comida, conversación pausada. Maridará a la perfección con pescados grasos a la plancha (como un rodaballo o un rape), mariscos asados, o incluso con arroces de marisco de gran calidad. Su complejidad incluso permite aventurarse con carnes blancas en salsa o con setas silvestres.

Un Legado de Innovación y Pasión por el Albariño

El Finca Monteveiga no es un proyecto aislado. Es la consecuencia lógica de la filosofía de Mar de Frades, una bodega que lleva años desafiando las convenciones sobre el albariño. Con 60 hectáreas propias en el Salnés y, desde 2016, en la Ribera del Ulla, y trabajando codo con codo con 200 viticultores locales, su objetivo siempre ha sido el mismo: obtener uvas de la máxima expresividad, equilibrio y pureza.

Detrás de esta búsqueda incansable está la figura de Paula Fandiño. Formada en la Universidad de Santiago de Compostela y al frente de la bodega desde 2007, su compenetración con la zona y sus virtudes la ha convertido en una de las voces más autorizadas y prestigiosas sobre la variedad albariño. No es casualidad que en 2016 la prestigiosa revista británica Drinks Business la reconociera como una de las 10 mujeres enólogas más influyentes de España. Su visión es la que ha hecho posible un vino como este.

Con una edición limitadísima de solo 3.985 botellas y un PVP de 38,90€, el Finca Monteveiga 2020 no es un vino para todos. Es un vino para quienes buscan una experiencia sensorial única, para los amantes del albariño que quieren ver hasta dónde puede llegar, para los coleccionistas que entienden que este es un vino con una proyección de guarda excepcional.

Es, en definitiva, la prueba de que en los confines más brumosos y boscosos de las Rías Baixas, nace una nueva expresión del albariño. Una expresión profunda, enigmática y, sobre todo, inolvidable. Una botella que contiene no solo vino, sino un paisaje entero.

Brígida Gallego

Más en Por todo lo alto

Mobile Version Powered by