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Una Experiencia Sensorial en el Corazón de la Ciudad

Allégorie Desvela su Salón: El Rincón Elegante para los Amantes del Cóctel y el Picoteo Exquisito

Donde el Arte de la Coctelería se Encuentra con la Alta Cocina en Formato Informal

Ana Rojo 17 Nov 2025 - 19:53 CET
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Hay lugares que, al traspasar su puerta, te transportan. No hace falta subir a un avión. Basta con cruzar el umbral de Allégorie y dejar que su nuevo Salón te envuelva. Este espacio, recién inaugurado en la planta baja, es la antesala perfecta a una velada inolvidable. Con aforo para apenas 30 personas, han creado un remanso de paz elegante, un sitio acogedor donde el bullicio de la calle se desvanece y da paso al murmullo de las conversaciones y el tintineo de las copas.

Es el tipo de sitio donde puedes instalarte en una de sus bajas mesas, o preferir la intimidad de la barra, y sentir que el tiempo frena. Aquí no hay prisa. La premisa es clara: disfrutar de los pequeños placeres. Ya sea de un cóctel meticulosamente elaborado, una copa de un vino que cuesta encontrar o el estallido de burbujas de un champagne francés. Y para acompañar, algo que va más allá de las simples aceitunas: una propuesta de picoteo que desafía cualquier definición convencional.

La Carta de Bebidas: Un Viaje para el Paladar

La barra de Allégorie es el corazón de este Salón. No es solo un lugar donde se sirven bebidas; es un taller de alquimia moderna. Su carta es una invitación a explorar, con una gama amplia y bien seleccionada de alcoholes y combinados.

Puedes pedir un clásico, pero ¿por qué no dejarte sorprender por sus creaciones originales? El Spritz Saint-Germain es una reinvención del italiano, donde el licor de flor de saúco aporta una delicadeza floral que se eleva con la base de Champagne Sanger. Es fresco, aromático y tremendamente adictivo.

Para los amantes de los sabores intensos, el Chartreuse Sour es una experiencia. La Chartreuse verde, un elixir herbal con siglos de historia, se suaviza con el cítrico de la lima y la frescura del jarabe de hierbabuena. El resultado es un cóctel complejo, con carácter, pero sorprendentemente equilibrado. Y si lo que buscas es un golpe de energía con estilo, el Espresso Martini con Vodka Grey Goose y Bailey’s es la elección perfecta.

Pero la coctelería no lo es todo. La carta de champagnes, disponible por copa o botella, es un lujo al alcance de la mano. Perfecto para una celebración espontánea o simplemente para brindar por un día cualquiera, convirtiéndolo en extraordinario.

El Arte del Picoteo: Delicatesen que Cuentan una Historia

En Allégorie entendieron que una gran bebida merece un acompañamiento a la altura. Aquí el «picoteo» se eleva a una categoría superior, con una carta concisa pero matadora, donde cada plato es una declaración de intenciones. Los productos son los protagonistas absolutos, con una clara influencia francesa y un toque de creatividad contemporánea.

Empezar por los quesos es casi una obligación. Ofrecen una selección de cinco quesos franceses de diferentes leches y regiones. No es solo una tabla de quesos; es un viaje por la geografía láctea de Francia. Cada bocado tiene una textura y un sabor distintos, una lección de tradición en un solo bocado.

Para los amantes del mar, hay dos opciones de lujo. Las ostras Marennes-Oléron «Geay Friandise» llegan frescas, con ese sabor a bruma y sal que enamora. Y el Caviar Royal Baïkal, un caviar de Gironde de esturiones originarios del lago Baikal, es la definición de indulgencia pura. Un capricho que justifica cualquier ocasión.

Pero la creatividad brilla en sus platos cocinados. Las Gambas no son unas gambas cualesquiera. Vienen acompañadas de una espuma de manzana, un gel de limón y una quintaesencia de sus cabezas con un toque de vainilla. Es un plato que juega con las texturas y los sabores, demostrando una técnica impecable. La Focaccia, por su parte, es un homenaje a Italia, cargada de mortadela, parmigiana, stracciatella y pistachos. Sencillamente, irresistible.

La Estrella Indiscutible: El Hambur’gras que Revoluciona un Clásico

Si hay un plato que resume la filosofía de Allégorie, es el Hambur’gras. Es una de esas creaciones que hay que probar al menos una vez en la vida. ¿Qué pasaría si desmontamos la hamburguesa americana y la reconstruimos con la elegancia de la gastronomía francesa? Esta debe de ser la pregunta que se hicieron en la cocina.

La respuesta es sublime. La base de pan blanda es sustituida por un suave brioche. La carne de vacuno da paso a un jugoso magret de pato. Y en el centro, la pieza angular: un escalope de foie gras que se deshace en la boca. La combinación es sublime, un contraste de texturas y sabores ricos y profundos que no se olvidan fácilmente. No es una hamburguesa; es una escultura comestible.

La Experiencia Completa: Un Ritual de Placer

La magia del Salón de Allégorie reside en su flexibilidad. No es un lugar de paso, sino un destino en sí mismo. Es el sitio ideal para empezar la velada con un aperitivo que se alarga, compartiendo raciones y cócteles antes de pasar al restaurante. O, en un giro igualmente placentero, puede ser el broche de oro perfecto: ese lugar al que acudes para una copa tranquila y un último bocado delicioso después de una cena.

El ambiente es clave. Es elegante sin ser pretencioso, acogedor sin ser recargado. La luz tenue, la decoración cuidada y el servicio atento crean el escenario perfecto para una cita romántica, una conversación profunda con amigos o incluso un momento de disfrute en solitario. Es un espacio que se adapta al estado de ánimo del comensal.

Y para quienes no beben alcohol, la carta no es una ocurrencia tardía. El Berry Julep, con bayas de temporada, menta fresca y ginger beer, es una explosión de frescura. El Allégorie Sunrise, con sus sabores tropicales, o la sencillez perfecta de la Citronnade demuestran el mismo cuidado en todas las propuestas.

Una Parada Obligada

El Salón de Allégorie no es solo una ampliación del local; es la materialización de una idea: que los momentos de ocio pueden y deben estar llenos de belleza y sabor. Han logrado crear un refugio urbano donde la alta cocina se sirve sin ceremonias rígidas, donde la coctelería es un arte accesible y donde cada detalle está pensado para el disfrute.

Es, en definitiva, una dirección que hay que apuntar. Un lugar que demuestra que la elegancia no está reñida con la calidez y que los placeres gastronómicos más sofisticados pueden encontrarse en el gesto sencillo de compartir una copa y un buen plato.

Una alegoría, en efecto, de la buena vida.

Ana Rojo

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