Se han necesitado 250 años para que Domenico Scarlatti, el músico napolitano establecido en Madrid, irrumpa en el escaso conocimiento musical de las clases ilustradas españolas con toda la fuerza de sus más de 500 sonatas. Éstas y toda su demás producción musical han sido programadas profusamente con ocasión de este aniversario, y Scarlatti ha tenido justicia, tardía como casi siempre en estos pagos.
Entre la multitud de celebraciones, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha programado en su hermosa sede del centro de Madrid, un ciclo durante este mes de abril, trasmitido en directo por Radio Clásica, que ha tenido broche de oro el sábado 28 de abril, cuando las multitudes madrileñas habían ya iniciado su ‘acueducto’ del primero de mayo y cabalgaban por las autopistas ajenas del todo a tal mínimo festejo.
Pero se trataba de una joya escondida. Primero, el intérprete, un pianista veneciano que sin duda dejará huella en la senda abierta por Pollini y Benedetti, el joven Brenno Ambrosini, catedrático del conservatorio de Castellón, alguien que no se limita a interpretar mejor o peor una obra tras otra sino que es capaz de una propuesta que se escucha pocas veces: intercalar, fundir piezas de autores actuales con sonatas clásicas, en este caso cuatro de Scarlatti con cuatro de los compositores Voro García Fernández, Reinhard David Flender, Gian Franco Prato y Carlos Cruz de Castro a él dedicadas.
Fue un auténtico recital el de Ambrosini, un Scarlatti desconocido, mucho más profundo que el habitual interpretado al galope en el clavicémbalo, y unas introducciones, intermedios y prólogos contemporáneos que enlazaban a la perfección con unas partituras de hace dos siglos y medio.
No ocurre casi nunca la buena combinación entre el pasado y el presente. Debe ser difícil para los intérpretes. Pero ayuda mucho a irse formando en el universo inabarcable de la música, y a ir encajando piezas que de otra manera resultan incoherentes. Lo tradicional y lo nuevo juntos es casi una entelequia. Scarlatti hubiera disfrutado.
DOMINGO ESCARLATI
Giuseppe Domenico Scarlatti (26 de octubre de 1685 – 23 de julio de 1757) fue como decimos un compositor barroco de origen italiano afincado en España, donde compuso casi todas sus sonatas para clavicémbalo, por las que es universalmente reconocido.
Nació en Nápoles (Italia), en ese momento perteneciente a la corona española, y fue el sexto de diez hijos y hermano menor de Pietro Filippo Scarlatti, también músico. Lo más probable es que comenzase estudiando con su padre, el compositor y profesor Alessandro Scarlatti. Se convirtió en compositor y organista de la capilla real de Nápoles en 1701, y en 1704. En 1709 fue a Roma para ponerse al servicio de la exiliada reina polaca María Casimira; durante su estancia en Roma conoció a Thomas Roseingrave, el cual encabezó la recepción entusiasta de las sonatas del compositor en Londres. Domenico era ya un eminente clavecinista, y hay un relato que cuenta que en una prueba de talento con Georg Friedrich Händel en el palacio del cardenal Ottoboni en Roma, se le declaró superior a Handel en este instrumento, pero inferior en el órgano. Más tarde, cuando ya era mayor, se sabe que se persignaba en veneración cuando hablaba de las aptitudes de Händel.
Además, durante su estancia en Roma, fue maestro di capella en la Basílica de San Pedro desde 1715 a 1719, y en el último año se fue a Londres a dirigir su ópera Narciso en el King’s Theatre. En 1729 se traslada a Sevilla con el séquito de la princesa portuguesa, donde seguramente conocería los aires de la música popular andaluza. En 1733 se instala definitivamente en Madrid como maestro de música de la ya reina de España, donde vivió hasta su muerte. Después de la muerte de su primera esposa en 1742 se casó con una española, Anastasia Maxarti Ximenes, con la que tuvo dos hijos.
Durante su estancia en Madrid, Scarlatti compuso alrededor de 555 sonatas bipartitas para teclado. Es por estas obras por las que se le recuerda hoy en día. En ellas se aprecia una música totalmente original y distinta a la del repertorio operístico, instrumental y de cantatas profanas y religiosas que compuso en su juventud. La asimilación de los aires populares españoles y la experimentación constante de las posibilidades del clave, instrumento de cámara en el que ejercitaba su magisterio para la reina, le llevaron a ser el iniciador de la escuela de clave española del siglo XVIII, que tendría seguidores en autores de la talla del Padre Soler. Tan identificado se sintió con la vida española que llegó a firmar con el nombre de Domingo Escarlati, apellido que aún conservan sus descendientes. Es por ello por lo que se puede afirmar que Scarlatti es uno de los más importantes compositores de música en España.
Domenico Scarlatti murió en Madrid, a la edad de 71 años. Su residencia en la calle Leganitos tiene designada una placa histórica, y sus descendientes viven aún hoy en Madrid.
Sólo una minúscula fracción de su producción se publicó durante la vida del compositor; el mismo Scarlatti pareció haber supervisado la publicación en 1738 de su colección más famosa, una antología de treinta sonatas que tituló Essercizi per gravicémvalo que fue recibida con entusiasmo por el más destacado musicólogo del siglo XIX, Dr. Charles Burney. Aún hoy, la mayoría del repertorio scarlattiano interpretado en concierto, está basado en los Essercizi.
Sin embargo, nos han llegado 555 sonatas bipartitas, siendo todas esencialmente de un solo movimiento divididas en dos partes iguales (y repetidas), pero comprenden una gama sorprendente de expresión musical e invención formal. Las dificultades técnicas de sus sonatas (constante uso de la acciaccatura, saltos de manos) han hecho que a menudo se las considere como meros estudios de virtuosismo, pero su calidad está cimentada en que la dificultad está en buena medida al servicio de explorar todos los recursos y capacidades del clavicémbalo. Es también notable la variedad rítmica y la capacidad de invención temática y estructural, de una culta perfección, que es enmascarada por su carácter «popular» y su aparente frescura y facilidad de escucha.
Aparte de los Essercizi, el resto de sonatas no publicadas en vida del compositor solo han sido impresas de forma fragmentaria hasta bien entrado el siglo XX, y su repertorio completo no es atendido todavía de forma completa y regular en concierto. Sin embargo Scarlatti ha atraído a notables admiradores, incluyendo Chopin, Brahms, Bartok, Heinrich Schenker y Vladimir Horowitz, con la admiración constante de la escuela pianística rusa. El norteamericano Scott Ross grabó al clavicémbalo para la casa Erato la integral de sus sonatas bipartitas, lo que supuso un hito en el conocimiento y obra del compositor italo-español.
Scarlatti estuvo muy influido por la música folclórica española. Su uso del modo frigio y otras inflexiones tonales más o menos totalmente ajenas al arte musical europeo son síntomas obvios de esta influencia, así como su uso de cúmulos de acordes extremadamente disonantes y otras técnicas que parece imitan la guitarra. Su rico uso, a veces trágico, de modismos folclóricos también le singulariza. Hasta la llegada de Bártok y sus contemporáneos no se le daría a la música folclórica una voz tan estridente como Scarlatti.
Scarlatti anticipó muchos de los desarrollos formales que conducen al así llamado «estilo clásico» y así, con justificación, se le podría describir como el primer compositor clásico.
Sin embargo, siempre difícil de definir, la tempestuosidad musical de Scarlatti sugiere Romanticismo, mientras que su intensa inquietud formal y sintáctica e ironía parece llevarle cerca del modernismo de Stravinsky.
LAS SONATAS
Siguiendo la enciclopedia digital colectiva Wikipedia, añadamos que las sonatas scarlattianas poseen una estructura idéntica. Su estructura responde a una forma binaria compuesta por dos partes sensiblemente iguales, que está previsto que se repitan. La primera parte finaliza a menudo en la nota dominante y la segunda siempre en la tónica. Las cadencias con que se concluyen cada una de las dos partes son similares. Hay pocas excepciones a este esquema básico. Scarlatti, gran creador de ideas musicales, no se preocupó en exceso de renovar las formas musicales de su época.
La grandeza de las sonatas de Scarlatti reside en su riqueza de motivos musicales, en todas las figuras de su retórica musical. Destaca en su quehacer la variedad en la invención rítmica y melódica y la habilidad casi diabólica en la utilización de todas las capacidades del clavicémbalo. A primera vista la limpia y ordenada escritura de sus sonatas harían pensar en que la ejecución de estas obras es relativamente sencilla. Nada más lejos de la realidad. La claridad de su pentagrama esconde terribles dificultades para el músico que las interpreta. Algunas contienen cambios de mano, saltos de octavas, complicados arpegios y escalas rapidísimas.
En cuanto al ritmo, sus obras para teclado están animadas por un carácter vivo y variado, con una notable influencia de la rítmica de los aires populares de la música española. En numerosas ocasiones se escuchan células rítmicas que podríamos calificar de ostinati que recorren toda la longitud de la sonata y recuerdan a los del pulso de la guitarra flamenca. Se escuchan en su clave las notas repetidas de los instrumentos de cuerda pulsada con púa o las castañuelas percutidas repetidamente.
Pero quizá el rasgo más sorprendente del arte de Domenico Scarlatti es su extraordinaria habilidad para la modulación, una de las marcas de estilo más sorperndentes del genio del napolitano. Es capaz de recorrer con ella todas las tonalidades dentro de una obra. Unas son en progresión, otras aparecen a intervalos, en ocasiones son abruptas: en estos casos el oyente es llevado sin transición a otra región tonal, a veces muy alejada (a menudo un tono entero, otras veces una tercera).
El caso es que el ciclo de la Real Academia ha terminado. Una lástima para que el no se haya enterado y estuviera interesado. Pero sin duda otra vez será.
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