Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Jardines impresionistas, exposición impresionante, por J.C.Deus

José Catalán Deus 15 Nov 2010 - 20:47 CET
Archivado en:

130 preciosos ‘cromos’ -como en un momento de la presentación se refirió a ellos Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen‐Bornemisza- aseguran un largo y grato recorrido por el tema del jardín en la pintura desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del XX. ‘Jardines impresionistas’ junta ya en su título las dos palabras favoritas de los visitantes españoles de museos hoy día. La muestra incluye una amplia representación de la pintura impresionista, con obras de Manet, Monet, Pissarro, Renoir, Sisley, Caillebotte o Berthe Morisot, pero también de algunos precursores del impresionismo, como Delacroix y Corot, y de grandes pintores de la generación siguiente, como Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Klimt, Munch y Nolde, entre muchos otros nombres. Sin duda tendrá gran éxito de público, como tuvieron los impresionistas la pasada temporada en la Fundación Mapfre y tiene en estos momentos Renoir en el Museo del Prado.

Pero seamos honestos. Además de buscar merecida y lícitamente el éxito en ese competitivo espectáculo de masas en que se han convertido los museos, ‘Jardines impresionistas’ es un despliegue de belleza y alegría tan impresionante que hasta el más curtido experto y el más resabiado crítico no pueden sino celebrarlo.

En conjunto, 130 obras de primera magnitud, repartidas entre doce salas de ambas prestigiosas instituciones culturales, el Museo Thyssen‐Bornemisza y la Fundación Caja Madrid, son una cascada de sugerencias, una oleada de sensaciones y un terremoto de placenteras vistas capaz de aliviar al más triste, al más estresado, al más atribulado de nuestros conciudadanos. Dediquen tres o cuatro horas al espectáculo. Equípense adecuadamente para tan larga travesía. Comiencen en el Tyssen mirando de reojo la hermosura del Paseo del Prado; después, atraviesen el centro de la ciudad andando; suban por el barrio de Las Letras hasta la Puerta del Sol y enseguida penetren en la segunda fase, la de la plaza de San Martín, en ese sorprendente palacio diáfano a pocos metros del convento de las Descalzas y del Palacio Real, al lado de la Plaza Mayor, no mal sitio donde terminar la gira. Un viaje relámpago e inolvidable.

Desde mediados del siglo XIX proliferaron los jardines públicos y privados en toda Europa. La introducción y el cruce de cientos de plantas y especies de flores “nuevas” procedentes de Asia, África y América, así como la inauguración y apertura al público de los primeros parques reales, estimularon un gran “movimiento hortícola”. La jardinería se convirtió en uno de los pasatiempos predilectos, y entre los pintores impresionistas, algunos como Monet y Caillebotte compartieron esta afición, intercambiándose consejos y experiencias, y creando sus propios “jardines de artista”.Con su gusto por el color, el trabajo al aire libre y los efectos de la luz, los impresionistas y sus seguidores tomaron flores, parques y jardines como motivo artístico y fuente frecuente de inspiración. Después, las grandes guerras anegaron los jardines; el mundo cambió y el acelerador de partículas sociales en que nos han metido no dejó de dar vueltas cada vez más rápidas hasta no poder ver ya jardines, ni huertos, ni siquiera alguna florecilla. ¿Nostalgia? ¿Melancolía?

Como decimos, se trata de un vasto recorrido por el tema del jardín en la pintura desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. El Thyssen ha aprovechado un proyecto de la National Gallery of Scotland, en Edimburgo, para celebrar su 150º aniversario. A la prospección de ésta -obra de la profesora Clare Willsdon y del director del museo, Michael Clarke- por el universo impresionista en busca de esa naturaleza cautiva, de ese ‘animal de compañía’ que ha sustituido en nuestros lares el primigenio paisaje, Guillermo Solana vio la oportunidad de añadir las enormes existencias del museo y duplicar su impacto y contundencia. El resultado puede parecer a los más desconfiados de esta sociedad del espectáculo, ñoño, escapista, trillado, pero realmente posee méritos y virtudes innegables.

Comienza en las salas del Thyssen con una sección dedicada a los precursores. La pintura de flores del romanticismo (representada por Delacroix) se yuxtapone aquí a los floreros de Bazille o Renoir. Frente a estos «jardines de interior», los pintores de la escuela de Barbizon se abrieron al aire libre y exploraron el jardín como paisaje. Artistas como Millet, Corot y Daubigny serían precedentes inmediatos de la pintura impresionista francesa.

La aproximación de los impresionistas al tema del jardín está marcada por tres dimensiones, social, decorativa y, final y marginalmente, productiva. En el aspecto social, el jardín aparece como un punto de encuentro entre lo urbano y lo rural, puede ser una isla de naturaleza en medio del asfalto o bien un fragmento de orden civil en mitad del campo. Así como los pintores de Barbizon habían representado jardines campestres, Manet y los impresionistas descubrieron en los parques parisienses los atractivos combinados de la vida moderna y el aire libre.

La segunda polaridad se establece entre los grandes espacios verdes de carácter público (como el Parc Monceau, el Bois de Boulogne o el Trocadero) y los pequeños jardines privados, frecuentemente vinculados a la casa del artista. Monet y Pissarro, Morisot y Sargent nos revelan los parques de París y otras ciudades como escenarios de una intensa vida social donde cohabitan y disfrutan las diversas clases. En el jardín privado, por otra parte, los mismos pintores plasman el ámbito de la intimidad y lo personal: la conversación, la lectura, el juego o el reposo.

La tercera oposición se establece entre el jardín decorativo (escenario del ocio) y el jardín productivo (espacio de trabajo). Las dos últimas salas de la exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza se centran en la dedicación de Pissarro al tema del huerto, con especial énfasis en la figura del campesino trabajando (en consonancia con las supuestas convicciones anarquistas del artista). Algunos artistas que recibieron las lecciones de Pissarro o experimentaron su influencia, como Cézanne, Gauguin o Van Gogh, están también representados aquí.

En la Fundación Caja Madrid, el recorrido continúa, en la gran sala central, con la evolución del tema del jardín en la obra tardía de los impresionistas franceses (con lienzos de Monet, Pissarro o Caillebotte) y en la nueva generación de pintores postimpresionistas (como Van Gogh, Klimt, Vuillard, Bonnard o Toulouse-Lautrec).

En el espacio de la planta superior, la atención se desplaza hacia la pintura naturalista europea y americana del cambio de siglo. Todo un elenco de artistas alemanes, escandinavos, británicos o estadounidenses se dejaron influir por la búsqueda de la luz y el aire libre, características del impresionismo. Una tendencia paralela se observa en la pintura española de la época, representada por nombres como Sorolla, Regoyos, Pla, Meifrèn o Anglada-Camarasa, reunidos aquí en un espacio aparte.

La última sala presenta la metamorfosis del jardín en la transición del postimpresionismo a las primeras vanguardias del si glo XX, como el fauvismo, el cubismo y el expresionismo alemán, con obras de Cézanne, Munch, Nolde, Dufy, Braque, Malévich y Ernst.

Con préstamos destacados de colecciones y museos de todo el mundo, como el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, la National Gallery of Art de Washington, el Musée d’Orsay de París, o la Tate de Londres, la exposición sería una soñada historia gráfica de la jardinería
durante el siglo XIX, un descomunal calendario gigante de imposible posesión humana, una colección de cromos propia de los dioses de algún galáctico olimpo.

Escribiríamos largo y tendido de la docena de obras que nos han dejado especialmente ‘touchés’ pero no queremos predisponer a nadie. Busquen su docena personal e intransferible en este largo invierno.

JARDINES IMPRESIONISTAS
Del 16 de noviembre de 2010 al 13 de febrero de 2011
Museo Thyssen‐Bornemiza de Madrid, Fundación Caja Madrid y National
Gallery de Edimburgo.
Sedes: Museo Thyssen‐Bornemisza y Fundación Caja Madrid
Comisarios: Michael Clarke, director de la National Gallery de Escocia; Guillermo Solana,
director del Museo Thyssen‐Bornemisza, y Clare Willsdon, profesora de Historia del Arte de la
Universidad de Glasgow.
Más información:
www.museothyssen.org
www.fundacioncajamadrid.org

Más en Sin categoría

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by