Calificación del espectáculo (del 1 al 10)
Argumento, 3
Libreto, 3
Partitura, 7
Dirección musical, 7
Dirección artística, 7
Voces, 7
Orquesta y Coro, 7
Interpretación, 6
Estamos ante una obra en nueve escenas y dos actos, sobredimensionada también en duración, que no debería tener una pausa de media hora en medio. El primer acto roza el aburrimiento; el segundo es más entretenido pero más incoherente. El final de la obra, sin embargo, se eleva sobre todo lo demás en un largo apoteosis efectivo y brillante.
En cuanto al argumento, nos es imposible resumirlo en una secuencia lógica. Está lleno de incoherencias, abruptos saltos y desarrollos paralelos. Se resiste a la lógica y al final se resume en un conjunto de apariencias en el que nociones peregrinas de cibernética se mezclan con trozos en latín del Apocalipsis de San Juan, en el que unas sucesión de misteriosos correos electrónicos que parecen iniciar la trama, desaparecen por ensalmo para dar cabida a un robot japonés que ocupará algunas escenas antes de evaporarse en una nueva contingencia, una conspiración de todos los personajes para exprimir la creatividad del protagonista gracias a la seducción de la soprano y a las malas artes de su mejor amigo.
‘La página en blanco’ peca de osada, como las anteriores propuestas de autores españoles actuales en el Teatro Real, ya fuera ‘El viaje a Simorgh’ de José María Sánchez Verdú en 2007, o ‘Faust-bal’ de Leonardo Balada en 2009. La intención de poner óperas actuales autóctonas a la altura de Verdi y de Wagner, es loable, pero imposible. Mejor haría el Real en consolidar una segunda división de más fácil acceso y menos pretensiones, algo que la propuesta ‘operadhoy’ lleva haciendo hace años y cuyo tono más modesto sería más adecuado y permitiría mayor igualdad de oportunidades.
Por tanto, no culpemos de lo ocurrido únicamente al libreto. La partitura, para decirlo en palabras de la misma autora, ‘es más un menú que un plato’, una amalgama de ecos e influencias para cuyo ensamblaje final ha necesitado una pequeña ayuda. No obstante, tiene grandes valores, se escucha con interés y está llena de atractivos. Es las parte vocal donde naufraga ostensiblemente, como lo hacían sus colegas Verdú y Balada, y como lo hacen la mayoría de las óperas actuales. Las disonancias instrumentales resultan más accesibles que las extravagancias vocales. Es imposible salvar la barrera de la artificialidad y el ridículo, y en esta ópera se repite el fiasco de arias, solos y combinaciones que chirrrían desaforadamente. Hasta el espectador curtido sufre frente a la ausencia de coherencia, de belleza y de armonía que las voces experimentan en ‘La página en blanco’. Las intervenciones de los cantantes son feas, abrumadoramente feas, y a eso se le podrá llamar como se quiera. Abundan los recitativos hasta el punto de que a veces parece que nadie en realidad canta.
Pilar Jurado ha querido ir más lejos que nadie, construir una historia con Cibernética y Evangelios, de rabiosa actualidad y profundas moralejas, entre ordenadores y latinajos, con robot japonés incluido y la mayor cantidad posible de moderneces prosaicas. El reparto debe superar la inconsistencia de los personajes, y eso hacen el contratenor Andrew Watts y el barítono Hernán Iturralde, sin que lo logren la mezzo Natascha Petrinsky y el tenor José Luis Sola, al que toca uno de los personajes más absurdos que pueda imaginarse.
El estreno registró un abucheo bastante consistente. Algunas localidades sin ocupar por los abonados no eran buen presagio. En el descanso abandonó una parte del público y rostros y comentarios reflejaban descontento. Al final la habitual división de opiniones entre un tercio entusiasta, un tercio crítico y un tercio silencioso, que es otra forma de no mostrar entusiasmo. La orquestam, el coro y los papeles secundarios recibieron más aplausos que los protagonistas. No hubo apoyo a la puesta en escena. Y la protagonista de la noche por partida triple -compositora, libretista y soprano- focalizó la protesta y una reacción entusiasta pero muy minoritaria entre el público que aún n o había abandonado la sala.
Demasiadas pretensiones y demasiadas expectativas desbaratan una obra que corregida de incongruencias argumentales, redimensionada en duración y mejorada en sus partes vocales, puede cambiar radicalmente y tener futuro. Pilar Jurado ha tenido una oportunidad que a casi nadie llega y ha sabido aprovecharla, demostrando valor, inteligencia y grandes dotes musicales. Ojalá lleguen nuevas y consistentes páginas.
EQUIPO ARTÍSTICO
Director musical Titus Engel
Director de escena David Hermann
Escenógrafo Alexander Polzin
Figurinista Annabelle Witt
luminador Urs Schönebaum
Directora del vídeo Claudia Rohrmoser
Director del coro Andrés Máspero
REPARTO
Ricardo Estapé Otto Katzameier
Xavi Novarro Nikolai Schukoff
Aisha Djarou Pilar Jurado
Marta Stewart Natascha Petrinsky
Gérard Musy Hernán Iturralde
Kobayashi Andrew Watts
Ramón Delgado José Luis Sola
Coro Titular del Teatro Real
(Coro Intermezzo)
Orquesta Titular del Teatro Real
(Orquesta Sinfónica de Madrid)
DURACIÓN APROXIMADA
Prólogo y Acto I: 1 hora y 5 min.
Pausa de 25 min.
Acto II: 45 min.
FECHAS: Febrero, 11, 14, 16, 18, 22, 25, 28: Marzo 2.
A las 20.00 horas
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