Heinrich Hoffmann, fotógrafo personal de Hitler y en cuyo taller llegó a trabajar incluso la futura esposa del ‘Führer’, Eva Braun, no hizo caso de las órdenes del dictador y conservó una serie de fotografias que le tomó en 1925, días después de que éste fuera liberado de su confinamiento carcelario de nueve meses durante el cual dictó su autobiografía, Mein Kampf.
«PARECE UN BUFÓN»
Las instantáneas, que vieron la luz en número reducido para las escasas personas que pudieron hacerse en 1955 con el libro de memorias ‘Hitler fue mi amigo’, escrito por el citado artista, salen ahora en tropel en Internet. En el prefacio de su obra Hoffmann dejó escrito:
«Adolf Hitler parece un bufón en algunas de las fotos, pero esto demuestra que él estaba experimentando con su imagen. Es decir, Hitler fue un político muy moderno para su época».
En ellas puede observarse cómo Hitler ensayaba, con la grabación de fondo de sus discursos, sus apariciones en público, en un curioso ejercicio de oratoria en aras de dar mayor énfasis a sus mensajes.
NO LE HIZO CASO
Los negativos de estas histriónicas fotografías fueron mandados destruir por Adolf Hitler una vez alcanzó el poder, aunque el fotógrado aludido hizo caso omiso y guardó los archivos cautelosamente.
Según contó un historiador, cuando Hitler vio las fotos, le dijo a Hoffmann: «Nunca voy a hacer eso otra vez».
Las instantáneas fueron guardadas en el estudio del fotógrafo, que resultaría detenido a finales de la II Guerra Mundial por las fuerzas armadas estadounidenses, y condenado a diez años de cárcel por alta actividad pronazi. Falleció en Múnich en 1957.
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