Escribe este 7 de abril de 2016 el siempre polémico Salvador Soster en ‘ABC‘ que Pedro Sánchez ha sabido sacar partido de la guerra interna del soberanismo y tiene asegurada, como mínimo, la abstención de Convergència a cambio de que el próximo ministro de Hacienda no genere las presentes tensiones de tesorería en la Generalitat.
Después de tanto insistir en el referendo sobre la independencia como condición imprescindible para cualquier tipo de acuerdo, los convergentes lo han retirado de sus exigencias por el doble miedo a la asfixia económica y a que la repetición de las elecciones ampliara, como sugieren todas las encuestas, la ventaja que ya Esquerra les sacó el 20 de diciembre.
Es tal la preocupación en Convergència por su naufragio electoral, que Francesc Homs, en una reunión mantenida recientemente con los socialistas en Madrid para expresarles su incondicional apoyo, llegó a ofrecerse preguntándoles literalmente si preferían la abstención o el voto favorable, renunciando por completo al tan reclamado referendo a cambio de ganar tiempo, en la confianza de que un gobierno de PSOE y Podemos será siempre más amable con las necesidades financieras de la Generalitat que uno del PP.
La misma estrategia siguió el presidente catalán, Carles Puigdemont, en su encuentro con el líder socialista celebrado en Barcelona. el pasado 15 de marzo.
La idea de echar a Rajoy es el argumento que tienen pensado utilizar para contentar a sus bases más extremistas, en compensación por la decepción de que el referendo sobre la independencia no haya sido la única condición para una negociación de esta importancia, tal como tantas y tantas veces prometieron a su militancia.
La oferta a ERC
Por su parte, Oriol Junqueras, que el pasado 15 de marzo se reunió en secreto con Pedro Sánchez, se mostró más reacio a cualquier acuerdo que no incluya la consulta. Al filtrarse la noticia de su encuentro secreto con Sánchez el entorno convergente le acusó ayer de traidor, ante la sorpresa del líder republicano, que precisamente conoció la estrategia de Homs por boca de Sánchez.
Una estrategia que para nada contempla la unidad de acción tan reclamada por los convergentes, y que tiene por único objetivo frenar las expectativas electorales de Esquerra.
El PSOE, como trece años atrás hizo con el tripartito, vuelve a beneficiarse de la pelea fratricida de los partidos soberanistas por lograr la hegemonía en su ámbito político, que es mucho más su objetivo realista que la idea de independizarse de España.
Si entonces el aliado fue ERC, hoy Convergència es el miembro débil de la manada que acude al pacto.
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