Los británicos podrán seguir descargándose alguna que otras película guarra o unas decenas de fotos eróticas, pero si son clientes de Virgin, el segundo proveedor de acceso (ISP) del país, a lo mejor un buen día les cortan el gripo. La compañía está negociando con organizaciones de gestión de derechos para poner coto a los sistemas de intercambio de archivos p2p (peer to peer), utilizado por seis millones de británicos.
La compañía de cable está en conversaciones con la British Phonographic Industry (BPI), la más importante de estas asociaciones, para aplicar el llamado modelo de los tres strikes: primero se avisa al infractor, luego se le interrumpe la conexión temporalmente si no hace caso a los avisos, y por último se le desengancha de la red definitivamente. Este modelo ya fue aplicado el pasado verano por Tiscali, que desconectó a 24 clientes.
La legislación británica no reconoce, como sí lo hacen la de España y Francia, el derecho a la copia privada, por lo que no hay ningún tipo de canon compensatorio. La BPI, que actúa como la Sociedad General de Autores (SGAE) española, quiere crear una red de agentes para detectar los IP (el número de identificación de cada conexión) desde los que se realizan las descargas masivas y avisar al ISP, que se encargaría de advertir a su cliente para que cese su actividad.
En España, las entidades de gestión quieren que se aplique un modelo similar de vigilancia y corte de suministro, aunque, por el momento, sin éxito.
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