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Entretenimiento puro, pero con unos fallos importantes

¿Por qué ha pinchado ‘Masterchef’ en TVE cuando es el mejor programa de la temporada?

Sólo un 11% de la audiencia siguió el estreno de uno de los realities más exitosos del mundo ¿Por qué en España no funciona?

Sergio Espí 11 Abr 2013 - 14:03 CET
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Prometía ser el nuevo ‘Operación Triunfo’, el típico formato que revoluciona la TV y del que nacen miles de copias pero, finalmente, ‘Masterchef’ pinchó en su estreno con un 11% de cuota de pantalla acumulada. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué en España no ha funcionado un programa líder en todo el mundo? ¿Hay culpables? Puede que sí.

Aunque los programas de cocina siempre han tenido buena acogida, en época de crisis hay más demanda de ellos. Es curioso que haya crecido la moda y/o adicción por los cursos de cocina (que no son baratos) y en especial de repostería creativa. La gente quiere así rentabilizar una cena, por ejemplo. En vez de gastarselo en un restaurante, aprenden a cocinar y a sorprender a los suyos celebrando las veladas en casa y amortizando gastos.

Además, la cocina es uno de los hobbies favoritos de los españoles. Nos hemos criado todos con las altas expectativas y la riqueza de la dieta mediterránea. Nuestra gastronomía es bandera y orgullo cultural, una de las pocas cosas que exportamos sin problemas. Por lo tanto, todo lo que tenga que ver con los fogones, atrae. Eso hace que los chefs sean estrellas mediáticas, que Arguiñano, Julius, Chicote, Adriá o Sergi Arola triunfen no sólo por su comida.

‘MasterChef’ tenía la mejor materia prima para triunfar. Cuando TVE anunció el proyecto de adaptar uno de los concursos gastronómicos de mayor éxito a nivel internacional, miles de personas se presentaron al magro casting que tuvo lugar, entre otros sitios, la plaza de Oriente de Madrid (escena que vimos ayer en su estreno).

‘Masterchef’ es bueno porque está tremendamente bien editado. El ritmo es vertiginoso. Está ideado para no aburrir gracias a pruebas variadas y estimulantes (en el primer `programa, por ejemplo, dos equipos tuvieron que dar de comer a 151 soldados).

De los concursantes ya hay auténticas promesas, típicos rostros que destacan y que pueden llegar a ser verdaderas estrellas gastro-catódicas (como el chavalín portentoso de 18 años, por ejemplo). El jurado- los cocineros Pepe Rodríguez, del restaurante El Bohío, Samantha Vallejo-Nágera y Jordi Cruz- es cañero, sabe muy bien lo que tiene que hacer para crear tensión, para imitar a Risto y hacer sufrir al personal.

Esta es la televisión pública que se quiere ver. Ofrece un producto entretenido, bien realizado, emocionante y del que se puede sacar mucho provecho.

¿POR QUÉ NO HA FUNCIONADO EL ESTRENO?

Hay varias respuestas. Primero, porque la gente ya no se fía de una cadena en al que, por ejemplo, no se trata en sus magazines de la imputación de la Infanta. Los recortes y retrasos nos hacen sospechar que todo lo que estrena la pública va a ser cutre- este no es el caso, así que, por favor, hay que darle una segunda oportunidad-.

Luego, ‘Masterchef’ no es una escuela. Eso es lo que tira para atrás. Podrían dedicarse a la cocina o al macramé. No se dan explicaciones, ni trucos, ni recetas. el jurado explica pero no enseña. El espectador no participa en nada. Ni aprende ni puede disfrutar de las creaciones ya que, obviamente, no las puede probar, por lo que el interés, al final, se va apagando.

Cierto es que el programa no está pensado como escuela. En EEUU, por ejemplo, se presentan siempre profesionales y dan por hecho que tanto los participantes como la audiencia tienen que ser expertos. España is different, señores. Quién consume esto son aficionados, amas de casa, estudiantes y demás. Hay que adaptarlo a ellos.

Otro fallo, el jurado. Sí, son malos y exigentes, pero les falta carisma. Los tres tienen la misma cara de mala leche. No hay humor, bromas entre ellos, ‘piques’… -Vallejo Nágera, sobre todo, puesto que su papel ahí resulta anticuado, rancio. Todo es forzado y falso.

Y por último, Eva González, la mujer a la que Pilar Rubio debería ponerle una plaza a su nombre, porque comparada con aquella, ésta es la alegría de la huerta. La andaluza habrá salido a un precio rentable en TVE, pero no vale ni aunque se esfuerce. Su intento por ocultar su acento es casi ofensivo y ridículo. Se nota que no está cómoda, que lee un guión punto por punto y que cuando consuela a los concursantes, en realidad le da exactamente igual que lloren o rían.

 

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