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Fiestas de la Virgen

Tres foramontanos en Valladolid 07 Sep 2011 - 07:19 CET
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Por José María Arévalo

(Procesión de la Virgen de San Lorenzo. Òleo de Matías Blasco expuesto en la Iglesia de San Lorenzo de Valladolid. 1621) (*)

Es fama que tanto de organizado y eficaz administrador tiene el alcalde vallisoletano, como de hosco y antipático. Sigue aquello de que para qué vamos a quedar bien si podemos quedar fatal. Con motivo de las Fiestas de nuestra Virgen de San Lorenzo ha buzoneado una carta “A los vecinos y vecinas de Valladolid” en la que queda de pena con nuestra Patrona. “A decir de la leyenda – suscribe Francisco Javier León de la Riva, Alcalde de Valladolid-, Nuestra Señora de San Lorenzo ha sido valedora de los buenos deseos de los vallisoletanos durante más de siete siglos, pero su intercesión de nada habría valido sin la propia actitud de la ciudadanía -comprometida, solidaria y positiva- a la hora de abordar cualquier reto”. Hay que ser patoso y desaborido (“saborío” en andaluz, que es mucho más), para dejar tan mal a la Virgen, cuya intercesión de nada vale sin lo buenos que somos los vallisoletanos. Y para calificar de leyenda –supongo se refiere a los cuadros, del siglo XVII, de los milagros de la Virgen de San Lorenzo, que cuelgan en la iglesia de su nombre y que ya mencionaron nuestros clásicos- los favores que nos concedió y sigue concediéndonos, aunque ahora sean más espirituales.

Menos mal que en el librillo del programa de fiestas que adjunta a la carta, vuelve a escribir empezando con un piropo a Nuestra Señora: “!Tener una Patrona de altura tiene, sin duda, sus ventajas! En su nombre, a los vallisoletanos se nos desata el espíritu festivo y, colectivamente, no podemos evitar darlo todo”. Parece que quiere arreglarlo, aunque tampoco es muy afortunada la reflexión sobre el destape de lo festivo. Más le hubiera valido que no mezclara churras con merinas, y simplemente, por ejemplo, agradeciera a la Patrona el buen tiempo que nos ha dado todos estos años desde que el propio León de la Riva se arriesgara a adelantar las fiestas, en contra de la opinión de muchos, a estas fechas, desde las más avanzadas de San Mateo. Que celebremos ahora las fiestas de la Virgen, aun siendo justo y oportunísimo, no tiene más fundamento que el de conseguir que tengamos un tiempo en paz para disfrutarlas, que por estas alturas se encabrona cuando se acerca el otoño, lo cual a su vez es muy bueno para la cosecha de níscalos.

En fin, se ve que esto de tener que pregonar las fiestas todos los años es un agote para el alcalde y sus asesores, ya no saben qué decir. Quizá por eso solo consiguen cortar la mala costumbre de que les tiren huevos al balcón del Ayuntamiento no asomándose para dar la salida a las fiestas. O porque el personal, en su mayoría gamberros y “perroflautas”, como se dice ahora a los del 15 M, que se han juntado este año ya en Fuente Dorada, no entienden los propósitos de los munícipes. O estos tienen malas explicaderas. En la carta y programa vuelve el alcalde a hacerse un lío al tratar de fijar el objetivo de las fiestas. “…Cuando el tiempo de descanso estival toca a su fin es tiempo de celebrar el reencuentro y saludar de forma optimista y festiva el inicio del nuevo ciclo laboral, académico, escolar o, sencillamente, natural”. Hasta aquí, normal. Pero, después de una ininteligible referencia a “continuar celebrando nuestro propio paisanaje (sic) por todo lo alto” concluye que “la enjundia de la fiesta somos nosotros mismos y sólo nuestra es la responsabilidad de que la Feria, en esta edición, vuelva a conquistar las cotas de éxito, complicidad (sic), satisfacción, pluralidad y civismo que vienen caracterizándola.

También en el folleto del programa de festejos parece que aclara eso de la “complicidad del paisanaje”. Lo hace, entiendo, al justificar que este año hay que apretarse un poco el cinturón. “Es cierto –explica- que las actuales circunstancias económicas nos han obligado a redoblar el escrúpulo en la gestión presupuestaria. No obstante, cuando los ajustes se afrontan con un espíritu decididamente positivo y cuando, además, se cuenta con la complicidad, la generosidad y la comprensión de los ciudadanos, la dificultad se alivia y la celebración se afronta con el ánimo inalterado”.

De todas formas lo de la complicidad suena a ponerse de acuerdo para alguna fechoría. No sé cuál, porque la de sacar señoras desnudas en cabalgata se la cargó, con gran acierto y alguna protesta, hace dos o tres años, el propio León de la Riva. Parece arrepentido de ello cuando ahora escribe también: “El arrebato y el exceso no están en principio reñidos con la elegancia y el sentido común. Los vallisoletanos lo hemos demostrado en infinidad de ocasiones, dando ejemplo de lo enriquecedora, constructiva y satisfactoria que puede llegar a ser una participación desbordada”. ¡No me diga, señor alcalde¡. Vamos, que una vela a la Patrona y otra al diablo. No va usted, creo yo, por el buen camino, animando a los perroflautas a excederse y desbordarse. Luego no se queje si le tiran huevos, ya se lo dijimos. Va a ser más difícil sujetarlos que, como usted dice, “obiar el nefasto magnetismo que ejerce la dificultad económica y que tan fácilmente nos hace descuidar la atención sobre nuestras necesidades de divertimento y evasión”.

Modérese señor alcalde, que los tiempos no están para tanto jolgorio, y para que podamos tener, como nos desea, “!Feliz Feria y fiestas de Nuestra Señora de San Lorenzo!”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm7.static.flickr.com/6016/6096894805_535b68a761_z.jpg

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