Por José María Arévalo

(Bodegón con coca. Acuarela de Maria Rosario Leiva Jodar en charileiva.com)(*)
Quienes siguen nuestro blog – bastantes más de lo que reflejan los escasos comentarios a los artículos, nos consta- habrán advertido que, incluso en la revista de prensa que publicamos los lunes, recogemos bastantes artículos sobre temas militares y laborales. No es de extrañar, ya que se trata de las profesiones que ejercíamos, hasta que nos jubilamos, los tres “foramontanos”. Los demás asuntos que tratamos corresponden más bien a nuestras aficiones, la literaria en el caso de Javier Pardo de Santayana, el campo castellano en el de Carlos Bustamante, y la artística en el mío. Y alguna más, como puede verse por el reciente artículo de Javier que nos ha revelado sus andanzas taurinas de juventud.
Pues bien, en mi seguimiento de los temas laborales, ahora que el relevo gubernamental augura mejores soluciones para la gravísima crisis que arrastramos, he encontrado tres artículos sumamente lúcidos, y de prestigiosos columnistas, que me he apresurado a seleccionar para la revista de prensa de los lunes en nuestro blog. Ya hemos publicado uno de ellos, y los otros dos saldrán en breve. En los tres aparecen propuestas de solución para la necesaria reforma laboral, la lacra del desempleo, la amenaza sobre las pensiones, el intrincado pero ineficaz sistema de contratos e incentivos a la contratación, etc. Las soluciones en unos campos afectan a los demás, por la inevitable conexión entre todos ellos, entre cotizaciones y empleo, incentivos y costes sociales, como entre las posibles medidas económicas y las medidas sociales. Pero en este batiburrillo de problemas, me ha llamado especialmente la atención el distinto tratamiento que los tres articulistas, expertos en la materia, dan a las soluciones sobre la contratación, que me parece el principal y más urgente problema.
Aznar lo resolvió con el famoso contrato para el Fomento del empleo, que daba la posibilidad a las empresas de suscribir contratos temporales sin causa, eventuales sin que hubieran de acreditar motivo de la contratación, durante tres años. La presión de los sindicatos, todos estos años, ha insistido tanto en la precariedad de los contratos temporales, que la patronal ha optado, como solución alternativa, por defender el contrato indefinido pero con despido más barato, como lo hay en toda Europa. Pero en todos los países próximos se utilizan también profusamente los contratos temporales. Nuestros articulistas se pronuncian por un contrato único, pero con muy distintos matices. Tenemos un dilema, claramente. Veamos.
El pasado 31 de Octubre publicábamos en este blog el artículo de Esteban Ceca Magán, socio director de Ceca Magán Abogados, publicado en Expansión el anterior día 10, titulado “¿Contrarreforma laboral del PP?” . “Parece que el Partido Popular prepara su reforma laboral -decía Ceca Magán-. Nada de particular tiene, si desea iniciar su mandato gubernamental afrontando el primer problema que preocupa a los españoles: el nivel de desempleo y el crecimiento progresivo y descontrolado del mismo, que los gobiernos de Zapatero han sido incapaces de resolver. Ahora bien, ¿conseguirá Rajoy cortar esa sangría que ha supuesto llegar a cinco millones de desempleados y a un paro juvenil en torno al 43%?. Dependerá de la orientación y filosofía que impregne en la contrarreforma laboral. Si el PP, como parece, camina por la senda del fomento del contrato indefinido, no solucionará el problema (…) Si, por el contrario, el futuro Gobierno, desatendiendo cantos de sirena de sus áulicos consejeros laborales, proclives a potenciar la contratación indefinida, favorece contrariamente la temporalidad, con un amplio margen para la autonomía de la voluntad, irá por el camino adecuado”.
Llegado a este punto en mi lectura, pensé que el articulista propondría la solución de Aznar, el contrato para el Fomento del empleo. Pero no era así: “No hay que inventar, por ello –continuaba-, nuevos tipos contractuales. Ya hay demasiados. Se deben, muy al contrario, deslegalizar las relaciones laborales. No se puede sostener una decena de clases de contratos. Hay que ir a uno sólo, a un pacto–tipo, con peculiaridades voluntarias, dejadas al arbitrio y voluntad de los contratantes. Sin imposiciones normativas drásticas, que deben posponerse para cuando la crisis se haya superado.No hay que olvidar que quien está en paro no aspira hoy a un contrato indefinido, sino a abandonar las listas del INEM, a cambio de cualquier trabajo aun eventual o de claro sometimiento a la voluntad empresarial. Por eso, no se debe legislar más contra esta realidad, patente en la sociedad española.”
No conozco este tipo de contrato sin limitaciones, en el ámbito europeo, quizá sí sea factible en la peculiar sociedad norteamericana, hasta hace poco con índices de desempleo tan bajos que hacían viable cualquier cosa, además del respeto ancestral por la libertad, también la de la contratación, que caracteriza esa sociedad. Pero en definitiva, el articulista lo que defiende es la contratación temporal frente a la indefinida. Quizá su solución de un solo tipo de contrato, pero sin limitaciones, sea una baza dialéctica para obtener finalmente la temporalidad aunque sea limitada.
“Qué hacer en lo laboral” era el título del artículo publicado por Juan Antonio Sagardoy, catedrático de Derecho del Trabajo, el pasado 22 de Noviembre en Cinco días, y que nosotros hemos incluido el pasado lunes día 5. Lo que diga Sagardoy, el padre del Estatuto de los Trabajadores, la norma de referencia en las relaciones laborales, es siempre muy de atender. Pues bien, en esta materia de la contratación se inclina también por el contrato único, pero el indefinido: “Que haya un contrato único con estabilidad y con un coste razonable de extinción (la media europea)”. La propuesta viene acompañada de varias otras referidas a la flexibilidad, y a la ampliación del descuelgue de las empresas del corsé de los convenios colectivos.
Creo que he leído bien, entre líneas, el mensaje de Sagardoy. Contiene otra clave interesante, cuando escribe: “Sería muy deseable que en estos tiempos turbulentos que vivimos lo que haya que hacer se haga con audiencia y negociación de los agentes sociales, y si el intento fracasa, el Gobierno debe asumir su responsabilidad constitucional de gobernar. Pero en tal caso, hay que hacer un gran esfuerzo de explicación y justificación a los ciudadanos de lo que se hace. En este terremoto político de la arribada de los tecnócratas corremos el peligro de que no sepan explicar y vender lo que hacen (como es costumbre en los políticos), provocando agitaciones sociales. Me lo comentaba hace poco el vicepresidente de la CEIM, Juan Pablo Lázaro, y tiene toda la razón. Ojo a ese tema. Los tecnócratas, como los cirujanos, tienden a decir -y es verdad- que hay que operar y punto. Pero algo de anestesia moral es necesario. A veces basta una frase como la famosa de Kennedy: «No preguntes a América qué puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por América» para movilizar voluntades y aceptar sacrificios”.
El tercer artículo que me ha llamado la atención es de Joaquín Maudos, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia e investigador del Ivie, publicado en Cinco días el 23 de Noviembre pasado, que titulaba “Tres medidas concretas… pero, sobre todo, urgentes”, y que publicaremos en este blog el próximo día 12. La primera se refiere al Sector bancario, la tercera al Sector público, y titulaba la segunda “Mercado de trabajo”. En el primer párrafo de esta segunda propuesta aborda la cuestión de la contratación: “Las reformas hasta ahora implementadas en el mercado de trabajo -escribe Maudos- han sido un rotundo fracaso, como demuestra el hecho de tener una de las tasas de paro más elevadas del mundo. Mientras no se abarate sustancialmente el coste del despido, las empresas no volverán a crear empleo. El contrato único que proponemos algunos economistas, con contratos fijos desde el principio pero con indemnizaciones por despido crecientes en el tiempo, creo que es la vía a seguir. Es cierto que este contrato único no va a reducir el paro hasta que no vuelva la demanda, pero cuando vuelva, incentivará la creación de empleo.”
Creo que esta última apreciación es la clave para interpretar por donde van los tiros. Todo el mundo defiende el contrato único e indefinido, o si se quiere estable. Lo de “estable” es otra forma de llamar al indefinido, pero un poco menos ; se empezó a utilizar a efectos secundarios, de subvenciones y otros, considerando como tales a los prolongados más allá de los límites habituales de los temporales, pero sin exigir su mantenimiento de por vida. Pero todo el mundo, también, es consciente de que ese contrato único no va a dar los resultados necesarios hasta que se vuelva a activar el mercado.
Es evidente que si se abarata el despido en época de crisis se puede provocar mucho más desempleo. Lo que puede generar empleo, desde el punto de vista solo laboral, es la ampliación de la contratación temporal. Pero han hecho los sindicatos un frente contra la temporalidad de los contratos tan imposible de romper, que los expertos no buscan más que diferentes formulaciones del contrato indefinido, lo más favorable posibles a la rescisión, lo que en definitiva se consigue abaratando el despido. Sigo pensando que lo que hizo Aznar es la mejor solución. La opinión pública lo entendería bien, y los sindicatos protestarían pero con la boca pequeña, ante la amenaza de que Europa nos obligue a homologar las indemnizaciones por despido con las vigentes en Francia o Alemania (no en Italia, por cierto, donde son como las nuestras, así les va). Lo que necesitamos es una solución inmediata, no a largo plazo, por mucho ésta pudiera ser la definitiva. En resumen, hay que elegir entre una solución coyuntural o una solución estructural. ¿Será capaz el nuevo Gobierno de conseguir una mezcla de ambas?. Haga lo que haga, tendrá que venderlo bien, con buena publicidad, como la Coca-cola.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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