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Sueños, tecnología, y cuentas corrientes

Tres foramontanos en Valladolid 08 May 2012 - 07:23 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Noche. Acuarela de Torgeir Schjolberg en schjolberg.no/)(*)

Soñar no cuesta nada, dice el poeta, pero materializar los sueños sí, y por eso hay quienes después de soñar hacen cálculos para encontrar la forma de compaginar la fantasía con el beneficio práctico. No más tarde de ayer, dos noticias me lo hicieron ver.

Una de ellas anunciaba la constitución de una empresa que se dedicará a hacer realidad algo tan aparentemente imposible como extraer minerales de los asteroides más cercanos y transportarlos luego hasta la Tierra: un desideratum relacionado con nuestros problemas de supervivencia. Ya al comienzo de la aventura espacial se planteó cómo sobreviviría el hombre en una situación próxima al agotamiento de los recursos planetarios, y, naturalmente, muchos imaginamos que la respuesta vendría de otros astros. Para cuando esto ocurriera – pensábamos – la técnica nos permitiría viajar por ahí y aprovechar lo que nos ofrece la inmensidad del universo, empezando por lo que que tuviéramos más cerca de nosotros. Lo que entonces no podíamos soñar era que ya durante nuestra propia vida pudiéramos llegar a conocer proyectos concretos para hacerlo. Y menos que éstos se enfocaran como negocio rentable.

Un nombre destacaba entre los promotores del proyecto: el de un laureado director de cine, amante de buscar motivos para el asombro en nuestra propia realidad e incluso de vivirlos personalmente. Si fantástico debió ser vivir el hundimiento del Titanic en las circunstancias en que se produjo – suceso recreado por nuestro hombre en una de las películas que dirigió – más aún lo debió ser algo que él mismo realizó hace unos meses: esto es, sumergirse en solitario hasta el fondo de la fosa de las Marianas. Claro que tampoco desmerece como fuente de sugerencias su creación de un mundo imaginario en «Avatar», hecho que bien podría haberle impulsado a implicarse en la nueva y arriesgada empresa de la minería espacial, por cuanto el filme aborda la existencia de un lugar fantástico donde la reserva de un raro mineral codiciado por los hombres se halla protegida por los mismos peligros que éstos tendrían que arrostrar.

Mucho dinero – además de entusiasmo – deben tener nuestro cineasta, su socio el creador de Google y el puñado de millonarios que les acompañan, para meterse en un empeño tan complicado como éste, pero, por lo que parece, el proyecto no va mal encaminado, por cuanto, según uno de los cofundadores de la empresa, «muchos de los metales y minerales escasos en la Tierra se encuentran en cantidades casi infinitas en el espacio». Y no faltan los que contienen un agua que permitiría, no ya traer ésta a nuestro planeta, donde abunda, sino favorecer la exploración del sistema solar.

Supongo que los beneficios obtenidos mediante la minería a distancia por medio de naves robóticas sólo se obtendrán, no digo ya a largo plazo, sino a un plazo por el momento indefinido, así que habrá que echar millones sin cuento antes de pensar siquiera en beneficios. Pero no me digan que no reconforta ver que aún hay hombres que, lejos de renunciar a la fantasía, incluso se las arreglan para hacerla posible y compatible con este mundo nuestro de presupuestos, inversiones, crecimientos negativos y primas de riesgo.

Ahora; ojo con esos asteroides tan sugerentes y potencialmente benéficos, porque, como ustedes saben, basta con que choquemos contra uno de ellos – por muy pequeño que éste sea – para que se produzca un cataclismo que podría, incluso, hacer desaparecer la vida de nuestro planeta. Y, por eso, otro proyecto parecido, pero, por lo que creo, ya más avanzado, es el de un misil que se lanzaría oportunamente contra aquellos meteoritos cuya trayectoria coincidiera con la nuestra. Tanto si acarrean como si no acarrean minerales valiosos.

Citaba yo al principio una segunda noticia que, como la referida a la minería espacial, relacionaba la fantasía con los beneficios; pues bien, curiosamente, ésta tiene que ver nada menos que con un muerto redivivo gracias al poder de la tecnología. Se trata, sí de Michael Jackson, a quien por cierto dediqué un artículo de este blog a su fallecimiento.

El caso es que los hermanos del difunto artista planean una nueva gira con él por mucho que esto parezca algo claramente irrealizable, y que la idea les vino al constatar que la tecnología actual había permitido ver de nuevo en un escenario – que ya son ganas, por cierto – a un rapero llamado Tupac o cosa parecida, muerto en un tiroteo años atrás. El milagro habría sido su transformación en holograma, cosa que da totalmente el pego y no debe suponer gran problema gracias a los avances tecnológicos. Esto permitiría la recuperación de los famosos «Jackson Five» y, naturalmente, conseguir un buen puñado de dólares a costa de la memoria del difunto. Vamos, que aquí tenemos un buen ejemplo de tecnología al servicio de la cuenta corriente.

Pero no esperen que yo lo juzgue totalmente reprobable, porque, si bien el gesto pudiera ser considerado como de sacar provecho a un hombre muerto, acierto a suponer, y no creo que con ello me equivoque, que la pasión por el gran espectáculo fue tan señalada en el fallecido que nada sería tan atractivo para su ego como dejar a todos con la boca abierta apareciendo en el escenario como el comendador del Tenorio.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8141/6993046494_8a3f2ca14e_z.jpg

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