Por José María Arévalo

( Operación quirúrgica. Tabla de David Teniers el Joven en el Museo del Prado; pintura.aut.org. 33 x 25)(*)
En el cuarto capítulo, “El cirujano”, de su conferencia, “Humanismo y Cirugía: Grandeza y servidumbres de una profesión”, que estamos reseñando en esta serie, el doctor don José Rabadán Jiménez, catedrático de Cirugía de la Universidad de Valladolid, dedicó una segunda parte a comentar el empleo de la robótica en la cirugía actual. “Puede significar, sin duda, un avance tecnológico para contribuir a alcanzar una mayor precisión en la realización de tareas rutinarias. Pero, hoy por hoy, las tareas reservadas a los robots se concretan en ser sistemas auxiliares en la realización y ejecución de los procedimientos operatorios, pero no para desarrollarlos por sí mismos y de manera directa. («Surgery Into the Future», Editorial de The lancet, citado en Axis, nº de mayo, Valladolid, 2003)
Desde hace unos meses, en nuestro Hospital, tenemos la posibilidad de la utilización de quirófanos con un tal grado de tecnificación que son reconocidos como «quirófanos inteligentes». Estos «quirófanos inteligentes» permiten que muchas de las funciones que se desarrollan en la sala de operaciones, puedan ser realizadas por el equipo quirúrgico sin moverse de su lugar de actuación, es decir, sin moverse de la mesa de operaciones. Mediante la utilización de un ordenador, es posible modificar la luz, la temperatura, los movimientos de la mesa, e incluso actuar sobre equipos más relacionados con la situación del campo operatorio como pueden ser las características del bisturí eléctrico. Pero siempre son sistemas auxiliares que ayudan al cirujano para que su actuación sea más cómoda y precisa, pero nunca son concebidos como sistemas de sustitución y reemplazo (Vaquero Puertas, C., «Robótica y cirugía virtual», Revista Española de Investigación Quirúrgica, Valladolid, 2001).
No obstante lo dicho, la concepción de la Cirugía va sufriendo cambios muy profundos. Muchos estiman que la Cirugía ha pasado a ser una secuencia ordenada de uso de tecnología y de instrumentación avanzada y, por tanto, se corre el peligro de pasar de un acto esencialmente humano a una actividad de ingeniería y cibernética en la cual el automatismo, la robótica, la realidad virtual y la telecomunicación juegan papeles preponderantes (Patiño Restrepo, J. F., “Reflexiones sobre e! Estado Actual y el Futuro de la Cirugía, encolombia.com, junio de 2003.).
A esto se refería López-García (citado por Patiño Restrepo en el artículo antedicho) cuando aseguraba: «En este sentido, en la industria, la actividad manual suelen ser cosas del pasado; las computadoras y los robots determinan la calidad del producto. En nuestro caso, la calidad del cirujano depende de su habilidad, su experiencia y sus conocimientos… ¿no podrá ser mejorado por la precisión que sólo la computadora puede dar?».
Los expertos en robótica consideran que, en la actualidad, el objetivo es diseñar sistemas que presenten una serie de características que complementen aquéllas en las que el cirujano es superior. Con ello se persiguen varias finalidades tales como, tratar de auxiliar al cirujano en intervenciones difíciles, de incidir en la seguridad del personal clínico, como por ejemplo en intervenciones con riesgo de contagio, y de reducir de manera considerable la duración del tiempo de intervención.
La actuación de los robots en el campo operatorio, hasta el momento presente, se puede concretar en diferentes tipos de sistemas; los sistemas pasivos que comparan las operaciones simuladas con la realización de la operación «real», los semiactivos que guían la acción, como por ejemplo fijar la posición con precisión, y los activos en los que el robot realiza algunas tareas de forma autónoma con la supervisión del cirujano (Ollero Baturone, A., “Evolución y perspectivas de la robótica, Universidad de Málaga, 1991)
He de confesar que esta visión de la «cirugía mecanizada», me produce preocupación, pues me parece que es un paso más hacia la «deshumanización de la Medicina». No obstante no deben ser estos prejuicios los que condicionen nuestra actuación, pues sería tanto como oponerse al desarrollo de la Ciencia, sino más bien adoptar ante los avances que se avecinan, una actitud crítica para analizados con objetividad y extraer de los mismos cuantos beneficios se puedan lograr para el bien de nuestros pacientes.
Se estima hoy en día que las máquinas nunca fallan, nunca se equivocan, ni aunque tengan una autonomía mecanizada, ni aunque estén provistos de un sistema de «piloto automático». Casi nadie es capaz de reconocer que, ante una catástrofe aérea por ejemplo, el fallo humano a veces es la culminación de una sucesión de errores de las máquinas, de una serie de fallos en cadena de los materiales y sistemas informáticos a los que tendemos a atribuir cualidades exclusivamente humanas.
Desgraciadamente, en ambientes en los que se rinde culto a una cultura muy tecnificada, las máquinas seguirán teniendo más prestigio que los hombres. Y esto aunque no se les pueda pedir que tomen decisiones en décimas de segundo, durante todos los segundos que caben en ocho horas de un trabajo mal pagado (Planas, P., «El factor humano», ABC, 8 de junio de 2003).
Nos enseñaron los antiguos griegos a distinguir varios modos de saber; la empiria, el arte, la ciencia y la sabiduría. Sabe empíricamente el «practicón», el que ha aprendido a hacer una cosa a base de repetida. El arte, en el sentido clásico del término, consiste en saber algo sabiendo por qué se hace eso que se hace. Si al arte se añade un conocimiento de lo que se ve y se hace según principios y leyes generales, se alcanzará el saber científico, la ciencia.
Se llega a la sabiduría, cuando el saber técnico y el científico son aceptablemente referidos a los primeros principios y las causas últimas de la realidad. La sabiduría era para los griegos contemplación, “teoría”, y llamaban “theorós”, contemplador, al espectador de los juegos olímpicos que verdaderamente sabía qué era lo que entonces estaba viendo (Laín Entralgo, P., en Prólogo de “Tauromaquia de Gregorio Corrochano”, Ed. Espasa Calpe, S.A., 1999).
En los momentos actuales, el cirujano es un médico que, para curar, debe utilizar un bagaje amplio, repleto de conocimientos científicos y tecnológicos, y rodear sus operaciones manuales con el afecto de la palabra y el efecto benéfico de la farmacopea. Por eso pudo afirmar Beltrán de Heredia (en “La esencia de la Cirugía”, Discurso en la Real Academia de Medicina y Cirugía, Valladolid, 1970) que «no podemos aceptar la estrecha idea etimológica que limita la Cirugía a un mero criterio terapéutico, reduciéndola a la categoría de una simple técnica, pues si en verdad la técnica existe es sólo una consecuencia de todo un cuerpo de doctrina científica».
Esta es la razón por la que, hoy en día, superados los diversos avatares históricos con sus consiguientes orientaciones doctrinales, que ahora no vamos a analizar, la Cirugía reúne una serie de características que, siguiendo a Fernández de la Gándara (“Proyecto Docente e Investigador”, Universidad de Valladolid, 1988) vamos a tratar de explicitar.
En primer lugar, la Cirugía actual, es una cirugía antropo-biológica. La investigación asentada en criterios mecanicistas y anatómicos, que consideraba a la enfermedad como algo que el organismo soportaba pasivamente, da paso a una visión más biológica con la consideración del hecho fundamental de que el enfermo es un organismo vivo, cuyas reacciones tienen una gran importancia a la hora de definir a aquella entidad que denominamos enfermedad. El conocimiento cada vez más profundo de las reacciones a nivel iónico o enzimático contribuye al desarrollo de la Cirugía, pues han sido las bases del descubrimiento de la Inmunología que ha facilitado la Cirugía de los injertos y de los transplantes.
Pero al ser el hombre una perfecta unidad de espíritu y materia, sucede que cualquier acontecimiento que afecte a la esfera de uno cualquiera de sus dos componentes, redundará en la totalidad del hombre. Pero, además, cada hombre es único e irrepetible desde el primer momento de su concepción, y la manera de hacer su enfermedad también viene predeterminada por esa manera única de realizar su existencia. Y este hecho fundamental, no puede ser ajeno al cirujano, de ahí que digamos, en segundo lugar, que la Cirugía debe ser personal”.
En próximo artículo de esta serie veremos como el Doctor Rabadán destacó el hecho de que la Cirugía es también social, y de ahí la importancia de que las relaciones entre la sociedad y sus cirujanos discurran por el camino de una colaboración positiva.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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