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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 25 Jun 2012 - 07:24 CET
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“España, en el G-10 del automóvil”, de Chimo Ortega y “La planificación del pasado”, de Pedro Ugarte

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado 17 de Marzo)(*)

ESPAÑA, EN EL G-10 DEL AUTOMÓVIL

Artículo de Chimo Ortega, director del Área de Motor del Grupo Intereconomía,. publicado en La Gaceta el pasado día 11

Hay que dejar de lado la crisis y empezar a sentar las bases de lo que haremos en el futuro. La gestión de la difícil situación diaria no puede eliminar el necesario tiempo de reflexión sobre el devenir ni las decisiones a tomar para encauzarlo de la mejor manera en los próximos años. Se hace necesario buscar un modelo de negocio que permita asumir la realidad del país y sendas de crecimiento que serán necesarias hasta el fin de esta década.

Hoy en día hablar de futuro es hablar de espacios de tiempo que antes denominábamos como corto o, como mucho, medio plazo. La tecnología y la inmediatez no sólo han ocupado un espacio que no existía sino que han condicionado los tiempos de respuesta pero, por mucho que lo parezca, nuestro mundo no se acaba mañana. Las grandes inversiones industriales, las llamadas de economía productiva, siguen manejando sus tiempos y es en este momento cuando se reflexiona sobre las decisiones que se tomaran en los próximos tres, cinco o hasta 10 años.

Dentro de este contexto hay una industria, la primera de este país, que llama a la puerta. Se trata del automóvil. Mientras que cada día hablamos de cómo y cuánto dinero se fuga de nuestro país, de cómo y cuándo será rescatado el sistema financiero, nos olvidamos que España sigue siendo una potencia en algunos aspectos y no sólo en turismo y ocio. Nuestro país es muy competitivo en lo que se refiere a su tejido industrial y las reformas llevadas a cabo en los últimos meses le sitúan como un mercado atractivo para las nuevas inversiones. Pero no basta con ello para garantizar e incrementar el empleo en las próximas décadas. Una mejora de productividad, una optimización de gestión y las más que imprescindibles inversiones logísticas para reducir el que hoy es el principal coste de la industria, por encima de la mano de obra, se convierten hoy en día en claves de decisión para el futuro, independientemente de la situación actual.

España se encuentra en G-10 del automóvil, ya lo quisieran para sí no ya otros sectores, sino el propio país. Ocupamos el noveno puesto entre los países productores mundiales del automóvil, el segundo en Europa y el primero si hablamos de vehículos industriales. Una situación envidiable si tenemos en cuenta que los órganos de decisión de las empresas se encuentran lejos de nuestro territorio.

El pasado año, la industria del automóvil invirtió en torno a los 1.000 millones de euros en nuestro país e hizo recaudar al Estado 24.000 millones. Cifras que para mantenerse necesitan cierta sensibilidad por parte de las Administraciones. No hay que dejar de lado un plan de ayudas estructural para la compra de vehículos, por tres razones. Una que el mercado interior está en cifras anteriores a la década de los noventa y así no hay quien mantenga el empleo en un sector que supone el 9% del total de la población activa de forma directa o indirecta y que sufre una auténtica sangría en segmentos como los concesionarios. La segunda, porque un mercado interno débil obliga a unos niveles de exportación que pueden cuestionar las decisiones de producción de los nuevos modelos. Y la última, no por ello menos importante, porque un plan de ayudas genera ingresos extras al Estado ya que el retorno vía impositiva dado por el incremento de las compras es muy superior a la inversión realizada.

En los dos últimos años, España ha recibido un constante goteo de inversiones y adjudicaciones de nuevos productos, pero aunque esta situación pueda ocultar la realidad no es así. Hoy esto es pasado y es en este momento cuando empieza la deliberación sobre nuevas inversiones y productos. El proceso ya se ha iniciado y cuando pasen dos o tres años empezaremos a conocer los resultados. Las exportaciones del sector supusieron el pasado año el 18% del total de las españolas, siendo de nuevo el primer sector del país, y situándose en el entorno de los 40.000 millones de euros. Estos volúmenes requieren poder apoyarse en argumentos y más si hablamos de un mercado global, a nivel mundial, como es el del automóvil.

Pero el automóvil sigue queriendo apoyar a España como ya lo hizo hace décadas cuando aquí se hacía necesaria la creación de un tejido industrial y otra vez más da un paso adelante. Esta semana la cúpula de ACEA, la patronal europea del automóvil, se reúne por primera vez en Madrid y se reúne con el presidente del Gobierno, con diferentes ministros y con su Alteza Real el Príncipe de Asturias. Un gesto muy importante en un momento y un país necesitado de ayudas externas. De nuevo es el automóvil el sector que muestra públicamente su apoyo a nuestro país.

También es justo reconocer el trabajo de la patronal Anfac, que representa la totalidad de la producción española y el 80% del mercado, en este encuentro y la nueva línea de trabajo que está tomando, y que muestra sus primeros resultados con esta cumbre de ACEA, en un sector de vital importancia para la economía española que de nuevo da el primer paso para revertir la situación actual y para que nuestro país continúe dentro del G-10 del sector.

LA PLANIFICACIÓN DEL PASADO

Artículo de Pedro Ugarte publicado en El País el pasado 24 de Febrero

A la ingenuidad de intentar planificar el futuro, se le añade ahora una nueva ocurrencia: la planificación del pasado. La inminente conclusión en Euskadi de un largo periodo de violencia ha llevado la contienda a un nuevo campo de juego: el de la legitimación histórica, eso que se llama “el relato”. Los partidos compiten por oficializar su descripción del pasado, grabarla con caracteres inalterables y difundirla, en régimen de monopolio, a través de los medios de comunicación, el Parlamento y (esto es fundamental) la escuela.

El pasado es lo que ya no existe. Y la historia no es la verdad: es una aproximación a la verdad. En contra de lo que dictan los planificadores, la lealtad a la verdad histórica no se garantiza con la promulgación de una versión oficial, sino mediante la multiplicación de las versiones. La confluencia de esas versiones, a través de la libertad de expresión y de opinión, la libertad de cátedra, la investigación académica y la aportación de pruebas, testimonios, reflexiones y documentos, no nos lleva a la verdad histórica absoluta (¿Quién podría encontrarla?), pero sí a un mínimo común denominador que se asienta en la conciencia colectiva. En esa aproximación a la verdad el progreso no es constante, incluso se producen demoras o retrocesos, pero, si se garantiza la libre concurrencia de opiniones, la metódica construcción de una mentira está condenada al fracaso.

La derrota de ETA y de su mundo es evidente. A pesar de todo, hay políticos e intelectuales que pretenden hacer ley de su particular versión de los hechos, negando la historia de los dos últimos siglos, los conflictos culturales, los demonios familiares que creó el franquismo o la raíz política de la sangrante división entre los vascos. La búsqueda de la verdad y la búsqueda de la venganza no solo son actividades distintas: también son incompatibles.

La verdad histórica no se fija por decreto: es el resultado de la libre concurrencia de recuerdos, testimonios y voluntades. En vano el franquismo quiso establecer una versión inmutable de la guerra civil y de sí mismo, pero estaba tan alejada de la realidad que surgió un “mercado negro” de opiniones contrarias, opiniones que prevalecieron, a la postre, sobre la verdad oficial. En economía, todo mercado negro es la repuesta popular a una planificación utópica e irreal. Y esto se puede aplicar a los planificadores de la historia. Ojalá los políticos no cometan el error también ahora de buscar una versión oficial. Ojalá confíen, por una vez, en las personas y permitan que entre todos reconstruyamos el pasado, porque el terrorismo ya está en el pozo de la historia pero nadie puede exigir que el debate acerca de lo que pasó quede proscrito. Y la confluencia de versiones, además, facilita la reconciliación, incluso por parte de quienes sobrellevan la mayor responsabilidad de la tragedia.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7237/7375384094_327697e263_b.jpg

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