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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 09 Jul 2012 - 07:28 CET
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“Siete palabras griegas”, de Amando de Miguel, y “Dos en uno”, de Alfonso Ussía

(Viñeta de Puebla en ABC del pasado 27 de Junio)(*)

SIETE PALABRAS GRIEGAS

Artículo de Amando de Miguel publicado en La Gaceta el pasado 29 de Junio

La primera palabra es Europa, una princesa que fue raptada por Zeus y dio lugar a una dinastía de héroes y dioses. Para los griegos clásicos, “Europa” era el territorio continental, para distinguirlo de las islas. Para nosotros, Europa es ahora un proyecto de Estado federal que ha avanzado muy poco. La razón de esa morosidad es que las naciones europeas están ya muy hechas por siglos de historia. Desde España el deseo de “más Europa” tropieza con la incongruencia de que realmente hay cada vez “menos España”.

No otra cosa es la desmembración de las llamadas autonomías. Nos asusta a los europeos que Grecia pueda salirse del euro, realmente del proyecto europeo. Obsérvese que en los billetes tenemos la escritura latina de “euro” para todos, excepto “eypo” en letras griegas. Vamos, que si Grecia se vuelve al dracma, tendríamos que imprimir nuevos billetes. Los billetes actuales quedarían para los coleccionistas.

Las recientes elecciones griegas han supuesto un respiro para los temores que todos teníamos de que el Gobierno de Atenas se descolgara de Europa. Sueños vanos. La esencia de la democracia (otra gran palabra griega, el “gobierno del pueblo”) es la sucesión pacífica en el poder a través de elecciones regulares. Pero en la base tiene que estar la creencia en la legitimidad de los que mandan. Por eso la cristalización más auténtica de la democracia es que haya dos principales partidos. En la Grecia actual no se cumple esa condición. El arco parlamentario se compone de muchas piezas. Lo peor es que unas no conceden legitimidad a las otras. El caso extremo puede ser Amanecer Dorado (que en vascuence se corresponde con Amaiur), un partido totalitario.

La tercera voz es demagogia (la “conducción del pueblo” de forma autoritaria). Realmente es el tono de dirigir los asuntos públicos de los que mandan en la Grecia actual. La mejor prueba es que el ingreso y la estadía de ese país en la Unión Europea se han basado en constantes mentiras. Cualquiera que haya manejado las estadísticas griegas con propósitos comparativos habrá comprobado que se salen de lo esperado. Es difícil que funcione un sistema fiscal equitativo cuando descansa sobre la mendacidad general.

El resultado de una democracia demagógica es la oligarquía (“el gobierno de unos pocos”, realmente los mismos). En Grecia ese retrato corresponde a la coalición de conservadores y socialistas, dos dinastías corruptas que han empobrecido al país heleno. El resultado es que el resto de los partidos se radicalizan con tentaciones totalitarias y violencia callejera. En definitiva, el sistema político heleno sigue siendo el mismo que tenía antes de las elecciones. El resultado ya se ha visto. Para este corto viaje los griegos no necesitaban alforjas.

El pronóstico para Grecia es la catástrofe (que significa literalmente algo así como “dar la vuelta, destrucción”). Es un cambio no deseado y sin remedio. Ya vemos los síntomas: salida en masa de capitales a otros países, agitación permanente en las calles, incluso elevación de la tasa de suicidios.

Si se quiere otra voz griega aún más dramática, tenemos hecatombe (literalmente “sacrificio de cien bueyes”). El episodio debía de ser una gigantesca carnicería que de momento proporcionaba proteínas al pueblo griego, pero que arruinaba la cabaña. Hoy aplicamos esa palabra a una situación desesperada en la que no se otea la solución. Por más dinero que se inyecte en la economía griega, todo es a fondo perdido. Simplemente, los griegos se han comido la renta futura a través de un pavoroso descenso de la productividad general. Han disfrutado de un falso Estado del Bienestar que no podían pagar. El país es una inmensa hipoteca que no puede ser amortizada. Lo malo de esa hecatombe es que necesariamente va a repercutir en el resto de Europa.

Los anteriores razonamientos desembocan por necesidad en el apocalipsis (literalmente “revelación” sobre el terrorífico final de los tiempos). Si bien se mira, los griegos actuales han continuado con las tensiones de una permanente guerra civil. Es un supuesto que por fuerza tienen que chocar con la estabilidad política del resto de la Unión Europea.

La lección griega para los españoles es que se trata de un aviso de lo que nos puede pasar si no hacemos las cosas bien. No basta con situarse en el “buen camino”; hay que llegar pronto a algún destino tranquilizador. Es verdad que la economía española es mucho más sólida que la griega, pero nos aquejan algunos síntomas de intranquilidad. Por ejemplo, las estadísticas mendaces, la corrupción, la agitación callejera, la escasa productividad, los servicios sociales que no podemos pagar, la huida de capitales. La vuelta al dracma nos avisaría del retorno a la peseta. En el plano político se desmorona el esquema de los dos principales partidos. Sigue siendo todo a una escala menos gravosa, más controlada, pero el esquema es muy parecido. Hay que estar muy atentos a lo que suceda en Grecia. Son las barbas de nuestro vecino.

DOS EN UNO

Artículo de Alfonso Ussía publicado en La Razón el pasado día 1

El éxito de Rajoy en Bruselas no ha sido recibido con excesiva alegría en algunos sectores de las izquierdas hispanas. No lo han discutido, porque el triunfo del tándem Rajoy-Monti ha sido incuestionable, pero lo han obviado y pasado por alto, desprecio que practica esta buena gente con tanta eficacia como asiduidad. Es probable que la coincidencia de la victoria en la batalla de Bruselas –la guerra es otra cosa–, con la final de la Eurocopa entre España e Italia, haya disminuído el entusiasmo por el logro bruseliano.

Y también es posible que la celebración del «Día del Orgullo Gay», de mundial repercusión, tenga que ver con el nulo reconocimiento de una brillante acción política y económica que nos ha sacado, de momento, a la señora Merkel de la sopa. Los sindicatos no se han ocupado del asunto, y aquí y ahora, sin que sirva de precedente, los defiendo. No han tenido tiempo para hacerlo. Sus dirigentes estaban de manifestaciones.

En un mismo día, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo han encabezado en distintos y no cercanos lugares, dos concentraciones reivindicativas de muy diferente índole. La marcha de los mineros hacia Madrid, y la multicolor fiesta del «Orgullo Gay», ese arrebatador guateque callejero que tanto indignaba a Luis Escobar: «Los maricones de toda la vida hemos sido siempre muy discretos». Por la mañana, recorrieron con los mineros 18 kilómetros, los que separan Molina de Aragón de Aragoncillo, que es topónimo engañoso por cuanto pertenece a la provincia de Guadalajara. Y por la tarde, Méndez y Toxo encabezaron el desfile de carrozas del «Orgullo Gay», demostrando estar los dos en perfectas condiciones físicas. Atribuir a los dirigentes sindicales el don de la ubicuidad es exagerado. Desde Aragoncillo hasta Madrid viajaron en sus cómodos automóviles y tuvieron el tiempo suficiente para comer y echarse una siestecita antes de abrazar los colores del arcoíris.

Méndez y Toxo habrán tomado nota. Las manifestaciones convocadas por sus sindicatos en los últimos tiempos tuvieron muy limitada respuesta ciudadana. Los homosexuales reunieron –según la Policía Municipal–, a 700.000 personas, cifra inalcanzable para CCOO y UGT. Para mí, que en el próximo Primero de Mayo, harían bien en cambiar el mensaje de la convocatoria, y organizar, al término de la manifestación, toda suerte de «gimkanas» y concursos deliciosos con el fin de atraer a lo más granado y juguetón de los colectivos rosas. Eso sí, rogando a sus dirigentes que cambien sus siglas, absolutamente impronunciables y difíciles de asumir. La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, en la síntesis siglada es la Felgbt, y el Colectivo en los Madriles de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, es el Mlgtb. Y a ver quién es el guapo que se atreve a pronunciar «Felgtb y Mlgtb» en discurso fluído de reivindicaciones sociales. De la tribuna al otorrinolaringólogo.

Mucho se ha hablado y escrito desde los sectores menos favorables al sindicalismo actual de la excesiva indolencia de sus dirigentes. De ahí mi enérgica protesta. Dos manifestaciones en un solo día es trabajo de tanta dureza que no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Se entiende que no hayan tenido tiempo para reconocer que lo conseguido por Rajoy en Bruselas es importante para España y para su maltrecha economía. Con tanto trajín, los olvidos son perdonables.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7134/7485865784_e2ae735920_c.jpg

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