Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Sobre el transporte. Carros y carretas

Tres foramontanos en Valladolid 04 Sep 2012 - 07:20 CET
Archivado en:

Por Carlos de Bustamante

(Niños romeros. Detalle del mural de José María García Fernández, “Castilviejo”, en la oficina del BBVA de Duque de la Victoria, Valladolid)(*)

Puede que no lo recuerde, aunque aseguraría que no vi que el personal de Traspinedo bajara a trabajar a la Dehesa en carros ni carretas. Otra cosa es –fue- para acudir familias enteras a la celebración profana, siempre después de la religiosa, de las festividades más señaladas por estos pagos: Santiago, la Asunción de la Virgen, Nª Sª del Carmen…

Entonces sí. De los corrales en el pueblo o del de la Dehesa en el caserío salían los carros, para lavar y engalanar. Con el polvo y sudor de mil batallas en los diferentes acarreos, los llevaban a los abrevaderos. Los cepillos de raíz y arena blanca restregados en la madera, convertían los carros sucios en carrozas. Con ramera cortada de chopos y álamos colocada formando arcos, las carrozas primorosas, recibían al personal dispuesto a celebrar en condiciones la festividad del día.

En caravana alegre y bullanguera, desfilaban por diferentes caminos, para confluir todos en la frescura de las riberas o junto a la umbría de fuentes diversas muy abundantes en todo el valle del Duero. Como si de competición se tratara, tanto importaba el adorno de los carros y ocupantes como la belleza y originalidad de los cánticos en ellos. No eran días para el recuerdo de trabajos pasados o por llegar.

Días de fiesta grandes, que los castellanos celebraban sin necesidad de músicas, conjuntos, ni orquestas. A coro la mayoría o con “solos” prodigiosos de cante jondo, hasta las caballerías -también engalanada, que tiraban de los carros, se unían al jolgorio alegre y sano de sus amos con animado trotecillo pese a la importante carga humana. Aunque por lo general eran los hombres los que a diario llevaban “la batuta”, en las romerías festivas, mandaban y ordenaban las mujeres, castellanas recias con primores en vestimentas y la esencia de los manjares en hermosas cestas hechas con mimbres entrelazadas.

No hay mantel que iguale en color y olor al perfume de la hierba en los lugares elegidos. No obstante y en estos días tan señalados en nuestras tierras de María, sobre tapetes de mil colores que cubrían el frescor vegetal, las mujeres disponían lo mejor que guardaban en la “dispensa” y exquisitas tajadas de la olla no agotadas en días de la “función”; las que reservaban a propósito, para festejar a la Virgen; Señora por excelencia, tal vez un tanto olvidada en fechas precedentes. Por humilde (pobre) que fuera la familia, nunca faltaba en la cesta primero y sobre el mantel relimpio luego, el pollo más hermoso del corral guisado con mimo por la mujer protagonista.

Sólo los más pudientes –o menos pobres de medios, que alegría sobra en todos- asan sobre ascuas de sarmientos el lechazo en barras, que reclama Traspinedo denominación de origen. Como es labor varias veces mentada en nuestro blog, omito por innecesaria descripción lo que es y fue verdadera ceremonia; la que tiene un remate inigualable de olores y sabores. Sin caer en alabanzas exageradas, bien les puedo decir que el Valle en muchas leguas a la redonda junto a los pueblos, es un muestrario de las más variadas y exquisitas esencias. Aunque sea obligado decir, en honor a la verdad, que es el asado de lechazo en barras el que se lleva la palma, cabe Traspinedo y la Dehesa.

Mentados los modos y medios de transporte de los castellanos-obreros, ¿cuáles fueron los de lo “amos” o “jefes”? Para los chicos o jóvenes apenas si hubo “diefiriencias”. Tanto les daba la burra/o como el caballo. Montados todos sobre los pobres asnos, dejaban adrede la cincha floja de la albarda para con el trote o raramente galope tras mucho “quinchar”, cayeran uno tras otro al suelo con enorme jolgorio provocado. La santa juventud y el no menos santo Ángel de la Guarda, hacían de la dureza del suelo (santo) verdadero colchón de plumas del que, normalmente, salían ilesos. Otras… leves magulladuras que la buena encarnadura y la rápida cura más antitetánica, hacían de la bárbara diversión un juego jocoso y sin peligro grave.

Para las señoras y personas mayores los medios de transporte fueron muy diferentes. Celosamente guardado y en la única cochera, hubo en la Dehesa un precioso coche de caballos. Tapicería interior de cuero y delicado color marfil, desde varios peldaños para acceder al interior, con menor esfuerzo, disponía de las mayores comodidades… Mantas para días frescos y brasero de carbón vegetal para lo más crudo del invierno. El pescante era, normalmente, para el cochero. Menos cuando viajaban en él los chicos. Entonces, todo el pescante era de su dominio, que no propiedad; y hasta el maletero en el techo, era parte de los continuos juegos de indios y vaqueros. Con aullidos superiores a los de aquéllos.

Soportable para los mayores en trayectos cortos. Pero cuasi insufrible en viajes a Valladolid por ejemplo. Entonces, hasta las caballerías se “rilaban” sudorosas ante lo que, pese a no ser novedad, metía el miedo en el cuerpo hasta al mismísimo miedo.

No sé qué es lo que temía más el señor Benito el cochero, si a la guerra de los chicos con los juegos; subidas y bajadas en marcha; o a los gritos de advertencia y miedo de las señoras ocupantes del interior: ¡no corra señor Benito! ¡Cuidado que viene un coche!… Tiraba de las riendas el cochero o bien se bajaba, para sujetar a las caballerías hasta pasar el “monstruo solitario”. En cualquier caso, no menos de dos o tres horas de miedos, angustias o jolgorio, hasta llegar a la cochera de la capital en el edificio familiar.

Diferentes modos y medios de transporte que, aún conocidos y usados por quien se lo relata, son historia cuando no son excesivos los años transcurridos. ¿O sí…?, “manque nos pese”.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8284/7822958680_1a4774c7d8_b.jpg

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by